Pasaje: Santiago 3:1-12.
Tema: Peligros en cuanto al mal uso de la lengua
Introducción
De todos los escritores bíblicos del NT, Santiago es quien dedica más tiempo al tema de la lengua (el hablar), puesto que ésta resulta indomable. En esta sección, nuestro autor compara la lengua con el fuego, las manchas, las bestias, y el veneno. Los peligros del mal uso de la lengua son múltiples. En este pasaje Santiago nos va a advertir acerca de algunas de ellas.
I. Conduce al protagonismo (v.1)
A. Ser maestro en tiempos de Santiago.
En Israel, ser maestro o rabí, era un cargo de alto honor. Arthur Carr (citado por Gregory, 1986, p.64) menciona que:
El hablar con el maestro, invitarle a ser su huésped, casarse con su hija, era considerado en Israel como el más alto honor. Se esperaba que los hombres jóvenes consideraran una gloria llevar la carga del rabino, traerle su agua, enalbardar [poner una silla de montar] su asno
De manera que ser maestro en Israel, representaba posición, poder y prestigio. El problema de fondo aquí es buscar ser maestro de muchos, sólo por protagonismo, sin aplicar la verdad que se está enseñando. La reputación del maestro cristiano no se basa en lo que dice, sino en lo que hace.
B. La elocuencia de la lengua no es la base de la enseñanza bíblica.
Recordemos que Santiago nos llama una y otra vez a ser ‘hacedores’ de la palabra. La vida cristiana no sólo se basa en decir lo correcto, sino que se complementa con hacer lo correcto.
C. Palabras sin obras, termina en condenación.
La semana pasada, Santiago nos había notificado acerca de la existencia de una fe falsa, que de ninguna manera justifica. Aquí el sentido va a ser el mismo. Pretender elocuencia en la enseñanza bíblica y separarlo de las obras, tiene un final infeliz. Dios nos va a juzgar por cada palabra que digamos (Mt.12:36-37)[1]. Sin embargo, el juicio final será más exigente para aquellos que conocemos más y enseñamos de la palabra (Lc.12:48)[2].
II. Empuja a la ofensa verbal (vv.2-4)
A. El elemento principal para la ofensa es nuestra propia lengua.
Santiago menciona, ‘todos ofendemos muchas veces’ y no deja de estar en lo cierto. Pero, desde que los efectos de la lengua muchas veces son negativos, lograr controlarla nos ahorrará muchas desavenencias en las relaciones interpersonales en la iglesia y en el hogar.
B. Quien no ofende, es una persona perfecta[3].
Lo que Santiago está tratando de decirnos es que, aquella persona que logra controlar su lengua, es una persona madura en la vida cristiana. La forma de mostrar nuestra madurez en la vida cristiana, es por el uso de nuestra lengua.
C. Quien logra domar su lengua, puede controlar sus pasiones.
Quien logra controlar su lengua y no es controlado por ella, está en condiciones de poder controlar las pasiones de sus cuerpos. Nuestro cuerpo es comparado con una bestia salvaje (el caballo cimarrón), que sólo puede ser domado por nuestra lengua. También es comparado con el pequeño timón de un barco, que tiene el poder de controlar una enorme embarcación, y hasta resistir grandes tempestades.
Aplicación: ¿De qué manera estamos utilizando nuestra lengua?, ¿la dominamos o ella nos domina a nosotros?
III. Produce jactancia/orgullo (v.5)
A. A pesar de ser un pequeño músculo recubierto de una membrana mucosa, su poder es inimaginable.
Por eso es que se jacta de muchas cosas. Sin duda el mal uso de la lengua vuelve orgullosas a las personas. En la vida he conocido muchas personas que se jactan de sus cargos, de sus conocimientos, de su dinero, de su posición. Siempre están hablando de si mismos y esperando halagos de las personas. También he visto su final, sus historias nunca tienen un final feliz.
B. Siendo pequeña destruye mucho.
Nuestro autor compara la lengua con una chispa, que siendo tan pequeña, puede incendiar un inmenso bosque. La National Geographic, en una publicación de Febrero de 1983, dio cuenta que:
…un incendio hizo estragos en el sudoeste de Australia. Los vientos llegaron a ser huracanados, y en cuestión de horas las llamas avanzaron velozmente a lo largo de kilómetros de costa. En veinticuatro horas un amplio radio de ricas tierras de cultivo y un fragante bosque de eucaliptos quedaron reducidos a tierra calcinada. Setenta personas murieron, y los daños materiales se calcularon en más de 450 millones de dólares.
De la misma manera la lengua puede destruir o levantar a una persona. El buen o mal uso de la lengua es una decisión que cada creyente debe de hacer, sin desconocer sus consecuencias. La vida y la muerte están en poder de la lengua (Prov.18:21).
Aplicación: Una sola palabra puede carbonizar para siempre la reputación de una persona. ¿De qué manera estamos usando nuestra lengua en relación a los demás?
