Pasaje: Santiago 4:7-10.
Tema: El problema de la carnalidad en la vida cristiana (parte II)
Introducción
Luego de haber visto los resultados nefastos de la carnalidad en la vida cristiana, centrémonos ahora en el remedio frente a este gran problema. En esta sección Santiago nos va a entregar una solución con diez acciones concretas (escritos en verbos imperativos), que nos va a ayudar a superar el problema de la carnalidad en la vida cristiana. Antes de eso, hagamos un recuento de los puntos principales y sub-puntos de la primera parte:
----------------------Recuento de la parte I----------------------
I. Produce conflictos entre los hermanos (vv.1-3).
A. Su origen (v.1)
B. Sus consecuencias (vv.2-3).
II. Conduce a amistad con el mundo (vv.4-6).
A. Su origen (v.4b).
B. Sus consecuencias (vv.4a-6)
----------------------2da parte ------------------------
III. El remedio para la carnalidad en la vida cristiana (vv.7-10).
Ya hemos hablado del rol negativo de las pasiones en la vida de la persona. Sin embargo debemos de clarificar que las pasiones no son malas si están regidas por la sabiduría de lo alto (tema al cual Santiago le da mucha importancia). El problema de las pasiones sucede cuando estas están guiadas por la sabiduría terrenal. Ese tipo de pasiones nos llevan a la carnalidad, veamos ahora el remedio de la carnalidad a través de los diez verbos imperativos (diez ‘pastillas’ que expresan órdenes y exigencias) que nos da Santiago:
A. Someterse a Dios (v.7a).
La primera ‘pastilla’ para superar la carnalidad y el desborde de las bajas pasiones, es someterse a Dios. El ‘tratamiento’ empieza por darle el primer lugar a Dios y alinearse bajo su voluntad y señorío. Los dones, las habilidades y los conocimientos en la vida cristiana, no tienen sentido si el creyente no se somete por completo a Dios.
Sin sometimiento, no hay posibilidad para el arrepentimiento de parte del hombre, pues Dios resiste al soberbio (ver v.6, 10). A su vez, sin arrepentimiento no hay posibilidad para el perdón, y sin perdón no puede haber salvación. Santiago le da un lugar importante al sometimiento de parte del creyente hacia Dios. Sin esto, la carnalidad prosperará.
B. Resistir al diablo (v.7b).
Esto está sin duda relacionado a lo anterior. Nadie puede resistir al diablo, a menos que primeramente se someta a Dios y se coloque bajo el manto protector de su poder. Sólo cuando el creyente se somete totalmente al dominio de Dios, encuentra las fuerzas suficientes para resistir al diablo. Resistir es ‘mantener una posición firme en contra’ (MacArthur).
Hay cuatro áreas (citado por Gregory, p.82) en la cual Satanás centra su puntería aciaga: (1) la mente, como en el caso de Eva [Gn.3:1-7]; (2) el cuerpo, como con Job [Job 2]; (3) la voluntad, como la de David [1Cr.21], y (4) la conciencia [Zac.3].
Frente a esto, el llamado de la Palabra de Dios es resistir al diablo estando firmes en la fe (1Pe.5:9) y utilizando toda la armadura de Dios (Ef.6:13).
Aplicación. Este llamado termina con una hermosa promesa: el resultado de someterse a Dios y resistir al diablo, es la huida despavorida de parte de éste último. Con Dios somos fuertes, pues él pelea por nosotros. El diablo, cuando venga a querernos destruir, no verá nuestro rostro, sino el rostro poderoso de nuestro Señor. Su única posibilidad es la huida.
C. Acercarse a Dios (v.8a).
Esto implica la decisión, de parte del creyente, de ‘procurar una vida íntima de amor con Dios’ (MacArthur). Acercarse a Dios en medio de nuestras dificultades demuestra nuestra confianza y sometimiento a él. Cuando decidamos acercarnos, nos daremos con la grata sorpresa que Dios ya ha dado los primeros pasos. Pues ‘cercano está Jehová a todos los que lo invocan, a todos los que lo invocan de veras’ (Salmos 145:18). Acercarse a Dios significa abandonar nuestro pecado y nuestra carnalidad. Joel Gregory (p.83), agrega en este punto:
Muchos santos que perseveran en el pecado no le permiten a Dios que sea tan bueno como él realmente es. Se dicen a sí mismos: He ido demasiado lejos esta vez; él nunca podría perdonar lo que he hecho. Tal desesperanza nunca proviene de Dios. Más bien resulta de la actividad acusadora de Satanás. La palabra de Dios llama a Satanás "el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche" (Ap. 12:10).
Muchas veces el diablo emplea nuestro pecado para descalificarnos y acusarnos en nuestra mente, el resultado es que muchas veces los creyentes nos sentimos sin esperanza de perdón y no nos acercamos a Dios por ayuda y redención. Su palabra nos insta más bien a que lo hagamos confiadamente (Heb.7:9)[1].
Aplicación. Como en el caso anterior, este llamado termina con la promesa que nos garantiza que, si nosotros nos acercamos a Dios, el se acercará a nosotros. ¡Que bueno es saber que no estamos sólo en nuestras luchas de fe!
D. Limpiarse las manos (v.8b) y purificar los corazones (v.8c).
La palabra utilizada ‘limpiar’ (gr. kazaridso), utilizada por Santiago, denota la idea de ‘limpiar el corazón de toda iniquidad’ (CBMH, ‘Santiago’, p.261). Las manos también denotan nuestras acciones, al parecer Santiago tiene en mente algunos pecados de sus destinatarios[2], a los cuales les invoca a que abandonen sus prácticas.
El lenguaje utilizado por Santiago nos recuerda la práctica sacerdotal en el AT, de lavarse las manos, como un requisito ceremonial para el encuentro con Dios (Ex.19:22)[3]. Los judíos también se lavaban las manos para estar puros ceremonialmente hablando (Ex.30:20-21)[4]. Todo esto sin duda tenía un valor didáctico, el lavarse las manos y tenerlas limpias, les recordaba que debía de hacer lo mismo con sus vidas mismas. Ya en el tiempo de Jesús, los Fariseos habían literalizado ésta ordenanza. Por eso Jesús les recordó que ‘la purificación del cuerpo no era tan importante como la del alma’ (CBMH, ibíd.).
Aplicación. Después de escuchar esto, estimados hermanos, meditemos en cuan limpios están nuestras manos y cuan purificados están nuestros corazones.
E. Afligirse, lamentarse y llorar (v.9a).
No es un simple acto lastimero, de tratar de convencer a Dios con nuestras lagrimas. Lo que Santiago más bien demanda es un acto que demuestre ‘un sentido de pesar por el pecado cometido, y una afirmación de no volver a cometerlo’ (Ibíd.). La palabra afligíos (gr. talaiporesate) significa ‘sufrir miserablemente, sentirse como una miseria’. Esto da como resultado el lamento y el lloro, y es el resultado de un examen personal, asistido por el Espíritu Santo, quien nos persuade de nuestra condición. Pues ‘Las personas tienen que reconocer lo que son antes de que puedan arrepentirse de lo que son’ (Gregory, p.84). Sin reconocimiento y confesión de pecados no hay perdón. El pecado que Dios no perdona, es aquel que no se reconoce.
Pablo nos habla de dos tipos de tristezas (CBMH, p.262):
“la tristeza que es según Dios”, la cual “genera arrepentimiento para salvación” y de la cual “no hay que lamentarse”, y “la tristeza del mundo”, que “degenera en muerte” (2 Cor. 7:10). Así también Santiago afirma que la tristeza y el pesar por el pecado cometido son el camino del arrepentimiento que llevan a Dios.
Aplicación. Si hay un pecado no confesado en nuestras vidas, humillémonos: aflijámonos, lamentémonos y lloremos, como una señal de un verdadero arrepentimiento. Dios sólo perdona los pecados reconocidos y confesados.
F. Invertir los sentimientos (v.9b).
Cuando la aflicción, el lamento y el lloro suceden; pues entonces la risa y el gozo –que provienen de este mundo- desaparecen. El pecado le quita la alegría al ser humano y lo hunde en una tristeza y miseria lamentable. El pecado invierte nuestros sentimientos, en lugar de gozo, produce aflicción, sentimiento de miseria. En lugar de risa, produce llanto.
Es mejor lamentarse y llorar como una señal de arrepentimiento, que no sea un estado que es el resultado de la desobediencia y el pecado en nosotros.
Para Santiago, la risa es una señal de autosuficiencia de parte del hombre, quien pretende vivir sin Dios, pensando que es suficientemente autónomo y que ha superado la etapa infantil de su existencia. Ese tipo de risa es diferente a la risa de un pecador que ha sido perdonado por Dios y liberado de su cautividad. El ríe y se goza debido a su liberación, declara su alegría a través de cánticos que hablan y reconocen a Jehováh como el hacedor de grandes cosas en medio de su pueblo (ver Salm.126:1-3)[5].
G. Humillarse[6] delante del Señor (v.10).
La última ´pastilla’ del remedio contra la carnalidad nos conduce nuevamente al principio: humillarse delante de Dios. Esta exigencia, al igual que las anteriores, viene con una bendición: la exaltación del que se humilla. Tanto nuestro Señor Jesús (Mat. 23:12[7]; Luc. 14:11; 18:14), como los apóstoles (2 Cor. 11:7; 1 Ped. 5:6[8]), tienen bien en claro que la exaltación es el resultado de la humillación. En la vida de Jesús podemos ver esto, él ‘se humilló a sí mismo’ (Filp.2:8), por lo cual ‘Dios también lo exaltó sobre todas las cosas’ (2:9). Eso no fue lo que pasó con el orgulloso Amán[9] del libro de Ester. Su codicia, su orgullo y su deseo de tener honores, terminaron por llevarlo a una muerte humillante.
La lección es más que clara, el que quiera exaltarse resultará humillado. Por el contrario, quien se humille, será exaltado. Para Santiago está claro que Dios resiste a los orgullosos, eso lo ha dicho ya en el versículo 6. La cita parece corresponder a Proverbios 3:34 (‘El Señor se burla de los burlones, pero trata con bondad a los humildes’, DHH). Por otro lado, Dios nunca menosprecia un corazón contrito y humillado (Salmos 51:17).
Aplicación. Hermanos lo que debemos de procurar en la vida cristiana, es una vida de humildad. La auto-exaltación sólo conduce a la humillación. Analicémonos cada uno de nosotros y veamos dentro de nosotros. No hagamos nada para buscar nuestra propia exaltación, para la foto, para el halago, para que hablen bien de nosotros y para alimentar nuestro orgullo. Por el contrario, hagamos el bien sin esperar aplausos ni frases lisonjeras. Lo que hagamos en silencio, será reconocido en público.
Conclusión:
Hermanos, después de haber visto cada una de las ‘pastillas’ que son parte del remedio contra la carnalidad, dispongámonos para considerar cada una de ellas, de manera que crezcamos en la fe y en la madurez cristiana. Dios detesta a los de ‘doble ánimo’, pero ama al pecador arrepentido. No olvidemos que someternos a Dios, nos permite resistir al diablo; que siempre necesitamos acercarnos a Dios con manos limpias, con aflicción lamento y lloro, como señal de arrepentimiento sincero. Humillarnos delante del Señor, nos garantiza que seremos exaltados por él. Que Dios nos ayude y bendiga.
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Notas Finales:
[1] ‘Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro’
[2] Es por eso que emplea la palabra ´pecadores’ y ‘vosotros de doble ánimo’ (v.8). Algunos de esos pecados ya han sido mencionados en los vv. 1-4.
[3] ‘Que también se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga entre ellos estrago’.
[4] ‘Cuando entren en el Tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran, y cuando se acerquen al altar para ministrar y presentar la ofrenda quemada para Jehová, 21se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su descendencia a través de las generaciones’.
[5] ‘Cuando Jehová hizo volver de la cautividad a Sión, fuimos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa y nuestra lengua de alabanza. Entonces decían entre las naciones: «¡Grandes cosas ha hecho Jehová con estos!». ¡Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros! ¡Estamos alegres!’
[6] ‘Humillarse, tapeinozete, significa bajarse, reducirse, achicarse. La raíz de la palabra humildad deriva del latín humus, que significa tierra. Humillarse es volverse a la tierra, acercarse a la tierra’ (CBMH, Santiago, p.262).
[7] ‘porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido’.
[8] ‘Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo’.
[9] ‘El rey Asuero preguntó a la reina Ester: —¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer semejante cosa? 6Ester dijo: —¡El enemigo y adversario es este malvado Amán!...’ (Ester 7:5-6a).
martes, 31 de marzo de 2009
Sermon 8 (El problema de la carnalidad en la vida cristiana [parte I])
Pasaje: Santiago 4:1-6.
Tema: El problema de la carnalidad en la vida cristiana (parte I)
Introducción
Para Santiago, el problema de la carnalidad en la vida cristiana, se expresa de dos maneras: (1) las peleas entre los creyentes, y (2) la amistad con el mundo. En esta sección, nuestro autor nos revela cual es el origen de ambas y cuales son sus funestos resultados.
I. Produce conflictos entre los hermanos (vv.1-3).
A. Su origen (v.1)
1. Las pasiones[1] (los ‘malos deseos’, DHH). Santiago no duda ni un momento en señalar que las peleas y los pleitos, entre los hermanos, vienen de los malos deseos que habitan en la naturaleza humana, en nuestro interior. Santiago no espiritualiza la inmadurez ni el pecado de las personas, en el sentido de culpar de todo al diablo[2]. Él no duda en señalar nuestra responsabilidad y participación en los problemas que cotidianamente suceden en nuestras relaciones. La enseñanza de Santiago está en concordancia con la enseñanza de Jesús. Nuestro Señor también señaló nuestro interior, como el origen de todo lo pecaminoso (cf. Mt.15:19, DHH)[3].
2. Están presentes en nuestros miembros[4] (interior, DHH). Por lo tanto es imposible desarraigar las pasiones de nuestro interior. Nuestra naturaleza ha sido afectada por el pecado, por lo cual, muchas veces pecamos. En la vida cristiana tenemos que aprender a aceptar y reconocer las formas tras las cuales se ocultan nuestras pasiones y resistirlas con el poder del Espíritu Santo y la sabiduría que Dios nos da. Nuestro interior debe de estar sometido a la soberanía de la voluntad de nuestro Dios, sólo de esa manera podremos neutralizar las pasiones que viven en nuestro interior.
Las pasiones producen un serio combate en nuestro interior ‘…los judíos hablaban de un impulso malo que, según los rabinos posteriores, dominaban las 248 partes del cuerpo’ (Keener, 2006, p.693). Es posible que ese impulso malo sean las pasiones.
B. Sus consecuencias (vv.2-3). Los pleitos, las disputas y la presencia de pasiones incontroladas producen serio resultados en la vida de las personas. Aquí Santiago va a mencionar por lo menos cinco, a saber:
1. Codicia. La ambición desmedida y enfermiza hace que nunca nos sintamos satisfechos. Mientras más grandes sean nuestras pasiones (deseo de placer) más insatisfechos nos volveremos como personas. La verdad es que ‘Si pudiéramos tener todo aquello que planificamos tener, todavía querríamos más’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.254). Los placeres nunca tienen un límite y encarcelan a los seres humanos en una celda que sólo puede ser rota por el poder de Dios. A veces la cárcel de la codicia, también puede ser nuestra tumba.
Ilustración (Una historia del novelista ruso León Tolstoi): Nuestro autor nos relata la historia de un hombre poseído por la codicia desmedida por poseer tierras, a quien:
Alguien le prometió que podría ser dueño de toda la tierra que pudiera rodear caminando entre el amanecer y la puesta del sol en un día determinado. Comenzó a paso normal. Sin embargo, impulsado por su ambición, comenzó a acelerar. Pronto echó a correr, esforzándose por hacerlo cada vez más y más rápido. El cuerpo le ardía de fiebre. Se arrancó la camisa y se quitó sus botas. El sol estaba por ponerse y él se lanzó hacia su destino. Llegó al punto de partida justamente cuando los últimos rayos desaparecían en el oeste. Exhausto, murió. La única tierra que obtuvo fue la de una sepultura: 2 metros de largo por 60 centímetros de ancho (citado por Gregory, 1986, p.75).
La codicia es un anti-valor en el cristianismo. Lo contrario es la solicitud para dar y compartir (cf. Prov.11:24-27)[5].
2. Envidia. Santiago presenta la envidia como algo que inflama a las personas. Sin duda esto debe tener la idea de que la envidia es como una ventana del infierno en las personas. Por eso, ‘La expresión que se traduce ardéis de envidia conlleva este sentido del infierno en el que una persona envidiosa se introduce’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.255)
3. Pleitos. Sin duda los pleitos engendran guerras. Hace algunos meses Hugo Chávez amenazó con hacer guerra a Colombia por causa de sus pleitos ideológicos con EE.UU. Acusó a Colombia de ser un país al servicio del ‘imperio’ y en oposición a Ecuador, su supuesto aliado en la región.
4. Homicidio. Las pasiones, las codicias y el deseo enfermizo de satisfacer a la carne, llegan a su punto más alto con el asesinato. Codicia, envidia, pleitos y homicidio están emparentados, una cosa lleva a la otra. Hace sólo unas semanas, en la televisión se informó de una mujer en EE.UU. que había matado a sus 4 ex esposos, para cobrar el seguro de vida.
Entre los creyentes es probable que esto no suceda, Santiago está refiriendo sin duda a las malas intenciones del corazón. En 1 Jn.3:15, se lee: ‘Todo aquel que odia a su hermano es homicida…’. ¡Entre los creyentes no debe ni puede haber odios ni conflictos no resueltos ni postergados por muchos años!
5. No recibir lo que se pide de Dios. El v.2 (DHH) ya nos había declarado, ‘ustedes quieren algo, y no lo obtienen’ y el v.3, ‘Pedís, pero no recibís’. En el primer caso, se pide para alimentar las codicias y en el segundo caso, para satisfacer los deseos insanos de nuestra naturaleza afectada por el pecado. La ‘motivación maligna en la oración hace que Dios no actúe’ (Gregory, p.78). Aun pidiendo cosas correctas, en las maneras correctas, es posible que terminemos dándole un uso incorrecto. Dios no se presta al juego aunque hagamos algo tan espiritual como orar. No podemos engañar a Dios a un cuando nos vestimos de ‘espirituales’, él no puede ser burlado por nadie.
C. Aplicación. Hermanos, ¿cuántas veces no le culpamos al diablo acerca de nuestro fracaso en las relaciones interpersonales, de nuestros pleitos y disputas en la iglesia? El problema en realidad es la falta de sabiduría para guiarnos en la vida. La falta de sabiduría es una responsabilidad nuestra. Santiago nos ha mencionado anteriormente (1:5) que si no la tenemos, debemos pedirla. Entonces, su ausencia no es responsabilidad de Dios, sino de nosotros, por no pedirla.
II. Conduce a amistad con el mundo (vv.4-6).
A. Su origen (v.4b). Como en el caso de las peleas entre los hermanos, Santiago tiene bien en claro el origen de la amistad con el mundo, este se debe a la:
1. Fascinación por lo terrenal. Hay muchas cosas del mundo que pueden seducirnos: el dinero mal ganado, la posición, el poder, la fama, las posesiones, inclusive familiares, etc. La vida cristiana es un llamado a la renuncia de las cosas terrenales que nos atan al mundo y nos alejan de Dios. Sin embargo a veces hay quienes darían su vida por lo terrenal y efímero. La vida misma es efímera. Muchos cristianos[6] en los primeros siglos, durante las persecuciones, no estimaron sus vidas como preciosas y aceptaron el martirio con dignidad, otros tantos, fascinados por lo terrenal, naufragaron en su fe, negando al único Kyrios, a quien la iglesia pertenece.
B. Sus consecuencias (vv.4a-6)
1. Adulterio (infidelidad) espiritual (4a). El lenguaje utilizado aquí por Santiago, nos recuerda claramente al utilizado también por el profeta Oseas, para referirse a la relación entre Israel y Dios. Para nuestro autor, la infidelidad a Dios se expresa mediante la amistad con el mundo. La relación con nuestro Dios es excluyente de cualquier otro tipo de relación con cosas o personas, que quieran tomar lugar único de él. La vida cristiana es un llamado radical a una relación con Dios (‘…aborrecerá al uno y amará al otro…’, Mt.6:24b). La iglesia es llamada ‘esposa de Cristo’ (2Co.11:2; Ef.5:25-27) porque está unida espiritualmente a él. La amistad con el mundo sólo nos lleva a pecar, y pecar es un acto de adulterio en contra de Dios.
2. Enemistad contra Dios (v.4b). El lenguaje radical de Santiago se hace mucho más extremo al declarar que la amistad con el mundo es enemistad con Dios (v.4b). Juan, de la misma manera, nos va a decir que sólo se puede ser frio o caliente, no hay lugar para un estado intermedio de tibiez espiritual (Ap.3:15-16). La relación con Dios es radical y excluyente, no existe puntos medios, se está de lado del Señor o en contra de él.
3. Resistencia a la obra de Dios (v.6). Esto se expresa a través del orgullo de la persona que ha sido totalmente seducido por el mundo. La soberbia, altanera, arrogante, orgullosa, vanidosa, que se jacta de su posición y desprecia a los otros (2 Tim. 3:2–4), es una de las características de aquellos que han sido abandonados por Dios, en el vocabulario de Pablo (Rom. 1:30). Dios no tiene nada que ver con los soberbios.
4. Estimula el celo de Dios, mediante el Espíritu Santo (v.5). Se puede definir el celo (epipozeo)[7] como ‘…una reacción a la percepción de una amenaza contra una relación valiosa’ (Clanton, citado por Gregory, p.80). Esta es una reacción positiva de parte de Dios, él como un Dios celoso (parece que Santiago quiere resaltar esta característica de Dios, mostrada a lo largo de todo el AT), reacciona mediante su Espíritu Santo, al ver nuestra relación amenazada por la intromisión seductora del mundo. Dios mismo está preocupado por mantener su relación de esposo, con cada uno de los creyentes. Cuando resultamos seducidos por el mundo, el Espíritu de verdad nos convence de nuestro mal proceder y nos guía a ‘toda la verdad’ (Jn.16:12).
Conclusión
Estimados hermanos, luego de ver lo dañino que resulta la carnalidad en la vida cristiana, consideremos y repensemos nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Las pasiones (malos deseos) y la amistad con el mundo, sólo producen tristeza, frustración y alejamiento de la voluntad de Dios. Grandes males se pueden suceder en nuestras vidas por dar lugar a la carnalidad. No olvidemos que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios. Que él, en su misericordia, por el sacrificio de su hijo y el celo de su Espíritu nos alerte de caer en una vida opuesta a su voluntad divina.
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Notas Finales:
[1] Del griego hedonai. Esta palabra denota la presencia de deseo de placeres, pasiones.
[2] Esto de ninguna manera significa que el diablo no tenga nada que ver en los problemas de relaciones entre los hermanos. Más adelante, nuestro autor va a invocarnos a resistir al diablo (4:7), eso deja entrever que el diablo también cumple un rol importante en los pleitos y guerras entre la humanidad. Sin embargo, en el creyente está la decisión de ceder o no a la tentación.
[3] ‘Porque del interior del hombre salen los malos pensamientos, los asesinatos, el adulterio, la inmoralidad sexual, los robos, las mentiras y los insultos’.
[4] Algunos comentaristas como Joel Gregory (1986, p.77) sostienen que la palabra ‘miembros’ alude a la presencia de ‘varios miembros de la iglesia involucrados en actividades competitivas, hacia conflictos inevitables’.
[5] ‘Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado. Al que acapara el grano, el pueblo lo maldecirá; Pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende. El que procura el bien buscará favor; Mas al que busca el mal, éste le vendrá’.
[6] En una carta de Ignacio de Antioquía, enviado a la iglesia en Roma, antes de su martirio, escribió lo siguiente: ‘…no entreguéis al mundo a quien no anhela sino ser de Dios; no me tratéis de engañar con lo terreno. Dejadme contemplar la luz pura. Llegado allí seré de verdad hombre’ (González, 2002, p.72)
[7] Esta palabra griega, ‘…significa desear, anhelar, buscar con amor, apetecer, y aun codiciar’ (CBMH, , Tomo 23, ‘Santiago’, p.259)
Tema: El problema de la carnalidad en la vida cristiana (parte I)
Introducción
Para Santiago, el problema de la carnalidad en la vida cristiana, se expresa de dos maneras: (1) las peleas entre los creyentes, y (2) la amistad con el mundo. En esta sección, nuestro autor nos revela cual es el origen de ambas y cuales son sus funestos resultados.
I. Produce conflictos entre los hermanos (vv.1-3).
A. Su origen (v.1)
1. Las pasiones[1] (los ‘malos deseos’, DHH). Santiago no duda ni un momento en señalar que las peleas y los pleitos, entre los hermanos, vienen de los malos deseos que habitan en la naturaleza humana, en nuestro interior. Santiago no espiritualiza la inmadurez ni el pecado de las personas, en el sentido de culpar de todo al diablo[2]. Él no duda en señalar nuestra responsabilidad y participación en los problemas que cotidianamente suceden en nuestras relaciones. La enseñanza de Santiago está en concordancia con la enseñanza de Jesús. Nuestro Señor también señaló nuestro interior, como el origen de todo lo pecaminoso (cf. Mt.15:19, DHH)[3].
2. Están presentes en nuestros miembros[4] (interior, DHH). Por lo tanto es imposible desarraigar las pasiones de nuestro interior. Nuestra naturaleza ha sido afectada por el pecado, por lo cual, muchas veces pecamos. En la vida cristiana tenemos que aprender a aceptar y reconocer las formas tras las cuales se ocultan nuestras pasiones y resistirlas con el poder del Espíritu Santo y la sabiduría que Dios nos da. Nuestro interior debe de estar sometido a la soberanía de la voluntad de nuestro Dios, sólo de esa manera podremos neutralizar las pasiones que viven en nuestro interior.
Las pasiones producen un serio combate en nuestro interior ‘…los judíos hablaban de un impulso malo que, según los rabinos posteriores, dominaban las 248 partes del cuerpo’ (Keener, 2006, p.693). Es posible que ese impulso malo sean las pasiones.
B. Sus consecuencias (vv.2-3). Los pleitos, las disputas y la presencia de pasiones incontroladas producen serio resultados en la vida de las personas. Aquí Santiago va a mencionar por lo menos cinco, a saber:
1. Codicia. La ambición desmedida y enfermiza hace que nunca nos sintamos satisfechos. Mientras más grandes sean nuestras pasiones (deseo de placer) más insatisfechos nos volveremos como personas. La verdad es que ‘Si pudiéramos tener todo aquello que planificamos tener, todavía querríamos más’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.254). Los placeres nunca tienen un límite y encarcelan a los seres humanos en una celda que sólo puede ser rota por el poder de Dios. A veces la cárcel de la codicia, también puede ser nuestra tumba.
Ilustración (Una historia del novelista ruso León Tolstoi): Nuestro autor nos relata la historia de un hombre poseído por la codicia desmedida por poseer tierras, a quien:
Alguien le prometió que podría ser dueño de toda la tierra que pudiera rodear caminando entre el amanecer y la puesta del sol en un día determinado. Comenzó a paso normal. Sin embargo, impulsado por su ambición, comenzó a acelerar. Pronto echó a correr, esforzándose por hacerlo cada vez más y más rápido. El cuerpo le ardía de fiebre. Se arrancó la camisa y se quitó sus botas. El sol estaba por ponerse y él se lanzó hacia su destino. Llegó al punto de partida justamente cuando los últimos rayos desaparecían en el oeste. Exhausto, murió. La única tierra que obtuvo fue la de una sepultura: 2 metros de largo por 60 centímetros de ancho (citado por Gregory, 1986, p.75).
La codicia es un anti-valor en el cristianismo. Lo contrario es la solicitud para dar y compartir (cf. Prov.11:24-27)[5].
2. Envidia. Santiago presenta la envidia como algo que inflama a las personas. Sin duda esto debe tener la idea de que la envidia es como una ventana del infierno en las personas. Por eso, ‘La expresión que se traduce ardéis de envidia conlleva este sentido del infierno en el que una persona envidiosa se introduce’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.255)
3. Pleitos. Sin duda los pleitos engendran guerras. Hace algunos meses Hugo Chávez amenazó con hacer guerra a Colombia por causa de sus pleitos ideológicos con EE.UU. Acusó a Colombia de ser un país al servicio del ‘imperio’ y en oposición a Ecuador, su supuesto aliado en la región.
4. Homicidio. Las pasiones, las codicias y el deseo enfermizo de satisfacer a la carne, llegan a su punto más alto con el asesinato. Codicia, envidia, pleitos y homicidio están emparentados, una cosa lleva a la otra. Hace sólo unas semanas, en la televisión se informó de una mujer en EE.UU. que había matado a sus 4 ex esposos, para cobrar el seguro de vida.
Entre los creyentes es probable que esto no suceda, Santiago está refiriendo sin duda a las malas intenciones del corazón. En 1 Jn.3:15, se lee: ‘Todo aquel que odia a su hermano es homicida…’. ¡Entre los creyentes no debe ni puede haber odios ni conflictos no resueltos ni postergados por muchos años!