IV. Contamina todo el cuerpo (v.6)
A. Todo el cuerpo se contamina por un pequeño miembro contaminado.
Santiago presenta aquí a la lengua ‘como una fuerza corruptora que se extiende por toda la persona’ (Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.38). Una fuerza que –en algunas personas- ha usurpado el mando del entendimiento y que por eso gobierna y recorre todo el cuerpo, cual victorioso general, llenando de su inmundicia y devastando todo el cuerpo. De esta manera termina inflamando ‘el curso de nuestra vida’ (LBA).
B. El origen de la contaminación y del fuego destructor de la lengua, es el infierno mismo.
Nuestro autor señala a la Gehena, como el origen de la perversa combustión de las llamas de la lengua. La Gehena sólo se menciona aquí y en los evangelios. En este punto Gregory (p.69) comenta, ‘…ninguna otra cosa de la creación se relaciona de esa manera con las llamas del mismo infierno’. Eso nos da una idea del poder que Santiago le atribuye a la lengua.
Aplicación: Hermanos no dejemos que la lengua contamine lo que Dios ha santificado. Seamos sacrificios vivos, santos y agradables a Dios.
V. A veces la lengua se vuelve indomable (vv.7-8)
A. A veces resulta más fácil domar una bestia salvaje, que domar nuestra lengua. Nos resulta increíble ver tigres salvajes, actuando como gatitos indefensos en los circos. Nos llena de orgullo la superioridad del hombre sobre las bestias[4] más salvajes de la creación, pero aun cuando eso hemos logrado, ni siquiera hemos podido domar la lengua de nuestro propio cuerpo. Ya para la época de Santiago, el hombre había logrado domar la lengua de los animales, Peter Muller (citado por Gregory, p.68) nos da cuenta que: ‘Octavio, quien más tarde llegaría a ser el emperador Augusto, regresó a Roma tras derrotar a Marco Antonio. Se le regaló un cuervo adiestrado para decir: "Ave César, líder victorioso”’.
B. Dejar la lengua a su merced es un peligro, pues está llena de ‘veneno mortal’.
Dejar que nuestra lengua se pasee a rienda suelta, es como dejar que una mamba negra[5] se pasee por el dormitorio de nuestros hijos. Sería un acto de tremenda irresponsabilidad, por eso la urgencia y la necesidad de domar nuestra lengua y ponerle freno.
Aplicación: Dominemos nuestra lengua y no dejemos que ella nos domine a nosotros.
VI. Vuelve hipócritas a las personas (vv.9-12)
A. Pues con ella se bendice a Dios y se maldice a los hombres.
No solo debemos decir frases bonitas a Dios en el templo, sino también fuera de el, en nuestro contacto con la creación de Dios. Para Santiago, bendecir el nombre de Dios y maldecir a los hombres (‘que están hechos a la semejanza de Dios’)[6], es un acto de refinada hipocresía[7].
B. Esto es inconsistente.
Santiago no puede entender que con la misma boca con la cual tomamos la Cena del Señor, predicamos las sanas palabras del evangelio y oramos, podamos también chismear, calumniar, insultar y maldecir. Simplemente es inconsistente. Una boca purificada[8] no puede tener un uso pecaminoso. ¡De una misma fuente no puede aflorar agua dulce y salada a la vez!
Aplicación: ‘Hermanos míos, esto no debe ser así’. Santiago nos habla siempre en un lenguaje muy pastoral, él mismo se incluye entre las personas a las cuales demanda.
Conclusión
Después de leer a Santiago podríamos concluir que ningún ser humano puede dominar su propia lengua. La mala noticia es que estamos en lo cierto, pero la buena noticia es que Dios si puede hacerlo. El gran Agustín, comentando de Santiago con respecto a la posibilidad de dominar nuestra propia lengua, escribe: ‘[Santiago] no dice que ninguno pueda domar la lengua, sino que ningún hombre [sólo y por su propia cuenta]; de manera que cuando es domada confesamos que esto ha sucedido por causa de la misericordia, la ayuda, la gracia de Dios’. Pidamos que Dios a través de su Espíritu Santo nos ayude en este intento, de manera que seamos presentados como hombres maduros y cabales para honra de Dios.
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Notas Finales:
[1] ‘Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado’.
[2] ‘Pero el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco, porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.’
[3] Del griego te,leioj. Su significado denota madurez en el sentido fisiológico. Esta palabra se empleaba para designar a un hombre completamente desarrollado, que ha llegado a su mayoría de edad, a diferencia de un niño quien no ha logrado desarrollar completamente. De ninguna manera se debe de entender la ‘perfección’, en el lenguaje de Santiago, como un sinónimo de ausencia de pecado.
[4] Santiago enumera la creación viviente animal en sus cuatro categorías básicas: bestias, aves, serpientes y peces.
[5] Serpiente muy venenosa de la familia de las cobras, caracterizada por ser muy rápida. Puede matar antes que se aplique un antídoto a la persona.
[6] El NCB: Siglo XXI, comenta en esta parte, ‘En los días del autor, el rey o emperador ponía su estatua en las ciudades de su dominio. Si alguno la insultaba o maldecía, era tratado como si hubiera maldecido al emperador en la cara, porque la estatua era la imagen del emperador. Por lo tanto, insultar a una persona, hecha a la imagen de Dios, es como insultar al mismo Dios.’
[7] El diccionario de la RAE define así la hipocresía: ‘Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.’
[8] Un serafín fue enviado por el Señor para que purificara -con carbones encendidos- los labios inmundos del profeta Isaías, puesto que iba a anunciar su palabra (Is.6:4-7). Isaías entendió perfectamente que pecado y santidad no se debían mezclar en una misma fuente.
martes, 31 de marzo de 2009
Sermon 5 (Características de la verdadera fe)
Pasaje: Santiago 2:14-26.
Tema: Características de la verdadera fe
Introducción
En esta sección, Santiago va a argumentar a favor de la unidad y la indivisibilidad de la fe y las obras. La verdadera fe es aquella que se expresa en buenas obras, puesto que las obras son la evidencia irrefutable de una fe verdadera. Sin embargo hay el peligro de descansar sobre una fe muerta, que no es fe al fin, sino un remedo torpe de la única y verdadera fe. La fe que es muerta, no puede justificar a la persona, tampoco el creer en lo correcto lo puede hacer (ortodoxia). Si la fe no va acompañada de obras, simplemente no es fe.
I. La verdadera fe no consiste en palabras (vv.14-16).
A. Decir que uno tiene fe, no garantiza una fe verdadera (v.14a).
La fe verdadera no trata solamente de palabras, ya Santiago nos había animado a que seamos hacedores y no solamente oidores de la Palabra. Una fe verdadera no se basa en lo que uno dice que puede hacer, sino en lo que uno hace. La vida cristiana es por naturaleza, cien por ciento práctica.
B. ¿Podrá ‘esa’ fe salvarle? (v.14b).
Esta es la traducción que emplea la NVI, para referirse a la fe que no es verdadera. Así como hay una religión verdadera basada en lo práctico (atender a los pobres en su aflicción y conservarse limpios del mundo), también existe una fe verdadera, basada en lo práctico (p.ej. atender a los pobres en su necesidad; ver v.15).
Santiago no se propone nunca querer descalificar la doctrina paulina de la justificación, que es el resultado de una fe verdadera, lo que quiere descalificar es la perversión de la fe verdadera.
C. Un ejemplo práctico de la fe que sólo se basa en palabras (vv.15-16).
Santiago nos presenta ahora un ejemplo de una fe basada solamente en palabras. Para esto utiliza la ilustración de un hombre o una mujer (probablemente huérfano o viuda, según el contexto) que no tienen con que vestirse y que comer (ambas son las necesidades más básicas del ser humano). Si alguien, a quien le es presentado el caso, opta por despedirlo de manera burlesca[1], espiritualizando su respuesta, que fe verdadera puede haber en él. El Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno, comenta en esta parte: ‘La expresión Id en paz implica una palabra de bendición específica. Calentaos y saciaos hace que esta bendición sea específica. Es piadosa. Está llena de fe; Dios proveerá. Es muy religiosa. Es teológicamente correcta. Lo que falta es el ir al guardarropas y la cocina y tomar de la propia ropa y comida y compartirla con el hermano que está en desgracia.’
Santiago termina el v.16 (NVI) con una pregunta contundente: ‘¿De qué servirá eso?’. La respuesta es predecible: ¡de nada!
II. La verdadera fe se expresa en obras (v.18).
A. Fe y obras no pueden separarse nunca.
En esta parte Santiago recrea el dialogo con una persona imaginaria, quien le insiste en separar fe y obras, como si se tratase de dones diferentes. Santiago responde defendiendo la inseparabilidad de la fe y las obras. Fe y obras son como dos lados de una misma moneda, no pueden separarse, de lo contrario carecerían de valor.
B. Fe sin obras, es una fe falsa.
La evidencia de una fe verdadera, son las obras. La fe no es ‘un simple ejercicio intelectual carente de compromiso activo a la obediencia práctica’ (MacArthur).
C. Obras sin fe, es mera filantropía.
El amor por lo semejantes (filantropía) no es algo malo en si mismo, pero no alcanza para ser salvos. Nadie puede reclamar salvación simplemente por practicar la filantropía. La salvación es el resultado de la justicia de Cristo imputada a favor de nosotros.
III. La verdadera fe no consiste en creer lo correcto solamente (v.19).
A. Decir que uno cree en Dios no garantiza una verdadera fe.
Ya hemos mencionado en un sermón anterior, que la ortodoxia, sino no va acompañada de ortopraxis, se descalifica a si misma. Hay que recordar el énfasis que Santiago pone a lo práctico, al hecho de ser hacedores y no solamente oidores (o conocedores). La fe no se mide por el discurso religioso, por más correcto que pueda ser en la teoría.