5. No recibir lo que se pide de Dios. El v.2 (DHH) ya nos había declarado, ‘ustedes quieren algo, y no lo obtienen’ y el v.3, ‘Pedís, pero no recibís’. En el primer caso, se pide para alimentar las codicias y en el segundo caso, para satisfacer los deseos insanos de nuestra naturaleza afectada por el pecado. La ‘motivación maligna en la oración hace que Dios no actúe’ (Gregory, p.78). Aun pidiendo cosas correctas, en las maneras correctas, es posible que terminemos dándole un uso incorrecto. Dios no se presta al juego aunque hagamos algo tan espiritual como orar. No podemos engañar a Dios a un cuando nos vestimos de ‘espirituales’, él no puede ser burlado por nadie.
C. Aplicación. Hermanos, ¿cuántas veces no le culpamos al diablo acerca de nuestro fracaso en las relaciones interpersonales, de nuestros pleitos y disputas en la iglesia? El problema en realidad es la falta de sabiduría para guiarnos en la vida. La falta de sabiduría es una responsabilidad nuestra. Santiago nos ha mencionado anteriormente (1:5) que si no la tenemos, debemos pedirla. Entonces, su ausencia no es responsabilidad de Dios, sino de nosotros, por no pedirla.
II. Conduce a amistad con el mundo (vv.4-6).
A. Su origen (v.4b). Como en el caso de las peleas entre los hermanos, Santiago tiene bien en claro el origen de la amistad con el mundo, este se debe a la:
1. Fascinación por lo terrenal. Hay muchas cosas del mundo que pueden seducirnos: el dinero mal ganado, la posición, el poder, la fama, las posesiones, inclusive familiares, etc. La vida cristiana es un llamado a la renuncia de las cosas terrenales que nos atan al mundo y nos alejan de Dios. Sin embargo a veces hay quienes darían su vida por lo terrenal y efímero. La vida misma es efímera. Muchos cristianos[6] en los primeros siglos, durante las persecuciones, no estimaron sus vidas como preciosas y aceptaron el martirio con dignidad, otros tantos, fascinados por lo terrenal, naufragaron en su fe, negando al único Kyrios, a quien la iglesia pertenece.
B. Sus consecuencias (vv.4a-6)
1. Adulterio (infidelidad) espiritual (4a). El lenguaje utilizado aquí por Santiago, nos recuerda claramente al utilizado también por el profeta Oseas, para referirse a la relación entre Israel y Dios. Para nuestro autor, la infidelidad a Dios se expresa mediante la amistad con el mundo. La relación con nuestro Dios es excluyente de cualquier otro tipo de relación con cosas o personas, que quieran tomar lugar único de él. La vida cristiana es un llamado radical a una relación con Dios (‘…aborrecerá al uno y amará al otro…’, Mt.6:24b). La iglesia es llamada ‘esposa de Cristo’ (2Co.11:2; Ef.5:25-27) porque está unida espiritualmente a él. La amistad con el mundo sólo nos lleva a pecar, y pecar es un acto de adulterio en contra de Dios.
2. Enemistad contra Dios (v.4b). El lenguaje radical de Santiago se hace mucho más extremo al declarar que la amistad con el mundo es enemistad con Dios (v.4b). Juan, de la misma manera, nos va a decir que sólo se puede ser frio o caliente, no hay lugar para un estado intermedio de tibiez espiritual (Ap.3:15-16). La relación con Dios es radical y excluyente, no existe puntos medios, se está de lado del Señor o en contra de él.
3. Resistencia a la obra de Dios (v.6). Esto se expresa a través del orgullo de la persona que ha sido totalmente seducido por el mundo. La soberbia, altanera, arrogante, orgullosa, vanidosa, que se jacta de su posición y desprecia a los otros (2 Tim. 3:2–4), es una de las características de aquellos que han sido abandonados por Dios, en el vocabulario de Pablo (Rom. 1:30). Dios no tiene nada que ver con los soberbios.
4. Estimula el celo de Dios, mediante el Espíritu Santo (v.5). Se puede definir el celo (epipozeo)[7] como ‘…una reacción a la percepción de una amenaza contra una relación valiosa’ (Clanton, citado por Gregory, p.80). Esta es una reacción positiva de parte de Dios, él como un Dios celoso (parece que Santiago quiere resaltar esta característica de Dios, mostrada a lo largo de todo el AT), reacciona mediante su Espíritu Santo, al ver nuestra relación amenazada por la intromisión seductora del mundo. Dios mismo está preocupado por mantener su relación de esposo, con cada uno de los creyentes. Cuando resultamos seducidos por el mundo, el Espíritu de verdad nos convence de nuestro mal proceder y nos guía a ‘toda la verdad’ (Jn.16:12).
Conclusión
Estimados hermanos, luego de ver lo dañino que resulta la carnalidad en la vida cristiana, consideremos y repensemos nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Las pasiones (malos deseos) y la amistad con el mundo, sólo producen tristeza, frustración y alejamiento de la voluntad de Dios. Grandes males se pueden suceder en nuestras vidas por dar lugar a la carnalidad. No olvidemos que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios. Que él, en su misericordia, por el sacrificio de su hijo y el celo de su Espíritu nos alerte de caer en una vida opuesta a su voluntad divina.
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Notas Finales:
[1] Del griego hedonai. Esta palabra denota la presencia de deseo de placeres, pasiones.
[2] Esto de ninguna manera significa que el diablo no tenga nada que ver en los problemas de relaciones entre los hermanos. Más adelante, nuestro autor va a invocarnos a resistir al diablo (4:7), eso deja entrever que el diablo también cumple un rol importante en los pleitos y guerras entre la humanidad. Sin embargo, en el creyente está la decisión de ceder o no a la tentación.
[3] ‘Porque del interior del hombre salen los malos pensamientos, los asesinatos, el adulterio, la inmoralidad sexual, los robos, las mentiras y los insultos’.
[4] Algunos comentaristas como Joel Gregory (1986, p.77) sostienen que la palabra ‘miembros’ alude a la presencia de ‘varios miembros de la iglesia involucrados en actividades competitivas, hacia conflictos inevitables’.
[5] ‘Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado. Al que acapara el grano, el pueblo lo maldecirá; Pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende. El que procura el bien buscará favor; Mas al que busca el mal, éste le vendrá’.
[6] En una carta de Ignacio de Antioquía, enviado a la iglesia en Roma, antes de su martirio, escribió lo siguiente: ‘…no entreguéis al mundo a quien no anhela sino ser de Dios; no me tratéis de engañar con lo terreno. Dejadme contemplar la luz pura. Llegado allí seré de verdad hombre’ (González, 2002, p.72)
[7] Esta palabra griega, ‘…significa desear, anhelar, buscar con amor, apetecer, y aun codiciar’ (CBMH, , Tomo 23, ‘Santiago’, p.259)
Sermon 7 (Los dos tipos de sabiduría)
Pasaje: Santiago 3:14-18.
Tema: Los dos tipos de sabiduría
Introducción
Aun cuando la sección anterior (el uso de las lenguas) pareciera no tener ninguna relación con este pasaje, sin embargo, para Santiago las palabras y la sabiduría de una persona tienen una intimidad extraordinaria. Como diría Gregory (p.70), ‘La sabiduría en la mente determina el tipo de palabras en la boca’. Para nuestro autor, la sabiduría también determina la conducta en el ser humano.
I. La sabiduría terrenal (vv.14-16).
Este tipo de sabiduría es la que mueve y organiza la vida en el mundo. Es el conocimiento humano no redimido por Dios, por lo tanto falible y dañino para las relaciones interpersonales. Los creyentes debemos de estar atentos porque a veces, este tipo de sabiduría, puede posicionarse, victoriosa, en la iglesia. Veamos algunas de sus características:
A. Características de la sabiduría terrenal o humana
1. Es terrenal (v.15a). Pues no viene de Dios, sino de este mundo, de la filosofía, de las ciencias. Este tipo de ‘sabiduría’ confunde inteligencia con sabiduría, es limitada en tanto que es terrenal. Los grandes ‘sabios’ de este mundo han sido Marx (‘La religión es el opio del pueblo’), Freud (‘Dios es una ilusión’), Feuerbach (‘la fe limita y embrutece al hombre’), Diderot (‘la fe es un principio fantasioso’), Nietzche (‘Dios ha muerto…’), etc. Su ‘sabiduría’ ha pasado por la historia sin mayor éxito, quienes creyeron en su pensamiento hoy se esconden porque lo que antes defendían ardorosamente, hoy en día suena sin sentido y pasado de moda.
2. Es animal [‘puramente humana’ en la NVI] (v.15b). Dado que no es espiritual sino ‘natural’. El ‘…hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente’ (1Cor.2:14). El hombre natural no puede entender la sabiduría divina por sus propios medios. Necesita nacer de nuevo y la guía del Espíritu Santo.
3. Es diabólica (v.15c). Si es terrenal y humana, y si éste mundo y el hombre -en su estado caído-, están bajo el reinado de Satanás, entonces ésta sabiduría sólo puede ser diabólica[1].
B. Los resultados de la sabiduría terrenal
1. Celos amargos [envidias que amargan el corazón] (v.14a). La sabiduría humana acompañada del orgullo, deja siempre un sabor amargo en el corazón de los demás. Joel Gregory (1986, p.71) comenta en este punto: ‘La frase hace referencia a un fanatismo profano que se niega a reconciliarse. No hay oportunidad para nada que sea abierto, conciliatorio, o redentor’.
2. Rivalidad (v.14b). Lo anterior desemboca en rivalidad facciosa, en espíritu partidista. ‘Facciones, divisiones, partidismos, eso es lo que promueve la sabiduría que no viene de Dios’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.247). Una iglesia estará más unida si utiliza la sabiduría divina.
3. Jactancia (v.14c). Uno de los bandos declara su superioridad al sentirse vencedor. Esto sólo alimenta su orgullo. La palabra de Dios declara que la jactancia no es buena (1Cor.5:6).
4. Mentira (v.14d). La sabiduría terrenal muchas veces hace uso de la mentira para poder obtener el ‘éxito’.
5. Perturbación [‘confusión’ en la NVI] (v.16a). Una vida así no puede tener tranquilidad, está constantemente perturbada por la vida superficial, vacía y falsa que vive. El caos y la confusión la envuelven y no la dejan en libertad.
6. Obra perversa [‘acciones malvadas’ en la NVI](v.16b). Lo malo siempre engendra lo malo. La sabiduría humana no siempre ayuda a los propósitos de Dios, a veces se opone a Dios y conduce al ser humano a acciones pecaminosas.
II. La sabiduría divina (vv.13, 17-18)
La sabiduría divina, o de lo alto[2], es la capacidad de ‘saber ordenar toda la vida de acuerdo con la voluntad de Dios’. Eso quiere decir que la sabiduría divina produce en nosotros un estilo de vida, que es la vida cristiana misma. Esta sabiduría está al acceso de todos, ya Santiago había invitado a sus lectores, al inicio de su carta, a que lo pidan libremente, dándoles la garantía de que lo recibirán (1:5). Veamos ahora algunas características de esta sabiduría:
A. Características de la sabiduría divina
1. Es práctica (v.13). Al igual que la doctrina cristiana (ya hemos hablado anteriormente del carácter teórico-práctico del pensamiento cristiano [la fe se cree y se vive]), la sabiduría no es un simple ejercicio mental, puesto que la sabiduría, que llega a nosotros mediante el oír la palabra, se hace carne y se evidencia por nuestra obras, mediante la buena conducta, ‘portándose con humildad’ (BLS).
2. Es pura (v.17a). Porque, ‘Es sin mezcla, libre de cualquier cosa falsa o corrupta. No hay en ella intenciones ocultas. En todo momento puede mostrarse a la luz del día’ (Gregory, p.72). Lo puro refiere también a lo santo, por eso la intención de Santiago de colocarlo en primer lugar (‘…es primeramente’). Si Dios es santo, su sabiduría también lo es. En cuanto a nosotros, el autor de Hebreos sostiene que debemos seguir la santidad, ‘sin la cual nadie verá al Señor’ (12:14).
3. Es pacífica (v.17b). La sabiduría divina se evidencia en el compromiso sólido con promoción de la paz, puesto que ésta trae el Shalom[3] de Dios, trabajaba para que le alcance a todos y vive en medio de ella.
4. Es amable (v.17c). La amabilidad es una marca de todos los cristianos (Filp.4:5, DHH)[4] y de Cristo mismo (2 Cor.10:1a, DHH)[5]. La sabiduría de lo alto le enseña al creyente a ser amable con sus semejantes (amar a los demás en tanto que en ellos habita la imagen de Dios).
5. Es benigna (v.17d). Aquí la DHH lo traduce como ‘docilidad’. La persona que lo posee, es de ‘buen tino, fácil de persuadir, no obstinada ni arrogante, que muestra buena disposición para hacer las cosas, que es generosa, dócil y humilde de corazón, benigna’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.251).
6. Llena de misericordia (v.17e). Anteriormente, Santiago ya nos había hablado del valor y de la superioridad de la misericordia sobre el juicio (2:13). La misericordia ‘es una característica de una persona que es deseosa de perdonar, de pasar por alto los errores de los otros, pequeños o grandes, que es deseosa de dar perdón a quien se equivoca, que desea llevar a cabo con los otros todo acto de amabilidad’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.251).
B. Los resultados de la sabiduría divina.
1. Una vida llena de buenos frutos (v.17f). Una vez más Santiago vuelve a insistirnos en el valor que él le confiere a las buenas obras, como un indicativo de la verdadera fe que justifica. La sabiduría divina se valida por los frutos. Jesús alguna vez dijo: ‘Pero la sabiduría de Dios se demuestra por sus resultados’ (Mt.11:19b, DHH).
2. Una vida sin incertidumbre (v.17g). Es decir sin imparcialidades (este es un asunto que anteriormente ya criticó nuestro autor en el 2:4), sin discriminación de personas, que aplica justicia, porque reparte a cada uno lo que le corresponde y que no se mueve por temor a los hombres.
3. Una vida sin hipocresía (v.17h). Este tema también ya ha sido abordado por Santiago cuando se refirió al doble uso de la lengua (uno positivo y negativo). Quien vive de acuerdo a la sabiduría divina, puede amar sin fingimiento (Rom.12:9a; 1Pe.1:22a)[6] a los demás. La sabiduría divina hace que nos mostremos como somos, no se solapa en máscaras.
4. Una vida en paz, que cosechará justicia (v.18). La sabiduría divina nos introduce en una vida de paz[7] y de armonía con nuestro creador y con nosotros mismos, al sabernos amados y herederos de la vida eterna (la justicia de Cristo imputada a nuestra cuenta). La ‘verdadera sabiduría es la sabiduría de la paz, no la de la violencia’ (Keener, p.692). El compromiso cristiano es construir y cuidar de la paz aun en tiempos de paz[8]. La justicia sólo puede florecer en un ambiente de paz espiritual (MacArthur).
Conclusión
Estimados hermanos, después de conocer, por la palabra de Dios, de la existencia de dos tipos de sabidurías que producen dos tipos de vivir totalmente diferentes, estimulémonos a considerar la sabiduría divina como nuestra norma de vida. No olvidemos que la sabiduría de Dios se expresa en lo práctico y que puede proveernos ‘una vida llena de buenos frutos’. Por el contrario la sabiduría terrenal sólo proveen ‘envidias que amargan el corazón’, rivalidades, orgullo, mentira, confusión y toda obra perversa. Que Dios nos ayude en la vida cristiana y que nuestra decisión sea vivir según su sabiduría.