Nuevamente, frente a su oponente imaginario, Santiago le menciona una verdad de la ortodoxia judía (‘Tú crees que Dios es uno’, cf. Deut. 6:4-5)[2], no descalifica esa verdad, pero intenta decirle, que decirlo no le garantiza nada.
B. Los demonios también creen y tiemblan.
Para Santiago el mero creer que Dios existe, no es ningún merito. ¡También los demonios lo creen y hasta tiemblan! Tiemblan porque saben que sus actos no son justos (por el contrario son rebeldes) y que terminarán en el infierno. De la misma manera nuestro autor quiere que los que han pervertido la fe tiemblen ante Dios y muestren su fe verdadera por sus obras.
IV. La verdadera fe es vivificada por las obras (vv.17, 20, 22, 26).
A. La fe sin obras, es muerta (vv.17, 20b, 26b). La fe muerta es una fe falsa que no es fe en su esencia. Es una falsificación barata de lo que es la verdadera fe, por esto está muerta, por que no produce frutos. Judas (v.12) compara a los falsos maestros como ‘…árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos y desarraigados’. La fe es vivificada por las obras, y los que la practican, también.
Entre los escritores de la antigüedad (i.e. Epicteto), la palabra ‘muerto’ era utilizada para designar lo inservible (Keener, p.690).
B. La fe se perfecciona por las obras (v.22).
Santiago quiere darnos la idea de plenitud de la fe. En esta parte John MacAthur comenta, ‘Así como un árbol frutal no ha llegado a su meta hasta que da fruto, la fe no ha alcanzado su perfección hasta que se demuestra por medio de una vida justa’.
V. “El hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe” (vv.21-25).
A. ¿Justificación por las obras o para buenas obras?
Santiago no se propone desdecir a Pablo en cuanto a la justificación sólo por fe. Tampoco se propone introducir una nueva doctrina de justificación por obras. Anteriormente ya había sostenido que la salvación –en cuanto buena dadiva y don perfecto- es un don gratuito (ver 1:7). De manera que necesitamos poner sus palabras en su contexto. Lo que está tratando de decirnos es que, ‘uno es salvado por lo que hace, así como por lo que cree’. En el sentido de que las acciones son la prueba de la fe (Comentario Bíblico Beacon, ‘Santiago’, p.222. Las negritas son mías). Recordemos que para Santiago, fe y obras son una unidad indivisible. En esta sección, ‘No concluye que el hombre es justificado por las obras y no por la fe, sino que es justificado por las obras y no por la fe sola. Santiago cree en la justificación por la fe, pero no en una fe que no tiene obras (Doerksen, ‘Santiago’ en Comentario Bíblico Portavoz, p.70)’. Somos justificados por la fe que se expresa en obras.
B. Ejemplos prácticos, acerca de esta declaración.
1. Abraham. Dado que los lectores de Santiago son mayormente judíos, nuestro autor toma la figura del patriarca para sostener de manera gráfica, lo que quiere demostrar. Para él, el hecho de que Abraham haya estado dispuesto a sacrificar a su hijo, fue contado como un acto que lo justificaba. Ese acto solamente demostraba ‘la autenticidad de su fe y la realidad de su justificación ante Dios’ (MacArhur). Notemos que este acto es posterior al hecho de ser declarado justo ante Dios (Gn.12:1-7; 15:6). La obra fue un acto posterior a la justificación de Abraham.
2. Rahab. Ella demostró fu fe verdadera ‘al arriesgar su vida y la de su familia para proteger a los mensajeros de Dios’ (MacArthur). Su fe la llevó a la acción. Su obra fue la mayor confirmación de que en ella habitaba una verdadera.
Conclusión:
Estimados hermanos, las enseñanzas de Santiago nos proveen un excelente complemento a las enseñanzas de Pablo, en cuanto a la justificación y la fe. Lo que Santiago ha querido demostrarnos, es que la fe debe vivirse y no solamente pensarse o decirse. Hemos sido justificados no por buenas obras sino para buenas obras. Este el sendero que nos toca transitar en la vida cristiana. Que nuestra fe, base de nuestra justificación, sea verdadera y que se exprese día a día en buenas obras. No olvidemos que la fe verdadera alegra el corazón de Dios y hermosea nuestras vidas.
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Notas Finales:
[1] Pues le dice que se vaya en ‘paz’, que se abrigue y coma hasta saciarse.; ¡como lo haría, si precisamente le falta ropa y comida; para eso vino ante él! ¿Como tendría paz en una situación así.
No olvidemos que hacer escarnio del pobre, o burlarse de él, es lo mismo que burlarse de Dios mismo.
[2] El Shemá, constituía la doctrina básica y fundamental de la ortodoxia judía. Recordemos que Santiago escribe ‘a las doce tribus que están en la dispersión…’ (1:1).
Tema: Características de la verdadera fe
Introducción
En esta sección, Santiago va a argumentar a favor de la unidad y la indivisibilidad de la fe y las obras. La verdadera fe es aquella que se expresa en buenas obras, puesto que las obras son la evidencia irrefutable de una fe verdadera. Sin embargo hay el peligro de descansar sobre una fe muerta, que no es fe al fin, sino un remedo torpe de la única y verdadera fe. La fe que es muerta, no puede justificar a la persona, tampoco el creer en lo correcto lo puede hacer (ortodoxia). Si la fe no va acompañada de obras, simplemente no es fe.
I. La verdadera fe no consiste en palabras (vv.14-16).
A. Decir que uno tiene fe, no garantiza una fe verdadera (v.14a).
La fe verdadera no trata solamente de palabras, ya Santiago nos había animado a que seamos hacedores y no solamente oidores de la Palabra. Una fe verdadera no se basa en lo que uno dice que puede hacer, sino en lo que uno hace. La vida cristiana es por naturaleza, cien por ciento práctica.
B. ¿Podrá ‘esa’ fe salvarle? (v.14b).
Esta es la traducción que emplea la NVI, para referirse a la fe que no es verdadera. Así como hay una religión verdadera basada en lo práctico (atender a los pobres en su aflicción y conservarse limpios del mundo), también existe una fe verdadera, basada en lo práctico (p.ej. atender a los pobres en su necesidad; ver v.15).
Santiago no se propone nunca querer descalificar la doctrina paulina de la justificación, que es el resultado de una fe verdadera, lo que quiere descalificar es la perversión de la fe verdadera.
C. Un ejemplo práctico de la fe que sólo se basa en palabras (vv.15-16).
Santiago nos presenta ahora un ejemplo de una fe basada solamente en palabras. Para esto utiliza la ilustración de un hombre o una mujer (probablemente huérfano o viuda, según el contexto) que no tienen con que vestirse y que comer (ambas son las necesidades más básicas del ser humano). Si alguien, a quien le es presentado el caso, opta por despedirlo de manera burlesca[1], espiritualizando su respuesta, que fe verdadera puede haber en él. El Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno, comenta en esta parte: ‘La expresión Id en paz implica una palabra de bendición específica. Calentaos y saciaos hace que esta bendición sea específica. Es piadosa. Está llena de fe; Dios proveerá. Es muy religiosa. Es teológicamente correcta. Lo que falta es el ir al guardarropas y la cocina y tomar de la propia ropa y comida y compartirla con el hermano que está en desgracia.’
Santiago termina el v.16 (NVI) con una pregunta contundente: ‘¿De qué servirá eso?’. La respuesta es predecible: ¡de nada!
II. La verdadera fe se expresa en obras (v.18).
A. Fe y obras no pueden separarse nunca.
En esta parte Santiago recrea el dialogo con una persona imaginaria, quien le insiste en separar fe y obras, como si se tratase de dones diferentes. Santiago responde defendiendo la inseparabilidad de la fe y las obras. Fe y obras son como dos lados de una misma moneda, no pueden separarse, de lo contrario carecerían de valor.
B. Fe sin obras, es una fe falsa.
La evidencia de una fe verdadera, son las obras. La fe no es ‘un simple ejercicio intelectual carente de compromiso activo a la obediencia práctica’ (MacArthur).
C. Obras sin fe, es mera filantropía.
El amor por lo semejantes (filantropía) no es algo malo en si mismo, pero no alcanza para ser salvos. Nadie puede reclamar salvación simplemente por practicar la filantropía. La salvación es el resultado de la justicia de Cristo imputada a favor de nosotros.
III. La verdadera fe no consiste en creer lo correcto solamente (v.19).
A. Decir que uno cree en Dios no garantiza una verdadera fe.
Ya hemos mencionado en un sermón anterior, que la ortodoxia, sino no va acompañada de ortopraxis, se descalifica a si misma. Hay que recordar el énfasis que Santiago pone a lo práctico, al hecho de ser hacedores y no solamente oidores (o conocedores). La fe no se mide por el discurso religioso, por más correcto que pueda ser en la teoría.
Nuevamente, frente a su oponente imaginario, Santiago le menciona una verdad de la ortodoxia judía (‘Tú crees que Dios es uno’, cf. Deut. 6:4-5)[2], no descalifica esa verdad, pero intenta decirle, que decirlo no le garantiza nada.
B. Los demonios también creen y tiemblan.
Para Santiago el mero creer que Dios existe, no es ningún merito. ¡También los demonios lo creen y hasta tiemblan! Tiemblan porque saben que sus actos no son justos (por el contrario son rebeldes) y que terminarán en el infierno. De la misma manera nuestro autor quiere que los que han pervertido la fe tiemblen ante Dios y muestren su fe verdadera por sus obras.
IV. La verdadera fe es vivificada por las obras (vv.17, 20, 22, 26).
A. La fe sin obras, es muerta (vv.17, 20b, 26b). La fe muerta es una fe falsa que no es fe en su esencia. Es una falsificación barata de lo que es la verdadera fe, por esto está muerta, por que no produce frutos. Judas (v.12) compara a los falsos maestros como ‘…árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos y desarraigados’. La fe es vivificada por las obras, y los que la practican, también.