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Notas Finales:
[1] Anteriormente Santiago también había relacionado el mal uso de la lengua con el infierno (cf.3:6).
[2] ‘De lo alto’ es una manera judía de decir ‘de Dios’ (Jn.3:3,7) (Doerksen, 1996, p.85).
[3] Shalom ‘…es un concepto claramente bíblico. Significa integridad, sanidad, bienestar, paz; y por ende, prosperidad, amistad, contentamiento, tranquilidad, relación de pacto, ausencia de guerra y otros derivados’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.250).
[4] ‘Que todos los conozcan a ustedes como personas bondadosas. El Señor está cerca’
[5] ‘Yo, Pablo, les ruego a ustedes, por la ternura y la bondad de Cristo…’.
[6] ‘El amor sea sin fingimiento…’; ‘Al obedecer a la verdad, mediante el Espíritu, habéis purificado vuestras almas para el amor fraternal no fingido…’.
[7] La palabra griega eirene denota: ‘…un estado de tranquilidad nacional, la ausencia de guerra, seguridad, prosperidad, felicidad, ausencia de conflicto entre individuos, armonía, concordia y también la paz que Cristo trae, el camino de salvación, la seguridad tranquila de aquella alma que se sabe perdonada por Dios y que no tiene nada que temer para el día de su muerte, y que por eso puede contentarse con su destino terrenal, cualquiera que fuera’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.252)
[8] Los romanos sostenían erróneamente lo siguiente: ‘Si vis pacem, para bellum’ (Si quieres la paz, prepárate para la guerra). Para ellos, la forma de asegurar la pax romana era haciendo la guerra y sometiendo a los demás pueblos; Santiago por el contrario sostiene acertadamente que la paz se cosecha por sembrar paz.
Tema: Los dos tipos de sabiduría
Introducción
Aun cuando la sección anterior (el uso de las lenguas) pareciera no tener ninguna relación con este pasaje, sin embargo, para Santiago las palabras y la sabiduría de una persona tienen una intimidad extraordinaria. Como diría Gregory (p.70), ‘La sabiduría en la mente determina el tipo de palabras en la boca’. Para nuestro autor, la sabiduría también determina la conducta en el ser humano.
I. La sabiduría terrenal (vv.14-16).
Este tipo de sabiduría es la que mueve y organiza la vida en el mundo. Es el conocimiento humano no redimido por Dios, por lo tanto falible y dañino para las relaciones interpersonales. Los creyentes debemos de estar atentos porque a veces, este tipo de sabiduría, puede posicionarse, victoriosa, en la iglesia. Veamos algunas de sus características:
A. Características de la sabiduría terrenal o humana
1. Es terrenal (v.15a). Pues no viene de Dios, sino de este mundo, de la filosofía, de las ciencias. Este tipo de ‘sabiduría’ confunde inteligencia con sabiduría, es limitada en tanto que es terrenal. Los grandes ‘sabios’ de este mundo han sido Marx (‘La religión es el opio del pueblo’), Freud (‘Dios es una ilusión’), Feuerbach (‘la fe limita y embrutece al hombre’), Diderot (‘la fe es un principio fantasioso’), Nietzche (‘Dios ha muerto…’), etc. Su ‘sabiduría’ ha pasado por la historia sin mayor éxito, quienes creyeron en su pensamiento hoy se esconden porque lo que antes defendían ardorosamente, hoy en día suena sin sentido y pasado de moda.
2. Es animal [‘puramente humana’ en la NVI] (v.15b). Dado que no es espiritual sino ‘natural’. El ‘…hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente’ (1Cor.2:14). El hombre natural no puede entender la sabiduría divina por sus propios medios. Necesita nacer de nuevo y la guía del Espíritu Santo.
3. Es diabólica (v.15c). Si es terrenal y humana, y si éste mundo y el hombre -en su estado caído-, están bajo el reinado de Satanás, entonces ésta sabiduría sólo puede ser diabólica[1].
B. Los resultados de la sabiduría terrenal
1. Celos amargos [envidias que amargan el corazón] (v.14a). La sabiduría humana acompañada del orgullo, deja siempre un sabor amargo en el corazón de los demás. Joel Gregory (1986, p.71) comenta en este punto: ‘La frase hace referencia a un fanatismo profano que se niega a reconciliarse. No hay oportunidad para nada que sea abierto, conciliatorio, o redentor’.
2. Rivalidad (v.14b). Lo anterior desemboca en rivalidad facciosa, en espíritu partidista. ‘Facciones, divisiones, partidismos, eso es lo que promueve la sabiduría que no viene de Dios’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.247). Una iglesia estará más unida si utiliza la sabiduría divina.
3. Jactancia (v.14c). Uno de los bandos declara su superioridad al sentirse vencedor. Esto sólo alimenta su orgullo. La palabra de Dios declara que la jactancia no es buena (1Cor.5:6).
4. Mentira (v.14d). La sabiduría terrenal muchas veces hace uso de la mentira para poder obtener el ‘éxito’.
5. Perturbación [‘confusión’ en la NVI] (v.16a). Una vida así no puede tener tranquilidad, está constantemente perturbada por la vida superficial, vacía y falsa que vive. El caos y la confusión la envuelven y no la dejan en libertad.
6. Obra perversa [‘acciones malvadas’ en la NVI](v.16b). Lo malo siempre engendra lo malo. La sabiduría humana no siempre ayuda a los propósitos de Dios, a veces se opone a Dios y conduce al ser humano a acciones pecaminosas.
II. La sabiduría divina (vv.13, 17-18)
La sabiduría divina, o de lo alto[2], es la capacidad de ‘saber ordenar toda la vida de acuerdo con la voluntad de Dios’. Eso quiere decir que la sabiduría divina produce en nosotros un estilo de vida, que es la vida cristiana misma. Esta sabiduría está al acceso de todos, ya Santiago había invitado a sus lectores, al inicio de su carta, a que lo pidan libremente, dándoles la garantía de que lo recibirán (1:5). Veamos ahora algunas características de esta sabiduría:
A. Características de la sabiduría divina
1. Es práctica (v.13). Al igual que la doctrina cristiana (ya hemos hablado anteriormente del carácter teórico-práctico del pensamiento cristiano [la fe se cree y se vive]), la sabiduría no es un simple ejercicio mental, puesto que la sabiduría, que llega a nosotros mediante el oír la palabra, se hace carne y se evidencia por nuestra obras, mediante la buena conducta, ‘portándose con humildad’ (BLS).
2. Es pura (v.17a). Porque, ‘Es sin mezcla, libre de cualquier cosa falsa o corrupta. No hay en ella intenciones ocultas. En todo momento puede mostrarse a la luz del día’ (Gregory, p.72). Lo puro refiere también a lo santo, por eso la intención de Santiago de colocarlo en primer lugar (‘…es primeramente’). Si Dios es santo, su sabiduría también lo es. En cuanto a nosotros, el autor de Hebreos sostiene que debemos seguir la santidad, ‘sin la cual nadie verá al Señor’ (12:14).
3. Es pacífica (v.17b). La sabiduría divina se evidencia en el compromiso sólido con promoción de la paz, puesto que ésta trae el Shalom[3] de Dios, trabajaba para que le alcance a todos y vive en medio de ella.
4. Es amable (v.17c). La amabilidad es una marca de todos los cristianos (Filp.4:5, DHH)[4] y de Cristo mismo (2 Cor.10:1a, DHH)[5]. La sabiduría de lo alto le enseña al creyente a ser amable con sus semejantes (amar a los demás en tanto que en ellos habita la imagen de Dios).
5. Es benigna (v.17d). Aquí la DHH lo traduce como ‘docilidad’. La persona que lo posee, es de ‘buen tino, fácil de persuadir, no obstinada ni arrogante, que muestra buena disposición para hacer las cosas, que es generosa, dócil y humilde de corazón, benigna’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.251).
6. Llena de misericordia (v.17e). Anteriormente, Santiago ya nos había hablado del valor y de la superioridad de la misericordia sobre el juicio (2:13). La misericordia ‘es una característica de una persona que es deseosa de perdonar, de pasar por alto los errores de los otros, pequeños o grandes, que es deseosa de dar perdón a quien se equivoca, que desea llevar a cabo con los otros todo acto de amabilidad’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.251).
B. Los resultados de la sabiduría divina.
1. Una vida llena de buenos frutos (v.17f). Una vez más Santiago vuelve a insistirnos en el valor que él le confiere a las buenas obras, como un indicativo de la verdadera fe que justifica. La sabiduría divina se valida por los frutos. Jesús alguna vez dijo: ‘Pero la sabiduría de Dios se demuestra por sus resultados’ (Mt.11:19b, DHH).
2. Una vida sin incertidumbre (v.17g). Es decir sin imparcialidades (este es un asunto que anteriormente ya criticó nuestro autor en el 2:4), sin discriminación de personas, que aplica justicia, porque reparte a cada uno lo que le corresponde y que no se mueve por temor a los hombres.
3. Una vida sin hipocresía (v.17h). Este tema también ya ha sido abordado por Santiago cuando se refirió al doble uso de la lengua (uno positivo y negativo). Quien vive de acuerdo a la sabiduría divina, puede amar sin fingimiento (Rom.12:9a; 1Pe.1:22a)[6] a los demás. La sabiduría divina hace que nos mostremos como somos, no se solapa en máscaras.
4. Una vida en paz, que cosechará justicia (v.18). La sabiduría divina nos introduce en una vida de paz[7] y de armonía con nuestro creador y con nosotros mismos, al sabernos amados y herederos de la vida eterna (la justicia de Cristo imputada a nuestra cuenta). La ‘verdadera sabiduría es la sabiduría de la paz, no la de la violencia’ (Keener, p.692). El compromiso cristiano es construir y cuidar de la paz aun en tiempos de paz[8]. La justicia sólo puede florecer en un ambiente de paz espiritual (MacArthur).
Conclusión
Estimados hermanos, después de conocer, por la palabra de Dios, de la existencia de dos tipos de sabidurías que producen dos tipos de vivir totalmente diferentes, estimulémonos a considerar la sabiduría divina como nuestra norma de vida. No olvidemos que la sabiduría de Dios se expresa en lo práctico y que puede proveernos ‘una vida llena de buenos frutos’. Por el contrario la sabiduría terrenal sólo proveen ‘envidias que amargan el corazón’, rivalidades, orgullo, mentira, confusión y toda obra perversa. Que Dios nos ayude en la vida cristiana y que nuestra decisión sea vivir según su sabiduría.
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Notas Finales:
[1] Anteriormente Santiago también había relacionado el mal uso de la lengua con el infierno (cf.3:6).
[2] ‘De lo alto’ es una manera judía de decir ‘de Dios’ (Jn.3:3,7) (Doerksen, 1996, p.85).
[3] Shalom ‘…es un concepto claramente bíblico. Significa integridad, sanidad, bienestar, paz; y por ende, prosperidad, amistad, contentamiento, tranquilidad, relación de pacto, ausencia de guerra y otros derivados’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.250).
[4] ‘Que todos los conozcan a ustedes como personas bondadosas. El Señor está cerca’
[5] ‘Yo, Pablo, les ruego a ustedes, por la ternura y la bondad de Cristo…’.
[6] ‘El amor sea sin fingimiento…’; ‘Al obedecer a la verdad, mediante el Espíritu, habéis purificado vuestras almas para el amor fraternal no fingido…’.
[7] La palabra griega eirene denota: ‘…un estado de tranquilidad nacional, la ausencia de guerra, seguridad, prosperidad, felicidad, ausencia de conflicto entre individuos, armonía, concordia y también la paz que Cristo trae, el camino de salvación, la seguridad tranquila de aquella alma que se sabe perdonada por Dios y que no tiene nada que temer para el día de su muerte, y que por eso puede contentarse con su destino terrenal, cualquiera que fuera’ (CBMH, Tomo 23, ‘Santiago’, p.252)
[8] Los romanos sostenían erróneamente lo siguiente: ‘Si vis pacem, para bellum’ (Si quieres la paz, prepárate para la guerra). Para ellos, la forma de asegurar la pax romana era haciendo la guerra y sometiendo a los demás pueblos; Santiago por el contrario sostiene acertadamente que la paz se cosecha por sembrar paz.
Sermon 6 (Peligros en cuanto al mal uso de la lengua)
Pasaje: Santiago 3:1-12.
Tema: Peligros en cuanto al mal uso de la lengua
Introducción
De todos los escritores bíblicos del NT, Santiago es quien dedica más tiempo al tema de la lengua (el hablar), puesto que ésta resulta indomable. En esta sección, nuestro autor compara la lengua con el fuego, las manchas, las bestias, y el veneno. Los peligros del mal uso de la lengua son múltiples. En este pasaje Santiago nos va a advertir acerca de algunas de ellas.
I. Conduce al protagonismo (v.1)
A. Ser maestro en tiempos de Santiago.
En Israel, ser maestro o rabí, era un cargo de alto honor. Arthur Carr (citado por Gregory, 1986, p.64) menciona que:
El hablar con el maestro, invitarle a ser su huésped, casarse con su hija, era considerado en Israel como el más alto honor. Se esperaba que los hombres jóvenes consideraran una gloria llevar la carga del rabino, traerle su agua, enalbardar [poner una silla de montar] su asno
De manera que ser maestro en Israel, representaba posición, poder y prestigio. El problema de fondo aquí es buscar ser maestro de muchos, sólo por protagonismo, sin aplicar la verdad que se está enseñando. La reputación del maestro cristiano no se basa en lo que dice, sino en lo que hace.
B. La elocuencia de la lengua no es la base de la enseñanza bíblica.
Recordemos que Santiago nos llama una y otra vez a ser ‘hacedores’ de la palabra. La vida cristiana no sólo se basa en decir lo correcto, sino que se complementa con hacer lo correcto.
C. Palabras sin obras, termina en condenación.
La semana pasada, Santiago nos había notificado acerca de la existencia de una fe falsa, que de ninguna manera justifica. Aquí el sentido va a ser el mismo. Pretender elocuencia en la enseñanza bíblica y separarlo de las obras, tiene un final infeliz. Dios nos va a juzgar por cada palabra que digamos (Mt.12:36-37)[1]. Sin embargo, el juicio final será más exigente para aquellos que conocemos más y enseñamos de la palabra (Lc.12:48)[2].
II. Empuja a la ofensa verbal (vv.2-4)
A. El elemento principal para la ofensa es nuestra propia lengua.
Santiago menciona, ‘todos ofendemos muchas veces’ y no deja de estar en lo cierto. Pero, desde que los efectos de la lengua muchas veces son negativos, lograr controlarla nos ahorrará muchas desavenencias en las relaciones interpersonales en la iglesia y en el hogar.