Entre los escritores de la antigüedad (i.e. Epicteto), la palabra ‘muerto’ era utilizada para designar lo inservible (Keener, p.690).
B. La fe se perfecciona por las obras (v.22).
Santiago quiere darnos la idea de plenitud de la fe. En esta parte John MacAthur comenta, ‘Así como un árbol frutal no ha llegado a su meta hasta que da fruto, la fe no ha alcanzado su perfección hasta que se demuestra por medio de una vida justa’.
V. “El hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe” (vv.21-25).
A. ¿Justificación por las obras o para buenas obras?
Santiago no se propone desdecir a Pablo en cuanto a la justificación sólo por fe. Tampoco se propone introducir una nueva doctrina de justificación por obras. Anteriormente ya había sostenido que la salvación –en cuanto buena dadiva y don perfecto- es un don gratuito (ver 1:7). De manera que necesitamos poner sus palabras en su contexto. Lo que está tratando de decirnos es que, ‘uno es salvado por lo que hace, así como por lo que cree’. En el sentido de que las acciones son la prueba de la fe (Comentario Bíblico Beacon, ‘Santiago’, p.222. Las negritas son mías). Recordemos que para Santiago, fe y obras son una unidad indivisible. En esta sección, ‘No concluye que el hombre es justificado por las obras y no por la fe, sino que es justificado por las obras y no por la fe sola. Santiago cree en la justificación por la fe, pero no en una fe que no tiene obras (Doerksen, ‘Santiago’ en Comentario Bíblico Portavoz, p.70)’. Somos justificados por la fe que se expresa en obras.
B. Ejemplos prácticos, acerca de esta declaración.
1. Abraham. Dado que los lectores de Santiago son mayormente judíos, nuestro autor toma la figura del patriarca para sostener de manera gráfica, lo que quiere demostrar. Para él, el hecho de que Abraham haya estado dispuesto a sacrificar a su hijo, fue contado como un acto que lo justificaba. Ese acto solamente demostraba ‘la autenticidad de su fe y la realidad de su justificación ante Dios’ (MacArhur). Notemos que este acto es posterior al hecho de ser declarado justo ante Dios (Gn.12:1-7; 15:6). La obra fue un acto posterior a la justificación de Abraham.
2. Rahab. Ella demostró fu fe verdadera ‘al arriesgar su vida y la de su familia para proteger a los mensajeros de Dios’ (MacArthur). Su fe la llevó a la acción. Su obra fue la mayor confirmación de que en ella habitaba una verdadera.
Conclusión:
Estimados hermanos, las enseñanzas de Santiago nos proveen un excelente complemento a las enseñanzas de Pablo, en cuanto a la justificación y la fe. Lo que Santiago ha querido demostrarnos, es que la fe debe vivirse y no solamente pensarse o decirse. Hemos sido justificados no por buenas obras sino para buenas obras. Este el sendero que nos toca transitar en la vida cristiana. Que nuestra fe, base de nuestra justificación, sea verdadera y que se exprese día a día en buenas obras. No olvidemos que la fe verdadera alegra el corazón de Dios y hermosea nuestras vidas.
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Notas Finales:
[1] Pues le dice que se vaya en ‘paz’, que se abrigue y coma hasta saciarse.; ¡como lo haría, si precisamente le falta ropa y comida; para eso vino ante él! ¿Como tendría paz en una situación así.
No olvidemos que hacer escarnio del pobre, o burlarse de él, es lo mismo que burlarse de Dios mismo.
[2] El Shemá, constituía la doctrina básica y fundamental de la ortodoxia judía. Recordemos que Santiago escribe ‘a las doce tribus que están en la dispersión…’ (1:1).
Sermon 4 (El problema de la discriminación)
Pasaje: Santiago 2:1-13.
Tema: El problema de la discriminación
Introducción
El problema de la discriminación es algo que parece haber existido entre los lectores de la carta escrita por Santiago. En algunos pasajes nuestro autor se refiere a ricos y a pobres. Pareciera ser que ambos grupos convivían juntos dentro de la misma hermandad (lo que reconocemos hoy como la iglesia). Santiago se propone en esta sección, sacar a relucir un problema que había entre los hermanos, a fin de abordarlo en un estilo muy pastoral. Su objetivo no es ridiculizar al rico e idealizar al pobre, sino regular los favoritismos que se hacían en torno a ellos.
Veamos algunas verdades, en cuanto al problema de la discriminación, entre los creyentes.
I. Sucede también entre los creyentes (vv.1-3).
A. El llamado está dirigido a los hermanos ‘que creen en nuestro glorioso Señor Jesucristo’ (v.1, DHH). El problema de la discriminación parece ser un asunto que también ocurre entre los creyentes. Santiago utiliza la palabra ‘hermanos’ para referirse a sus destinatarios[1]. Eso quiere decir que los creyentes estaban haciendo acepción de personas entre ricos y pobres.
B. La fe de los creyentes excluye la discriminación. Santiago utiliza la palabra ‘vuestra fe’, no como un sinónimo del acto de creer, sino para referirse ‘a la fe cristiana como un todo, cuyo enfoque principal es Jesucristo’ (MacArthur). La verdadera fe se opone a la discriminación del pobre. En el sermón anterior dijimos que Dios es presentado en el AT como el defensor de los pobres (huérfanos, viudas y extranjeros sin tierra), entonces, afrentar a los pobres, es afrentar al mismo Dios[2]. Si Dios defiende al pobre y no hace acepción de personas, su pueblo está llamado a hacer lo mismo[3].
Entonces, si la fe de los creyentes excluye la discriminación, la practica de nuestra fe, debe ser sin acepción de personas.
C. Ni el oro, ni la ropa lujosa, pueden ser la unidad de medida para que las personas sean aceptadas. Santiago menciona estos dos aspectos externos de la riqueza. En la época, lo ricos llevaban anillos de oro en cada dedo (excepto el dedo medio), para evidenciar su riqueza. Al parecer los hermanos habían caído en las mismas redes y reglas del mundo: valorar a las personas por su apariencia y sus posesiones. Debemos de recordar que, ‘…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee’ (Lc.12.15b).
Aplicación. Estimados hermanos, nuestra sociedad es una de las sociedades más discriminantes. En el mundo uno vale por lo que tiene. Constantemente se hacen diferencias entre los pobres y los ricos. De una manera se les trata a los ricos, por ejemplo, en el poder judicial, y de otra manera a los desposeídos. ¿Podríamos decir que en la iglesia tales prácticas no existen, o hemos sucumbido a las reglas de este sistema?
II. Convierte a los creyentes en jueces mal intencionados (v.4).
A. Discriminar a las personas por tener o no tener dinero, es una forma de juzgarlos. En toda discriminación, o favoritismo, existe un juicio de valor contra la persona. El juicio es un acto que no está permitido a los creyentes, porque ese es un rol reservado solamente para Dios.
B. La Palabra nos insta una y otra vez a no ser jueces de nuestros hermanos[4]. Dios no nos ha llamado a la vida cristiana a ser jueces de nadie. Mucho menos jueces injustos con malas intenciones, como es el caso de los destinatarios de la carta de Santiago. Él les llama la atención fuertemente por actuar de esa manera.
Aplicación. Estimados presentes, les animo a que revisemos nuestras relaciones y veamos dentro de nosotros mismos. ¿La forma como nos relacionamos con algunos, es la de un juez injusto, que se deja llevar por los favoritismos, o somos personas que practicamos la igualdad?
III. No permite ver el rol de los pobres en la historia de la salvación (v.5-7).
A. Los pobres en riquezas materiales han sido elegidos para ser ricos en fe (v.5a). No significa que la fe es un monopolio de los pobres, sino, que, ‘al no tener en este mundo las satisfacciones que los ricos encuentran, se hallan más libres de los muchos peligros que las riquezas ocasionan y más inclinados a depender de la providencia divina’ (Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.27).
B. También para ser herederos del reino (v.5b). Santiago no se propone decir que los ricos, por ser ricos, están excluidos de la fe y del reino. Por lo tanto, no debemos de interpretar ambos versículos en términos económicos solamente. J. Alonso aclara que el término pobre, es una espiritualización del piadoso, por lo tanto debe de tomársele como un sinónimo. Eso lo vemos claramente cuando vemos la última parte del v.5. Note que la promesa está dirigida a ´los que lo aman [a Dios]’.
C. La incomodidad de Santiago aumenta al darse cuenta que los hermanos, a los cuales está dirigida la carta, se han puesto del lado de los opresores y han dado la espalda al piadoso- pobre (v.6). Se han enfilado con los que blasfeman el nombre de Jesucristo (v.7). En buena cuenta están participando, por complicidad, del pecado de los blasfemos. Más adelante Santiago va a sentenciar ‘el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado’ (4:17, RV95).
Es muy probable que estos hermanos piensen que podían obtener favores, debido a su adulación hacia los ricos. Pero parecen no darse cuenta que es un acto de desprecio y maltrato contra los pobres. No se dan cuenta que a los ricos no les interesaba sus lisonjas, pues igual estaban dispuestos a llevarlos a los tribunales.
Amar a los ricos y respetarlos no es el problema, sino hacerlo de manera que se discrimine a los pobres.
Aplicación. En nuestra vida como creyentes, nuestro deber es estar del lado de la verdad, de la justicia y de nuestros hermanos (cuando ellos están en lo correcto). En 2Cor.6:14-15, La Palabra nos insta a no unirnos ‘…en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? 15¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?’.
IV. No permite a los creyentes cumplir los preceptos divinos (vv.8-12).
A. La Ley prohibía la acepción (favoritismo, discriminación) de personas. Por lo tanto, quienes discriminaban, estaban incumpliendo la Ley de Dios. En Levítico 19:15 (cf. Dt.1:17; 16:19,20) dice: ‘No cometerás injusticia en los juicios, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo’. Queda claro entonces que hacer favoritismo no permite cumplir con la Ley de Dios.