B. Quien no ofende, es una persona perfecta[3].
Lo que Santiago está tratando de decirnos es que, aquella persona que logra controlar su lengua, es una persona madura en la vida cristiana. La forma de mostrar nuestra madurez en la vida cristiana, es por el uso de nuestra lengua.
C. Quien logra domar su lengua, puede controlar sus pasiones.
Quien logra controlar su lengua y no es controlado por ella, está en condiciones de poder controlar las pasiones de sus cuerpos. Nuestro cuerpo es comparado con una bestia salvaje (el caballo cimarrón), que sólo puede ser domado por nuestra lengua. También es comparado con el pequeño timón de un barco, que tiene el poder de controlar una enorme embarcación, y hasta resistir grandes tempestades.
Aplicación: ¿De qué manera estamos utilizando nuestra lengua?, ¿la dominamos o ella nos domina a nosotros?
III. Produce jactancia/orgullo (v.5)
A. A pesar de ser un pequeño músculo recubierto de una membrana mucosa, su poder es inimaginable.
Por eso es que se jacta de muchas cosas. Sin duda el mal uso de la lengua vuelve orgullosas a las personas. En la vida he conocido muchas personas que se jactan de sus cargos, de sus conocimientos, de su dinero, de su posición. Siempre están hablando de si mismos y esperando halagos de las personas. También he visto su final, sus historias nunca tienen un final feliz.
B. Siendo pequeña destruye mucho.
Nuestro autor compara la lengua con una chispa, que siendo tan pequeña, puede incendiar un inmenso bosque. La National Geographic, en una publicación de Febrero de 1983, dio cuenta que:
…un incendio hizo estragos en el sudoeste de Australia. Los vientos llegaron a ser huracanados, y en cuestión de horas las llamas avanzaron velozmente a lo largo de kilómetros de costa. En veinticuatro horas un amplio radio de ricas tierras de cultivo y un fragante bosque de eucaliptos quedaron reducidos a tierra calcinada. Setenta personas murieron, y los daños materiales se calcularon en más de 450 millones de dólares.
De la misma manera la lengua puede destruir o levantar a una persona. El buen o mal uso de la lengua es una decisión que cada creyente debe de hacer, sin desconocer sus consecuencias. La vida y la muerte están en poder de la lengua (Prov.18:21).
Aplicación: Una sola palabra puede carbonizar para siempre la reputación de una persona. ¿De qué manera estamos usando nuestra lengua en relación a los demás?
IV. Contamina todo el cuerpo (v.6)
A. Todo el cuerpo se contamina por un pequeño miembro contaminado.
Santiago presenta aquí a la lengua ‘como una fuerza corruptora que se extiende por toda la persona’ (Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.38). Una fuerza que –en algunas personas- ha usurpado el mando del entendimiento y que por eso gobierna y recorre todo el cuerpo, cual victorioso general, llenando de su inmundicia y devastando todo el cuerpo. De esta manera termina inflamando ‘el curso de nuestra vida’ (LBA).
B. El origen de la contaminación y del fuego destructor de la lengua, es el infierno mismo.
Nuestro autor señala a la Gehena, como el origen de la perversa combustión de las llamas de la lengua. La Gehena sólo se menciona aquí y en los evangelios. En este punto Gregory (p.69) comenta, ‘…ninguna otra cosa de la creación se relaciona de esa manera con las llamas del mismo infierno’. Eso nos da una idea del poder que Santiago le atribuye a la lengua.
Aplicación: Hermanos no dejemos que la lengua contamine lo que Dios ha santificado. Seamos sacrificios vivos, santos y agradables a Dios.
V. A veces la lengua se vuelve indomable (vv.7-8)
A. A veces resulta más fácil domar una bestia salvaje, que domar nuestra lengua. Nos resulta increíble ver tigres salvajes, actuando como gatitos indefensos en los circos. Nos llena de orgullo la superioridad del hombre sobre las bestias[4] más salvajes de la creación, pero aun cuando eso hemos logrado, ni siquiera hemos podido domar la lengua de nuestro propio cuerpo. Ya para la época de Santiago, el hombre había logrado domar la lengua de los animales, Peter Muller (citado por Gregory, p.68) nos da cuenta que: ‘Octavio, quien más tarde llegaría a ser el emperador Augusto, regresó a Roma tras derrotar a Marco Antonio. Se le regaló un cuervo adiestrado para decir: "Ave César, líder victorioso”’.
B. Dejar la lengua a su merced es un peligro, pues está llena de ‘veneno mortal’.
Dejar que nuestra lengua se pasee a rienda suelta, es como dejar que una mamba negra[5] se pasee por el dormitorio de nuestros hijos. Sería un acto de tremenda irresponsabilidad, por eso la urgencia y la necesidad de domar nuestra lengua y ponerle freno.
Aplicación: Dominemos nuestra lengua y no dejemos que ella nos domine a nosotros.
VI. Vuelve hipócritas a las personas (vv.9-12)
A. Pues con ella se bendice a Dios y se maldice a los hombres.
No solo debemos decir frases bonitas a Dios en el templo, sino también fuera de el, en nuestro contacto con la creación de Dios. Para Santiago, bendecir el nombre de Dios y maldecir a los hombres (‘que están hechos a la semejanza de Dios’)[6], es un acto de refinada hipocresía[7].
B. Esto es inconsistente.
Santiago no puede entender que con la misma boca con la cual tomamos la Cena del Señor, predicamos las sanas palabras del evangelio y oramos, podamos también chismear, calumniar, insultar y maldecir. Simplemente es inconsistente. Una boca purificada[8] no puede tener un uso pecaminoso. ¡De una misma fuente no puede aflorar agua dulce y salada a la vez!
Aplicación: ‘Hermanos míos, esto no debe ser así’. Santiago nos habla siempre en un lenguaje muy pastoral, él mismo se incluye entre las personas a las cuales demanda.
Conclusión
Después de leer a Santiago podríamos concluir que ningún ser humano puede dominar su propia lengua. La mala noticia es que estamos en lo cierto, pero la buena noticia es que Dios si puede hacerlo. El gran Agustín, comentando de Santiago con respecto a la posibilidad de dominar nuestra propia lengua, escribe: ‘[Santiago] no dice que ninguno pueda domar la lengua, sino que ningún hombre [sólo y por su propia cuenta]; de manera que cuando es domada confesamos que esto ha sucedido por causa de la misericordia, la ayuda, la gracia de Dios’. Pidamos que Dios a través de su Espíritu Santo nos ayude en este intento, de manera que seamos presentados como hombres maduros y cabales para honra de Dios.
------------------
Notas Finales:
[1] ‘Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado’.
[2] ‘Pero el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco, porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.’
[3] Del griego te,leioj. Su significado denota madurez en el sentido fisiológico. Esta palabra se empleaba para designar a un hombre completamente desarrollado, que ha llegado a su mayoría de edad, a diferencia de un niño quien no ha logrado desarrollar completamente. De ninguna manera se debe de entender la ‘perfección’, en el lenguaje de Santiago, como un sinónimo de ausencia de pecado.
[4] Santiago enumera la creación viviente animal en sus cuatro categorías básicas: bestias, aves, serpientes y peces.
[5] Serpiente muy venenosa de la familia de las cobras, caracterizada por ser muy rápida. Puede matar antes que se aplique un antídoto a la persona.
[6] El NCB: Siglo XXI, comenta en esta parte, ‘En los días del autor, el rey o emperador ponía su estatua en las ciudades de su dominio. Si alguno la insultaba o maldecía, era tratado como si hubiera maldecido al emperador en la cara, porque la estatua era la imagen del emperador. Por lo tanto, insultar a una persona, hecha a la imagen de Dios, es como insultar al mismo Dios.’
[7] El diccionario de la RAE define así la hipocresía: ‘Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.’
[8] Un serafín fue enviado por el Señor para que purificara -con carbones encendidos- los labios inmundos del profeta Isaías, puesto que iba a anunciar su palabra (Is.6:4-7). Isaías entendió perfectamente que pecado y santidad no se debían mezclar en una misma fuente.
Tema: Peligros en cuanto al mal uso de la lengua
Introducción
De todos los escritores bíblicos del NT, Santiago es quien dedica más tiempo al tema de la lengua (el hablar), puesto que ésta resulta indomable. En esta sección, nuestro autor compara la lengua con el fuego, las manchas, las bestias, y el veneno. Los peligros del mal uso de la lengua son múltiples. En este pasaje Santiago nos va a advertir acerca de algunas de ellas.
I. Conduce al protagonismo (v.1)
A. Ser maestro en tiempos de Santiago.
En Israel, ser maestro o rabí, era un cargo de alto honor. Arthur Carr (citado por Gregory, 1986, p.64) menciona que:
El hablar con el maestro, invitarle a ser su huésped, casarse con su hija, era considerado en Israel como el más alto honor. Se esperaba que los hombres jóvenes consideraran una gloria llevar la carga del rabino, traerle su agua, enalbardar [poner una silla de montar] su asno
De manera que ser maestro en Israel, representaba posición, poder y prestigio. El problema de fondo aquí es buscar ser maestro de muchos, sólo por protagonismo, sin aplicar la verdad que se está enseñando. La reputación del maestro cristiano no se basa en lo que dice, sino en lo que hace.
B. La elocuencia de la lengua no es la base de la enseñanza bíblica.
Recordemos que Santiago nos llama una y otra vez a ser ‘hacedores’ de la palabra. La vida cristiana no sólo se basa en decir lo correcto, sino que se complementa con hacer lo correcto.
C. Palabras sin obras, termina en condenación.
La semana pasada, Santiago nos había notificado acerca de la existencia de una fe falsa, que de ninguna manera justifica. Aquí el sentido va a ser el mismo. Pretender elocuencia en la enseñanza bíblica y separarlo de las obras, tiene un final infeliz. Dios nos va a juzgar por cada palabra que digamos (Mt.12:36-37)[1]. Sin embargo, el juicio final será más exigente para aquellos que conocemos más y enseñamos de la palabra (Lc.12:48)[2].
II. Empuja a la ofensa verbal (vv.2-4)
A. El elemento principal para la ofensa es nuestra propia lengua.
Santiago menciona, ‘todos ofendemos muchas veces’ y no deja de estar en lo cierto. Pero, desde que los efectos de la lengua muchas veces son negativos, lograr controlarla nos ahorrará muchas desavenencias en las relaciones interpersonales en la iglesia y en el hogar.
B. Quien no ofende, es una persona perfecta[3].
Lo que Santiago está tratando de decirnos es que, aquella persona que logra controlar su lengua, es una persona madura en la vida cristiana. La forma de mostrar nuestra madurez en la vida cristiana, es por el uso de nuestra lengua.
C. Quien logra domar su lengua, puede controlar sus pasiones.
Quien logra controlar su lengua y no es controlado por ella, está en condiciones de poder controlar las pasiones de sus cuerpos. Nuestro cuerpo es comparado con una bestia salvaje (el caballo cimarrón), que sólo puede ser domado por nuestra lengua. También es comparado con el pequeño timón de un barco, que tiene el poder de controlar una enorme embarcación, y hasta resistir grandes tempestades.
Aplicación: ¿De qué manera estamos utilizando nuestra lengua?, ¿la dominamos o ella nos domina a nosotros?
III. Produce jactancia/orgullo (v.5)
A. A pesar de ser un pequeño músculo recubierto de una membrana mucosa, su poder es inimaginable.
Por eso es que se jacta de muchas cosas. Sin duda el mal uso de la lengua vuelve orgullosas a las personas. En la vida he conocido muchas personas que se jactan de sus cargos, de sus conocimientos, de su dinero, de su posición. Siempre están hablando de si mismos y esperando halagos de las personas. También he visto su final, sus historias nunca tienen un final feliz.
B. Siendo pequeña destruye mucho.
Nuestro autor compara la lengua con una chispa, que siendo tan pequeña, puede incendiar un inmenso bosque. La National Geographic, en una publicación de Febrero de 1983, dio cuenta que:
…un incendio hizo estragos en el sudoeste de Australia. Los vientos llegaron a ser huracanados, y en cuestión de horas las llamas avanzaron velozmente a lo largo de kilómetros de costa. En veinticuatro horas un amplio radio de ricas tierras de cultivo y un fragante bosque de eucaliptos quedaron reducidos a tierra calcinada. Setenta personas murieron, y los daños materiales se calcularon en más de 450 millones de dólares.
De la misma manera la lengua puede destruir o levantar a una persona. El buen o mal uso de la lengua es una decisión que cada creyente debe de hacer, sin desconocer sus consecuencias. La vida y la muerte están en poder de la lengua (Prov.18:21).
Aplicación: Una sola palabra puede carbonizar para siempre la reputación de una persona. ¿De qué manera estamos usando nuestra lengua en relación a los demás?
IV. Contamina todo el cuerpo (v.6)
A. Todo el cuerpo se contamina por un pequeño miembro contaminado.
Santiago presenta aquí a la lengua ‘como una fuerza corruptora que se extiende por toda la persona’ (Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.38). Una fuerza que –en algunas personas- ha usurpado el mando del entendimiento y que por eso gobierna y recorre todo el cuerpo, cual victorioso general, llenando de su inmundicia y devastando todo el cuerpo. De esta manera termina inflamando ‘el curso de nuestra vida’ (LBA).
B. El origen de la contaminación y del fuego destructor de la lengua, es el infierno mismo.
Nuestro autor señala a la Gehena, como el origen de la perversa combustión de las llamas de la lengua. La Gehena sólo se menciona aquí y en los evangelios. En este punto Gregory (p.69) comenta, ‘…ninguna otra cosa de la creación se relaciona de esa manera con las llamas del mismo infierno’. Eso nos da una idea del poder que Santiago le atribuye a la lengua.
Aplicación: Hermanos no dejemos que la lengua contamine lo que Dios ha santificado. Seamos sacrificios vivos, santos y agradables a Dios.
V. A veces la lengua se vuelve indomable (vv.7-8)
A. A veces resulta más fácil domar una bestia salvaje, que domar nuestra lengua. Nos resulta increíble ver tigres salvajes, actuando como gatitos indefensos en los circos. Nos llena de orgullo la superioridad del hombre sobre las bestias[4] más salvajes de la creación, pero aun cuando eso hemos logrado, ni siquiera hemos podido domar la lengua de nuestro propio cuerpo. Ya para la época de Santiago, el hombre había logrado domar la lengua de los animales, Peter Muller (citado por Gregory, p.68) nos da cuenta que: ‘Octavio, quien más tarde llegaría a ser el emperador Augusto, regresó a Roma tras derrotar a Marco Antonio. Se le regaló un cuervo adiestrado para decir: "Ave César, líder victorioso”’.
B. Dejar la lengua a su merced es un peligro, pues está llena de ‘veneno mortal’.
Dejar que nuestra lengua se pasee a rienda suelta, es como dejar que una mamba negra[5] se pasee por el dormitorio de nuestros hijos. Sería un acto de tremenda irresponsabilidad, por eso la urgencia y la necesidad de domar nuestra lengua y ponerle freno.
Aplicación: Dominemos nuestra lengua y no dejemos que ella nos domine a nosotros.
VI. Vuelve hipócritas a las personas (vv.9-12)
A. Pues con ella se bendice a Dios y se maldice a los hombres.
No solo debemos decir frases bonitas a Dios en el templo, sino también fuera de el, en nuestro contacto con la creación de Dios. Para Santiago, bendecir el nombre de Dios y maldecir a los hombres (‘que están hechos a la semejanza de Dios’)[6], es un acto de refinada hipocresía[7].
B. Esto es inconsistente.
Santiago no puede entender que con la misma boca con la cual tomamos la Cena del Señor, predicamos las sanas palabras del evangelio y oramos, podamos también chismear, calumniar, insultar y maldecir. Simplemente es inconsistente. Una boca purificada[8] no puede tener un uso pecaminoso. ¡De una misma fuente no puede aflorar agua dulce y salada a la vez!
Aplicación: ‘Hermanos míos, esto no debe ser así’. Santiago nos habla siempre en un lenguaje muy pastoral, él mismo se incluye entre las personas a las cuales demanda.
Conclusión
Después de leer a Santiago podríamos concluir que ningún ser humano puede dominar su propia lengua. La mala noticia es que estamos en lo cierto, pero la buena noticia es que Dios si puede hacerlo. El gran Agustín, comentando de Santiago con respecto a la posibilidad de dominar nuestra propia lengua, escribe: ‘[Santiago] no dice que ninguno pueda domar la lengua, sino que ningún hombre [sólo y por su propia cuenta]; de manera que cuando es domada confesamos que esto ha sucedido por causa de la misericordia, la ayuda, la gracia de Dios’. Pidamos que Dios a través de su Espíritu Santo nos ayude en este intento, de manera que seamos presentados como hombres maduros y cabales para honra de Dios.
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Notas Finales:
[1] ‘Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado’.
[2] ‘Pero el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco, porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.’
[3] Del griego te,leioj. Su significado denota madurez en el sentido fisiológico. Esta palabra se empleaba para designar a un hombre completamente desarrollado, que ha llegado a su mayoría de edad, a diferencia de un niño quien no ha logrado desarrollar completamente. De ninguna manera se debe de entender la ‘perfección’, en el lenguaje de Santiago, como un sinónimo de ausencia de pecado.
[4] Santiago enumera la creación viviente animal en sus cuatro categorías básicas: bestias, aves, serpientes y peces.
[5] Serpiente muy venenosa de la familia de las cobras, caracterizada por ser muy rápida. Puede matar antes que se aplique un antídoto a la persona.
[6] El NCB: Siglo XXI, comenta en esta parte, ‘En los días del autor, el rey o emperador ponía su estatua en las ciudades de su dominio. Si alguno la insultaba o maldecía, era tratado como si hubiera maldecido al emperador en la cara, porque la estatua era la imagen del emperador. Por lo tanto, insultar a una persona, hecha a la imagen de Dios, es como insultar al mismo Dios.’
[7] El diccionario de la RAE define así la hipocresía: ‘Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.’
[8] Un serafín fue enviado por el Señor para que purificara -con carbones encendidos- los labios inmundos del profeta Isaías, puesto que iba a anunciar su palabra (Is.6:4-7). Isaías entendió perfectamente que pecado y santidad no se debían mezclar en una misma fuente.
Sermon 5 (Características de la verdadera fe)
Pasaje: Santiago 2:14-26.
Tema: Características de la verdadera fe
Introducción
En esta sección, Santiago va a argumentar a favor de la unidad y la indivisibilidad de la fe y las obras. La verdadera fe es aquella que se expresa en buenas obras, puesto que las obras son la evidencia irrefutable de una fe verdadera. Sin embargo hay el peligro de descansar sobre una fe muerta, que no es fe al fin, sino un remedo torpe de la única y verdadera fe. La fe que es muerta, no puede justificar a la persona, tampoco el creer en lo correcto lo puede hacer (ortodoxia). Si la fe no va acompañada de obras, simplemente no es fe.
I. La verdadera fe no consiste en palabras (vv.14-16).
A. Decir que uno tiene fe, no garantiza una fe verdadera (v.14a).
La fe verdadera no trata solamente de palabras, ya Santiago nos había animado a que seamos hacedores y no solamente oidores de la Palabra. Una fe verdadera no se basa en lo que uno dice que puede hacer, sino en lo que uno hace. La vida cristiana es por naturaleza, cien por ciento práctica.
B. ¿Podrá ‘esa’ fe salvarle? (v.14b).
Esta es la traducción que emplea la NVI, para referirse a la fe que no es verdadera. Así como hay una religión verdadera basada en lo práctico (atender a los pobres en su aflicción y conservarse limpios del mundo), también existe una fe verdadera, basada en lo práctico (p.ej. atender a los pobres en su necesidad; ver v.15).
Santiago no se propone nunca querer descalificar la doctrina paulina de la justificación, que es el resultado de una fe verdadera, lo que quiere descalificar es la perversión de la fe verdadera.
C. Un ejemplo práctico de la fe que sólo se basa en palabras (vv.15-16).
Santiago nos presenta ahora un ejemplo de una fe basada solamente en palabras. Para esto utiliza la ilustración de un hombre o una mujer (probablemente huérfano o viuda, según el contexto) que no tienen con que vestirse y que comer (ambas son las necesidades más básicas del ser humano). Si alguien, a quien le es presentado el caso, opta por despedirlo de manera burlesca[1], espiritualizando su respuesta, que fe verdadera puede haber en él. El Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno, comenta en esta parte: ‘La expresión Id en paz implica una palabra de bendición específica. Calentaos y saciaos hace que esta bendición sea específica. Es piadosa. Está llena de fe; Dios proveerá. Es muy religiosa. Es teológicamente correcta. Lo que falta es el ir al guardarropas y la cocina y tomar de la propia ropa y comida y compartirla con el hermano que está en desgracia.’
Santiago termina el v.16 (NVI) con una pregunta contundente: ‘¿De qué servirá eso?’. La respuesta es predecible: ¡de nada!
II. La verdadera fe se expresa en obras (v.18).
A. Fe y obras no pueden separarse nunca.
En esta parte Santiago recrea el dialogo con una persona imaginaria, quien le insiste en separar fe y obras, como si se tratase de dones diferentes. Santiago responde defendiendo la inseparabilidad de la fe y las obras. Fe y obras son como dos lados de una misma moneda, no pueden separarse, de lo contrario carecerían de valor.
B. Fe sin obras, es una fe falsa.
La evidencia de una fe verdadera, son las obras. La fe no es ‘un simple ejercicio intelectual carente de compromiso activo a la obediencia práctica’ (MacArthur).
C. Obras sin fe, es mera filantropía.
El amor por lo semejantes (filantropía) no es algo malo en si mismo, pero no alcanza para ser salvos. Nadie puede reclamar salvación simplemente por practicar la filantropía. La salvación es el resultado de la justicia de Cristo imputada a favor de nosotros.
III. La verdadera fe no consiste en creer lo correcto solamente (v.19).
A. Decir que uno cree en Dios no garantiza una verdadera fe.
Ya hemos mencionado en un sermón anterior, que la ortodoxia, sino no va acompañada de ortopraxis, se descalifica a si misma. Hay que recordar el énfasis que Santiago pone a lo práctico, al hecho de ser hacedores y no solamente oidores (o conocedores). La fe no se mide por el discurso religioso, por más correcto que pueda ser en la teoría.
Nuevamente, frente a su oponente imaginario, Santiago le menciona una verdad de la ortodoxia judía (‘Tú crees que Dios es uno’, cf. Deut. 6:4-5)[2], no descalifica esa verdad, pero intenta decirle, que decirlo no le garantiza nada.
B. Los demonios también creen y tiemblan.
Para Santiago el mero creer que Dios existe, no es ningún merito. ¡También los demonios lo creen y hasta tiemblan! Tiemblan porque saben que sus actos no son justos (por el contrario son rebeldes) y que terminarán en el infierno. De la misma manera nuestro autor quiere que los que han pervertido la fe tiemblen ante Dios y muestren su fe verdadera por sus obras.
IV. La verdadera fe es vivificada por las obras (vv.17, 20, 22, 26).
A. La fe sin obras, es muerta (vv.17, 20b, 26b). La fe muerta es una fe falsa que no es fe en su esencia. Es una falsificación barata de lo que es la verdadera fe, por esto está muerta, por que no produce frutos. Judas (v.12) compara a los falsos maestros como ‘…árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos y desarraigados’. La fe es vivificada por las obras, y los que la practican, también.
Entre los escritores de la antigüedad (i.e. Epicteto), la palabra ‘muerto’ era utilizada para designar lo inservible (Keener, p.690).
B. La fe se perfecciona por las obras (v.22).
Santiago quiere darnos la idea de plenitud de la fe. En esta parte John MacAthur comenta, ‘Así como un árbol frutal no ha llegado a su meta hasta que da fruto, la fe no ha alcanzado su perfección hasta que se demuestra por medio de una vida justa’.
V. “El hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe” (vv.21-25).
A. ¿Justificación por las obras o para buenas obras?
Santiago no se propone desdecir a Pablo en cuanto a la justificación sólo por fe. Tampoco se propone introducir una nueva doctrina de justificación por obras. Anteriormente ya había sostenido que la salvación –en cuanto buena dadiva y don perfecto- es un don gratuito (ver 1:7). De manera que necesitamos poner sus palabras en su contexto. Lo que está tratando de decirnos es que, ‘uno es salvado por lo que hace, así como por lo que cree’. En el sentido de que las acciones son la prueba de la fe (Comentario Bíblico Beacon, ‘Santiago’, p.222. Las negritas son mías). Recordemos que para Santiago, fe y obras son una unidad indivisible. En esta sección, ‘No concluye que el hombre es justificado por las obras y no por la fe, sino que es justificado por las obras y no por la fe sola. Santiago cree en la justificación por la fe, pero no en una fe que no tiene obras (Doerksen, ‘Santiago’ en Comentario Bíblico Portavoz, p.70)’. Somos justificados por la fe que se expresa en obras.
B. Ejemplos prácticos, acerca de esta declaración.
1. Abraham. Dado que los lectores de Santiago son mayormente judíos, nuestro autor toma la figura del patriarca para sostener de manera gráfica, lo que quiere demostrar. Para él, el hecho de que Abraham haya estado dispuesto a sacrificar a su hijo, fue contado como un acto que lo justificaba. Ese acto solamente demostraba ‘la autenticidad de su fe y la realidad de su justificación ante Dios’ (MacArhur). Notemos que este acto es posterior al hecho de ser declarado justo ante Dios (Gn.12:1-7; 15:6). La obra fue un acto posterior a la justificación de Abraham.
2. Rahab. Ella demostró fu fe verdadera ‘al arriesgar su vida y la de su familia para proteger a los mensajeros de Dios’ (MacArthur). Su fe la llevó a la acción. Su obra fue la mayor confirmación de que en ella habitaba una verdadera.
Conclusión:
Estimados hermanos, las enseñanzas de Santiago nos proveen un excelente complemento a las enseñanzas de Pablo, en cuanto a la justificación y la fe. Lo que Santiago ha querido demostrarnos, es que la fe debe vivirse y no solamente pensarse o decirse. Hemos sido justificados no por buenas obras sino para buenas obras. Este el sendero que nos toca transitar en la vida cristiana. Que nuestra fe, base de nuestra justificación, sea verdadera y que se exprese día a día en buenas obras. No olvidemos que la fe verdadera alegra el corazón de Dios y hermosea nuestras vidas.
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Notas Finales:
[1] Pues le dice que se vaya en ‘paz’, que se abrigue y coma hasta saciarse.; ¡como lo haría, si precisamente le falta ropa y comida; para eso vino ante él! ¿Como tendría paz en una situación así.
No olvidemos que hacer escarnio del pobre, o burlarse de él, es lo mismo que burlarse de Dios mismo.
[2] El Shemá, constituía la doctrina básica y fundamental de la ortodoxia judía. Recordemos que Santiago escribe ‘a las doce tribus que están en la dispersión…’ (1:1).
Tema: Características de la verdadera fe
Introducción
En esta sección, Santiago va a argumentar a favor de la unidad y la indivisibilidad de la fe y las obras. La verdadera fe es aquella que se expresa en buenas obras, puesto que las obras son la evidencia irrefutable de una fe verdadera. Sin embargo hay el peligro de descansar sobre una fe muerta, que no es fe al fin, sino un remedo torpe de la única y verdadera fe. La fe que es muerta, no puede justificar a la persona, tampoco el creer en lo correcto lo puede hacer (ortodoxia). Si la fe no va acompañada de obras, simplemente no es fe.
I. La verdadera fe no consiste en palabras (vv.14-16).
A. Decir que uno tiene fe, no garantiza una fe verdadera (v.14a).
La fe verdadera no trata solamente de palabras, ya Santiago nos había animado a que seamos hacedores y no solamente oidores de la Palabra. Una fe verdadera no se basa en lo que uno dice que puede hacer, sino en lo que uno hace. La vida cristiana es por naturaleza, cien por ciento práctica.
B. ¿Podrá ‘esa’ fe salvarle? (v.14b).
Esta es la traducción que emplea la NVI, para referirse a la fe que no es verdadera. Así como hay una religión verdadera basada en lo práctico (atender a los pobres en su aflicción y conservarse limpios del mundo), también existe una fe verdadera, basada en lo práctico (p.ej. atender a los pobres en su necesidad; ver v.15).
Santiago no se propone nunca querer descalificar la doctrina paulina de la justificación, que es el resultado de una fe verdadera, lo que quiere descalificar es la perversión de la fe verdadera.
C. Un ejemplo práctico de la fe que sólo se basa en palabras (vv.15-16).
Santiago nos presenta ahora un ejemplo de una fe basada solamente en palabras. Para esto utiliza la ilustración de un hombre o una mujer (probablemente huérfano o viuda, según el contexto) que no tienen con que vestirse y que comer (ambas son las necesidades más básicas del ser humano). Si alguien, a quien le es presentado el caso, opta por despedirlo de manera burlesca[1], espiritualizando su respuesta, que fe verdadera puede haber en él. El Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno, comenta en esta parte: ‘La expresión Id en paz implica una palabra de bendición específica. Calentaos y saciaos hace que esta bendición sea específica. Es piadosa. Está llena de fe; Dios proveerá. Es muy religiosa. Es teológicamente correcta. Lo que falta es el ir al guardarropas y la cocina y tomar de la propia ropa y comida y compartirla con el hermano que está en desgracia.’
Santiago termina el v.16 (NVI) con una pregunta contundente: ‘¿De qué servirá eso?’. La respuesta es predecible: ¡de nada!
II. La verdadera fe se expresa en obras (v.18).
A. Fe y obras no pueden separarse nunca.
En esta parte Santiago recrea el dialogo con una persona imaginaria, quien le insiste en separar fe y obras, como si se tratase de dones diferentes. Santiago responde defendiendo la inseparabilidad de la fe y las obras. Fe y obras son como dos lados de una misma moneda, no pueden separarse, de lo contrario carecerían de valor.
B. Fe sin obras, es una fe falsa.
La evidencia de una fe verdadera, son las obras. La fe no es ‘un simple ejercicio intelectual carente de compromiso activo a la obediencia práctica’ (MacArthur).
C. Obras sin fe, es mera filantropía.
El amor por lo semejantes (filantropía) no es algo malo en si mismo, pero no alcanza para ser salvos. Nadie puede reclamar salvación simplemente por practicar la filantropía. La salvación es el resultado de la justicia de Cristo imputada a favor de nosotros.
III. La verdadera fe no consiste en creer lo correcto solamente (v.19).
A. Decir que uno cree en Dios no garantiza una verdadera fe.
Ya hemos mencionado en un sermón anterior, que la ortodoxia, sino no va acompañada de ortopraxis, se descalifica a si misma. Hay que recordar el énfasis que Santiago pone a lo práctico, al hecho de ser hacedores y no solamente oidores (o conocedores). La fe no se mide por el discurso religioso, por más correcto que pueda ser en la teoría.
Nuevamente, frente a su oponente imaginario, Santiago le menciona una verdad de la ortodoxia judía (‘Tú crees que Dios es uno’, cf. Deut. 6:4-5)[2], no descalifica esa verdad, pero intenta decirle, que decirlo no le garantiza nada.
B. Los demonios también creen y tiemblan.
Para Santiago el mero creer que Dios existe, no es ningún merito. ¡También los demonios lo creen y hasta tiemblan! Tiemblan porque saben que sus actos no son justos (por el contrario son rebeldes) y que terminarán en el infierno. De la misma manera nuestro autor quiere que los que han pervertido la fe tiemblen ante Dios y muestren su fe verdadera por sus obras.
IV. La verdadera fe es vivificada por las obras (vv.17, 20, 22, 26).
A. La fe sin obras, es muerta (vv.17, 20b, 26b). La fe muerta es una fe falsa que no es fe en su esencia. Es una falsificación barata de lo que es la verdadera fe, por esto está muerta, por que no produce frutos. Judas (v.12) compara a los falsos maestros como ‘…árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos y desarraigados’. La fe es vivificada por las obras, y los que la practican, también.
Entre los escritores de la antigüedad (i.e. Epicteto), la palabra ‘muerto’ era utilizada para designar lo inservible (Keener, p.690).
B. La fe se perfecciona por las obras (v.22).
Santiago quiere darnos la idea de plenitud de la fe. En esta parte John MacAthur comenta, ‘Así como un árbol frutal no ha llegado a su meta hasta que da fruto, la fe no ha alcanzado su perfección hasta que se demuestra por medio de una vida justa’.
V. “El hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe” (vv.21-25).
A. ¿Justificación por las obras o para buenas obras?
Santiago no se propone desdecir a Pablo en cuanto a la justificación sólo por fe. Tampoco se propone introducir una nueva doctrina de justificación por obras. Anteriormente ya había sostenido que la salvación –en cuanto buena dadiva y don perfecto- es un don gratuito (ver 1:7). De manera que necesitamos poner sus palabras en su contexto. Lo que está tratando de decirnos es que, ‘uno es salvado por lo que hace, así como por lo que cree’. En el sentido de que las acciones son la prueba de la fe (Comentario Bíblico Beacon, ‘Santiago’, p.222. Las negritas son mías). Recordemos que para Santiago, fe y obras son una unidad indivisible. En esta sección, ‘No concluye que el hombre es justificado por las obras y no por la fe, sino que es justificado por las obras y no por la fe sola. Santiago cree en la justificación por la fe, pero no en una fe que no tiene obras (Doerksen, ‘Santiago’ en Comentario Bíblico Portavoz, p.70)’. Somos justificados por la fe que se expresa en obras.
B. Ejemplos prácticos, acerca de esta declaración.
1. Abraham. Dado que los lectores de Santiago son mayormente judíos, nuestro autor toma la figura del patriarca para sostener de manera gráfica, lo que quiere demostrar. Para él, el hecho de que Abraham haya estado dispuesto a sacrificar a su hijo, fue contado como un acto que lo justificaba. Ese acto solamente demostraba ‘la autenticidad de su fe y la realidad de su justificación ante Dios’ (MacArhur). Notemos que este acto es posterior al hecho de ser declarado justo ante Dios (Gn.12:1-7; 15:6). La obra fue un acto posterior a la justificación de Abraham.
2. Rahab. Ella demostró fu fe verdadera ‘al arriesgar su vida y la de su familia para proteger a los mensajeros de Dios’ (MacArthur). Su fe la llevó a la acción. Su obra fue la mayor confirmación de que en ella habitaba una verdadera.
Conclusión:
Estimados hermanos, las enseñanzas de Santiago nos proveen un excelente complemento a las enseñanzas de Pablo, en cuanto a la justificación y la fe. Lo que Santiago ha querido demostrarnos, es que la fe debe vivirse y no solamente pensarse o decirse. Hemos sido justificados no por buenas obras sino para buenas obras. Este el sendero que nos toca transitar en la vida cristiana. Que nuestra fe, base de nuestra justificación, sea verdadera y que se exprese día a día en buenas obras. No olvidemos que la fe verdadera alegra el corazón de Dios y hermosea nuestras vidas.
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Notas Finales:
[1] Pues le dice que se vaya en ‘paz’, que se abrigue y coma hasta saciarse.; ¡como lo haría, si precisamente le falta ropa y comida; para eso vino ante él! ¿Como tendría paz en una situación así.
No olvidemos que hacer escarnio del pobre, o burlarse de él, es lo mismo que burlarse de Dios mismo.
[2] El Shemá, constituía la doctrina básica y fundamental de la ortodoxia judía. Recordemos que Santiago escribe ‘a las doce tribus que están en la dispersión…’ (1:1).
Sermon 4 (El problema de la discriminación)
Pasaje: Santiago 2:1-13.
Tema: El problema de la discriminación
Introducción
El problema de la discriminación es algo que parece haber existido entre los lectores de la carta escrita por Santiago. En algunos pasajes nuestro autor se refiere a ricos y a pobres. Pareciera ser que ambos grupos convivían juntos dentro de la misma hermandad (lo que reconocemos hoy como la iglesia). Santiago se propone en esta sección, sacar a relucir un problema que había entre los hermanos, a fin de abordarlo en un estilo muy pastoral. Su objetivo no es ridiculizar al rico e idealizar al pobre, sino regular los favoritismos que se hacían en torno a ellos.
Veamos algunas verdades, en cuanto al problema de la discriminación, entre los creyentes.
I. Sucede también entre los creyentes (vv.1-3).
A. El llamado está dirigido a los hermanos ‘que creen en nuestro glorioso Señor Jesucristo’ (v.1, DHH). El problema de la discriminación parece ser un asunto que también ocurre entre los creyentes. Santiago utiliza la palabra ‘hermanos’ para referirse a sus destinatarios[1]. Eso quiere decir que los creyentes estaban haciendo acepción de personas entre ricos y pobres.
B. La fe de los creyentes excluye la discriminación. Santiago utiliza la palabra ‘vuestra fe’, no como un sinónimo del acto de creer, sino para referirse ‘a la fe cristiana como un todo, cuyo enfoque principal es Jesucristo’ (MacArthur). La verdadera fe se opone a la discriminación del pobre. En el sermón anterior dijimos que Dios es presentado en el AT como el defensor de los pobres (huérfanos, viudas y extranjeros sin tierra), entonces, afrentar a los pobres, es afrentar al mismo Dios[2]. Si Dios defiende al pobre y no hace acepción de personas, su pueblo está llamado a hacer lo mismo[3].
Entonces, si la fe de los creyentes excluye la discriminación, la practica de nuestra fe, debe ser sin acepción de personas.
C. Ni el oro, ni la ropa lujosa, pueden ser la unidad de medida para que las personas sean aceptadas. Santiago menciona estos dos aspectos externos de la riqueza. En la época, lo ricos llevaban anillos de oro en cada dedo (excepto el dedo medio), para evidenciar su riqueza. Al parecer los hermanos habían caído en las mismas redes y reglas del mundo: valorar a las personas por su apariencia y sus posesiones. Debemos de recordar que, ‘…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee’ (Lc.12.15b).
Aplicación. Estimados hermanos, nuestra sociedad es una de las sociedades más discriminantes. En el mundo uno vale por lo que tiene. Constantemente se hacen diferencias entre los pobres y los ricos. De una manera se les trata a los ricos, por ejemplo, en el poder judicial, y de otra manera a los desposeídos. ¿Podríamos decir que en la iglesia tales prácticas no existen, o hemos sucumbido a las reglas de este sistema?
II. Convierte a los creyentes en jueces mal intencionados (v.4).
A. Discriminar a las personas por tener o no tener dinero, es una forma de juzgarlos. En toda discriminación, o favoritismo, existe un juicio de valor contra la persona. El juicio es un acto que no está permitido a los creyentes, porque ese es un rol reservado solamente para Dios.
B. La Palabra nos insta una y otra vez a no ser jueces de nuestros hermanos[4]. Dios no nos ha llamado a la vida cristiana a ser jueces de nadie. Mucho menos jueces injustos con malas intenciones, como es el caso de los destinatarios de la carta de Santiago. Él les llama la atención fuertemente por actuar de esa manera.
Aplicación. Estimados presentes, les animo a que revisemos nuestras relaciones y veamos dentro de nosotros mismos. ¿La forma como nos relacionamos con algunos, es la de un juez injusto, que se deja llevar por los favoritismos, o somos personas que practicamos la igualdad?
III. No permite ver el rol de los pobres en la historia de la salvación (v.5-7).
A. Los pobres en riquezas materiales han sido elegidos para ser ricos en fe (v.5a). No significa que la fe es un monopolio de los pobres, sino, que, ‘al no tener en este mundo las satisfacciones que los ricos encuentran, se hallan más libres de los muchos peligros que las riquezas ocasionan y más inclinados a depender de la providencia divina’ (Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.27).
B. También para ser herederos del reino (v.5b). Santiago no se propone decir que los ricos, por ser ricos, están excluidos de la fe y del reino. Por lo tanto, no debemos de interpretar ambos versículos en términos económicos solamente. J. Alonso aclara que el término pobre, es una espiritualización del piadoso, por lo tanto debe de tomársele como un sinónimo. Eso lo vemos claramente cuando vemos la última parte del v.5. Note que la promesa está dirigida a ´los que lo aman [a Dios]’.
C. La incomodidad de Santiago aumenta al darse cuenta que los hermanos, a los cuales está dirigida la carta, se han puesto del lado de los opresores y han dado la espalda al piadoso- pobre (v.6). Se han enfilado con los que blasfeman el nombre de Jesucristo (v.7). En buena cuenta están participando, por complicidad, del pecado de los blasfemos. Más adelante Santiago va a sentenciar ‘el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado’ (4:17, RV95).
Es muy probable que estos hermanos piensen que podían obtener favores, debido a su adulación hacia los ricos. Pero parecen no darse cuenta que es un acto de desprecio y maltrato contra los pobres. No se dan cuenta que a los ricos no les interesaba sus lisonjas, pues igual estaban dispuestos a llevarlos a los tribunales.
Amar a los ricos y respetarlos no es el problema, sino hacerlo de manera que se discrimine a los pobres.
Aplicación. En nuestra vida como creyentes, nuestro deber es estar del lado de la verdad, de la justicia y de nuestros hermanos (cuando ellos están en lo correcto). En 2Cor.6:14-15, La Palabra nos insta a no unirnos ‘…en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? 15¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?’.
IV. No permite a los creyentes cumplir los preceptos divinos (vv.8-12).
A. La Ley prohibía la acepción (favoritismo, discriminación) de personas. Por lo tanto, quienes discriminaban, estaban incumpliendo la Ley de Dios. En Levítico 19:15 (cf. Dt.1:17; 16:19,20) dice: ‘No cometerás injusticia en los juicios, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo’. Queda claro entonces que hacer favoritismo no permite cumplir con la Ley de Dios.
B. Jesús resumió la Ley en dos mandamientos. Aquí Santiago cita el amor al prójimo como una forma de cumplir con la Ley suprema. Entonces, hacer acepción de personas, era un incumplimiento de la Ley, los convertía en transgresores de la misma.
C. La Ley tiene un carácter integral. Es decir, se tiene que cumplirla por completo. De igual modo, la vida cristiana es integral, o se es creyente o no se es. No hay lugar para la tibieza, pues si no se es caliente, se es frio. Santiago no distingue pecados grandes o pequeños. El pecado, por más pequeño que nosotros pensemos, es igualmente pecado.
D. La ley de la libertad. Santiago ya nos había hablado de esto en el capítulo anterior (1:25). La ley de la libertad es una alusión al evangelio de Jesucristo. Es en esta ‘ley’ donde se demanda misericordia y se premia al misericordioso. Ese es el evangelio que debemos seguir. Esta ley está en concordancia con la ley mosaica y no se opone a ella.
Aplicación. A veces podemos descansar en el hecho de que no hemos matado a nadie, o que no somos adúlteros, pensando de esta manera que ya hemos cumplido todo en la vida cristiana, sin embargo, hacer acepción de personas, me lleva a la misma categoría de un asesino o un adúltero.
V. No permite apropiarse de la misericordia de Dios (v.13).
A. El favoritismo muchas veces lleva a una misericordia desigual. Debido a la acepción de personas, muchas veces los seres humanos tenemos una regla de medida para unos y otra para el resto. Aplicamos misericordia a unos y se la negamos a otros. Somos menos estrictos con los que más tienen y mucho más duros con los que menos tienen.
B. La inmisericordia nos expone a un juicio sin misericordia. Puesto que de la misma manera como juzgamos, seremos también juzgados. Con la misma medida con que medimos, nos medirán (Mt.7:1-2).
C. Por el contrario, la misericordia triunfa sobre el juicio. Puesto que Dios se muestra misericordioso, en el juicio, con quienes hacen misericordia[5].
Severidad, misericordia y juicio se ven claramente en la parábola de Mt. 18:23-35.
Aplicación. Hermanos, debemos de ser conscientes de que ‘Dios juzgará con severidad al que no tenga misericordia. Pero el que sea misericordioso no tiene porque temer, pues cuando sea juzgado obtendrá victoria. La misericordia, en la lucha entablada con el juicio, logrará el triunfo’ (Salguero, citado en el Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.30)
Conclusión
Estimados hermanos, sin duda, necesitamos reflexionar profundamente en cuanto a la forma como nos relacionamos con los demás. No olvidemos nunca que hacer las cosas en desmedro de los pobres, es una afrenta directa contra Dios. No está mal tener consideraciones hacia el rico, lo que está mal es no hacer lo mismo con el pobre.
En una sociedad tan desigual y tan discriminadora, los creyentes estamos llamados a ser luz en medio de las tinieblas. Los favoritismos no deben pasar entre los creyentes. Que el Señor nos ayude y transforme.
Notas Finales:
-----------------------
[1] ‘Hermanos míos…’ (2:1); ‘Hermanos míos amados…’ (2:5); ‘Hermanos míos…’ (2:14).
[2] Cf. Prov.17:5. ‘El que se burla del pobre ofende a su Creador; el que se alegra de su desgracia no quedará sin castigo (DHH).
[3] ‘Porque Jehová, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni recibe sobornos, 18que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero y le da pan y vestido. 19Amaréis, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.’ (Dt. 10:17-19).
[4] Mt.7:1-2; Lc.6:37.
[5] Salmo 18:25; ‘Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y recto con el hombre íntegro’.
Mateo 5:7; ‘Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia’.
Tema: El problema de la discriminación
Introducción
El problema de la discriminación es algo que parece haber existido entre los lectores de la carta escrita por Santiago. En algunos pasajes nuestro autor se refiere a ricos y a pobres. Pareciera ser que ambos grupos convivían juntos dentro de la misma hermandad (lo que reconocemos hoy como la iglesia). Santiago se propone en esta sección, sacar a relucir un problema que había entre los hermanos, a fin de abordarlo en un estilo muy pastoral. Su objetivo no es ridiculizar al rico e idealizar al pobre, sino regular los favoritismos que se hacían en torno a ellos.
Veamos algunas verdades, en cuanto al problema de la discriminación, entre los creyentes.
I. Sucede también entre los creyentes (vv.1-3).
A. El llamado está dirigido a los hermanos ‘que creen en nuestro glorioso Señor Jesucristo’ (v.1, DHH). El problema de la discriminación parece ser un asunto que también ocurre entre los creyentes. Santiago utiliza la palabra ‘hermanos’ para referirse a sus destinatarios[1]. Eso quiere decir que los creyentes estaban haciendo acepción de personas entre ricos y pobres.
B. La fe de los creyentes excluye la discriminación. Santiago utiliza la palabra ‘vuestra fe’, no como un sinónimo del acto de creer, sino para referirse ‘a la fe cristiana como un todo, cuyo enfoque principal es Jesucristo’ (MacArthur). La verdadera fe se opone a la discriminación del pobre. En el sermón anterior dijimos que Dios es presentado en el AT como el defensor de los pobres (huérfanos, viudas y extranjeros sin tierra), entonces, afrentar a los pobres, es afrentar al mismo Dios[2]. Si Dios defiende al pobre y no hace acepción de personas, su pueblo está llamado a hacer lo mismo[3].
Entonces, si la fe de los creyentes excluye la discriminación, la practica de nuestra fe, debe ser sin acepción de personas.
C. Ni el oro, ni la ropa lujosa, pueden ser la unidad de medida para que las personas sean aceptadas. Santiago menciona estos dos aspectos externos de la riqueza. En la época, lo ricos llevaban anillos de oro en cada dedo (excepto el dedo medio), para evidenciar su riqueza. Al parecer los hermanos habían caído en las mismas redes y reglas del mundo: valorar a las personas por su apariencia y sus posesiones. Debemos de recordar que, ‘…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee’ (Lc.12.15b).
Aplicación. Estimados hermanos, nuestra sociedad es una de las sociedades más discriminantes. En el mundo uno vale por lo que tiene. Constantemente se hacen diferencias entre los pobres y los ricos. De una manera se les trata a los ricos, por ejemplo, en el poder judicial, y de otra manera a los desposeídos. ¿Podríamos decir que en la iglesia tales prácticas no existen, o hemos sucumbido a las reglas de este sistema?
II. Convierte a los creyentes en jueces mal intencionados (v.4).
A. Discriminar a las personas por tener o no tener dinero, es una forma de juzgarlos. En toda discriminación, o favoritismo, existe un juicio de valor contra la persona. El juicio es un acto que no está permitido a los creyentes, porque ese es un rol reservado solamente para Dios.
B. La Palabra nos insta una y otra vez a no ser jueces de nuestros hermanos[4]. Dios no nos ha llamado a la vida cristiana a ser jueces de nadie. Mucho menos jueces injustos con malas intenciones, como es el caso de los destinatarios de la carta de Santiago. Él les llama la atención fuertemente por actuar de esa manera.
Aplicación. Estimados presentes, les animo a que revisemos nuestras relaciones y veamos dentro de nosotros mismos. ¿La forma como nos relacionamos con algunos, es la de un juez injusto, que se deja llevar por los favoritismos, o somos personas que practicamos la igualdad?
III. No permite ver el rol de los pobres en la historia de la salvación (v.5-7).
A. Los pobres en riquezas materiales han sido elegidos para ser ricos en fe (v.5a). No significa que la fe es un monopolio de los pobres, sino, que, ‘al no tener en este mundo las satisfacciones que los ricos encuentran, se hallan más libres de los muchos peligros que las riquezas ocasionan y más inclinados a depender de la providencia divina’ (Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.27).
B. También para ser herederos del reino (v.5b). Santiago no se propone decir que los ricos, por ser ricos, están excluidos de la fe y del reino. Por lo tanto, no debemos de interpretar ambos versículos en términos económicos solamente. J. Alonso aclara que el término pobre, es una espiritualización del piadoso, por lo tanto debe de tomársele como un sinónimo. Eso lo vemos claramente cuando vemos la última parte del v.5. Note que la promesa está dirigida a ´los que lo aman [a Dios]’.
C. La incomodidad de Santiago aumenta al darse cuenta que los hermanos, a los cuales está dirigida la carta, se han puesto del lado de los opresores y han dado la espalda al piadoso- pobre (v.6). Se han enfilado con los que blasfeman el nombre de Jesucristo (v.7). En buena cuenta están participando, por complicidad, del pecado de los blasfemos. Más adelante Santiago va a sentenciar ‘el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado’ (4:17, RV95).
Es muy probable que estos hermanos piensen que podían obtener favores, debido a su adulación hacia los ricos. Pero parecen no darse cuenta que es un acto de desprecio y maltrato contra los pobres. No se dan cuenta que a los ricos no les interesaba sus lisonjas, pues igual estaban dispuestos a llevarlos a los tribunales.
Amar a los ricos y respetarlos no es el problema, sino hacerlo de manera que se discrimine a los pobres.
Aplicación. En nuestra vida como creyentes, nuestro deber es estar del lado de la verdad, de la justicia y de nuestros hermanos (cuando ellos están en lo correcto). En 2Cor.6:14-15, La Palabra nos insta a no unirnos ‘…en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? 15¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?’.
IV. No permite a los creyentes cumplir los preceptos divinos (vv.8-12).
A. La Ley prohibía la acepción (favoritismo, discriminación) de personas. Por lo tanto, quienes discriminaban, estaban incumpliendo la Ley de Dios. En Levítico 19:15 (cf. Dt.1:17; 16:19,20) dice: ‘No cometerás injusticia en los juicios, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo’. Queda claro entonces que hacer favoritismo no permite cumplir con la Ley de Dios.
B. Jesús resumió la Ley en dos mandamientos. Aquí Santiago cita el amor al prójimo como una forma de cumplir con la Ley suprema. Entonces, hacer acepción de personas, era un incumplimiento de la Ley, los convertía en transgresores de la misma.
C. La Ley tiene un carácter integral. Es decir, se tiene que cumplirla por completo. De igual modo, la vida cristiana es integral, o se es creyente o no se es. No hay lugar para la tibieza, pues si no se es caliente, se es frio. Santiago no distingue pecados grandes o pequeños. El pecado, por más pequeño que nosotros pensemos, es igualmente pecado.
D. La ley de la libertad. Santiago ya nos había hablado de esto en el capítulo anterior (1:25). La ley de la libertad es una alusión al evangelio de Jesucristo. Es en esta ‘ley’ donde se demanda misericordia y se premia al misericordioso. Ese es el evangelio que debemos seguir. Esta ley está en concordancia con la ley mosaica y no se opone a ella.
Aplicación. A veces podemos descansar en el hecho de que no hemos matado a nadie, o que no somos adúlteros, pensando de esta manera que ya hemos cumplido todo en la vida cristiana, sin embargo, hacer acepción de personas, me lleva a la misma categoría de un asesino o un adúltero.
V. No permite apropiarse de la misericordia de Dios (v.13).
A. El favoritismo muchas veces lleva a una misericordia desigual. Debido a la acepción de personas, muchas veces los seres humanos tenemos una regla de medida para unos y otra para el resto. Aplicamos misericordia a unos y se la negamos a otros. Somos menos estrictos con los que más tienen y mucho más duros con los que menos tienen.
B. La inmisericordia nos expone a un juicio sin misericordia. Puesto que de la misma manera como juzgamos, seremos también juzgados. Con la misma medida con que medimos, nos medirán (Mt.7:1-2).
C. Por el contrario, la misericordia triunfa sobre el juicio. Puesto que Dios se muestra misericordioso, en el juicio, con quienes hacen misericordia[5].
Severidad, misericordia y juicio se ven claramente en la parábola de Mt. 18:23-35.
Aplicación. Hermanos, debemos de ser conscientes de que ‘Dios juzgará con severidad al que no tenga misericordia. Pero el que sea misericordioso no tiene porque temer, pues cuando sea juzgado obtendrá victoria. La misericordia, en la lucha entablada con el juicio, logrará el triunfo’ (Salguero, citado en el Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.30)
Conclusión
Estimados hermanos, sin duda, necesitamos reflexionar profundamente en cuanto a la forma como nos relacionamos con los demás. No olvidemos nunca que hacer las cosas en desmedro de los pobres, es una afrenta directa contra Dios. No está mal tener consideraciones hacia el rico, lo que está mal es no hacer lo mismo con el pobre.
En una sociedad tan desigual y tan discriminadora, los creyentes estamos llamados a ser luz en medio de las tinieblas. Los favoritismos no deben pasar entre los creyentes. Que el Señor nos ayude y transforme.
Notas Finales:
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[1] ‘Hermanos míos…’ (2:1); ‘Hermanos míos amados…’ (2:5); ‘Hermanos míos…’ (2:14).
[2] Cf. Prov.17:5. ‘El que se burla del pobre ofende a su Creador; el que se alegra de su desgracia no quedará sin castigo (DHH).
[3] ‘Porque Jehová, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni recibe sobornos, 18que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero y le da pan y vestido. 19Amaréis, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.’ (Dt. 10:17-19).
[4] Mt.7:1-2; Lc.6:37.
[5] Salmo 18:25; ‘Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y recto con el hombre íntegro’.
Mateo 5:7; ‘Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia’.
sábado, 28 de marzo de 2009
CARTA A MI HEROE

CARTA A MI HEROE
T e fuiste una madrugada de domingo,
Con tu cuerpo cansado,
Pero sin que te falte una sonrisa.
Fuiste mi héroe, mi amigo, mi consejero, mi pastor,
Mi maestro de la doctrina,
Pero mejor aun, mi padre.
No puedo olvidar los momentos que vivimos
Juntos en la vida cristiana.
Fuiste tú quien me presentó a la iglesia,
Quien me bautizó, tú me casaste,
Tú dedicaste a mi pequeña Naomi en el altar.
Fuiste tú quien me comprendió cuando
Decidí dejar todo por el ministerio.
¡Cómo no la harías, si tú habías hecho lo mismo!
Fuiste tú quien me enseñó que una familia sólida
Es la mejor obra de un pastor.
Tú inspiraste siempre mi vida,
Nunca te lo dije, pero tú fuiste mi héroe.
Todavía lo eres.
Te he visto luchar soldado de Cristo,
Te he visto llorar,
Pero también te he visto vencer.
¡Como admiro que hayas sido fiel hasta la muerte!
¡Como deseo pelear como tú, la buena batalla y
Al final ver a Cristo en su Gloria!
¡Como quisiera ser y hacer tan sólo la mitad de lo que
Fuiste e hiciste, mi héroe!
Hoy descansas tranquilo soldado valiente,
En el regazo de nuestro Señor.
Yo también llegaré, y nos uniremos al gran coro celestial
Y tendremos vestiduras blancas, y un nuevo nombre,
Y un cinturón de oro y muchas coronas.
No olvidaré que tú oraste por mí,
Para que mi fe no falte en el momento fatal.
¡Creo que nuestro Señor no ha olvidado tu oración!
Tampoco he olvidado que cuando estuve
Al pie de tu tumba, prometí continuar con la obra.
¡Seguiré adelante, por mi Cristo y por ti mí héroe!
En memoria del pastor del pastor Juan Manuel (Orestes) Ramos Aguirre [29 Enero 1924 – 5 Nov. 2006], mi héroe, mi padre.
T e fuiste una madrugada de domingo,
Con tu cuerpo cansado,
Pero sin que te falte una sonrisa.
Fuiste mi héroe, mi amigo, mi consejero, mi pastor,
Mi maestro de la doctrina,
Pero mejor aun, mi padre.
No puedo olvidar los momentos que vivimos
Juntos en la vida cristiana.
Fuiste tú quien me presentó a la iglesia,
Quien me bautizó, tú me casaste,
Tú dedicaste a mi pequeña Naomi en el altar.
Fuiste tú quien me comprendió cuando
Decidí dejar todo por el ministerio.
¡Cómo no la harías, si tú habías hecho lo mismo!
Fuiste tú quien me enseñó que una familia sólida
Es la mejor obra de un pastor.
Tú inspiraste siempre mi vida,
Nunca te lo dije, pero tú fuiste mi héroe.
Todavía lo eres.
Te he visto luchar soldado de Cristo,
Te he visto llorar,
Pero también te he visto vencer.
¡Como admiro que hayas sido fiel hasta la muerte!
¡Como deseo pelear como tú, la buena batalla y
Al final ver a Cristo en su Gloria!
¡Como quisiera ser y hacer tan sólo la mitad de lo que
Fuiste e hiciste, mi héroe!
Hoy descansas tranquilo soldado valiente,
En el regazo de nuestro Señor.
Yo también llegaré, y nos uniremos al gran coro celestial
Y tendremos vestiduras blancas, y un nuevo nombre,
Y un cinturón de oro y muchas coronas.
No olvidaré que tú oraste por mí,
Para que mi fe no falte en el momento fatal.
¡Creo que nuestro Señor no ha olvidado tu oración!
Tampoco he olvidado que cuando estuve
Al pie de tu tumba, prometí continuar con la obra.
¡Seguiré adelante, por mi Cristo y por ti mí héroe!
En memoria del pastor del pastor Juan Manuel (Orestes) Ramos Aguirre [29 Enero 1924 – 5 Nov. 2006], mi héroe, mi padre.
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In memoriam post mortem (Carta a Papá)
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