B. Jesús resumió la Ley en dos mandamientos. Aquí Santiago cita el amor al prójimo como una forma de cumplir con la Ley suprema. Entonces, hacer acepción de personas, era un incumplimiento de la Ley, los convertía en transgresores de la misma.
C. La Ley tiene un carácter integral. Es decir, se tiene que cumplirla por completo. De igual modo, la vida cristiana es integral, o se es creyente o no se es. No hay lugar para la tibieza, pues si no se es caliente, se es frio. Santiago no distingue pecados grandes o pequeños. El pecado, por más pequeño que nosotros pensemos, es igualmente pecado.
D. La ley de la libertad. Santiago ya nos había hablado de esto en el capítulo anterior (1:25). La ley de la libertad es una alusión al evangelio de Jesucristo. Es en esta ‘ley’ donde se demanda misericordia y se premia al misericordioso. Ese es el evangelio que debemos seguir. Esta ley está en concordancia con la ley mosaica y no se opone a ella.
Aplicación. A veces podemos descansar en el hecho de que no hemos matado a nadie, o que no somos adúlteros, pensando de esta manera que ya hemos cumplido todo en la vida cristiana, sin embargo, hacer acepción de personas, me lleva a la misma categoría de un asesino o un adúltero.
V. No permite apropiarse de la misericordia de Dios (v.13).
A. El favoritismo muchas veces lleva a una misericordia desigual. Debido a la acepción de personas, muchas veces los seres humanos tenemos una regla de medida para unos y otra para el resto. Aplicamos misericordia a unos y se la negamos a otros. Somos menos estrictos con los que más tienen y mucho más duros con los que menos tienen.
B. La inmisericordia nos expone a un juicio sin misericordia. Puesto que de la misma manera como juzgamos, seremos también juzgados. Con la misma medida con que medimos, nos medirán (Mt.7:1-2).
C. Por el contrario, la misericordia triunfa sobre el juicio. Puesto que Dios se muestra misericordioso, en el juicio, con quienes hacen misericordia[5].
Severidad, misericordia y juicio se ven claramente en la parábola de Mt. 18:23-35.
Aplicación. Hermanos, debemos de ser conscientes de que ‘Dios juzgará con severidad al que no tenga misericordia. Pero el que sea misericordioso no tiene porque temer, pues cuando sea juzgado obtendrá victoria. La misericordia, en la lucha entablada con el juicio, logrará el triunfo’ (Salguero, citado en el Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.30)
Conclusión
Estimados hermanos, sin duda, necesitamos reflexionar profundamente en cuanto a la forma como nos relacionamos con los demás. No olvidemos nunca que hacer las cosas en desmedro de los pobres, es una afrenta directa contra Dios. No está mal tener consideraciones hacia el rico, lo que está mal es no hacer lo mismo con el pobre.
En una sociedad tan desigual y tan discriminadora, los creyentes estamos llamados a ser luz en medio de las tinieblas. Los favoritismos no deben pasar entre los creyentes. Que el Señor nos ayude y transforme.
Notas Finales:
-----------------------
[1] ‘Hermanos míos…’ (2:1); ‘Hermanos míos amados…’ (2:5); ‘Hermanos míos…’ (2:14).
[2] Cf. Prov.17:5. ‘El que se burla del pobre ofende a su Creador; el que se alegra de su desgracia no quedará sin castigo (DHH).
[3] ‘Porque Jehová, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni recibe sobornos, 18que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero y le da pan y vestido. 19Amaréis, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.’ (Dt. 10:17-19).
[4] Mt.7:1-2; Lc.6:37.
[5] Salmo 18:25; ‘Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y recto con el hombre íntegro’.
Mateo 5:7; ‘Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia’.
Tema: El problema de la discriminación
Introducción
El problema de la discriminación es algo que parece haber existido entre los lectores de la carta escrita por Santiago. En algunos pasajes nuestro autor se refiere a ricos y a pobres. Pareciera ser que ambos grupos convivían juntos dentro de la misma hermandad (lo que reconocemos hoy como la iglesia). Santiago se propone en esta sección, sacar a relucir un problema que había entre los hermanos, a fin de abordarlo en un estilo muy pastoral. Su objetivo no es ridiculizar al rico e idealizar al pobre, sino regular los favoritismos que se hacían en torno a ellos.
Veamos algunas verdades, en cuanto al problema de la discriminación, entre los creyentes.
I. Sucede también entre los creyentes (vv.1-3).
A. El llamado está dirigido a los hermanos ‘que creen en nuestro glorioso Señor Jesucristo’ (v.1, DHH). El problema de la discriminación parece ser un asunto que también ocurre entre los creyentes. Santiago utiliza la palabra ‘hermanos’ para referirse a sus destinatarios[1]. Eso quiere decir que los creyentes estaban haciendo acepción de personas entre ricos y pobres.
B. La fe de los creyentes excluye la discriminación. Santiago utiliza la palabra ‘vuestra fe’, no como un sinónimo del acto de creer, sino para referirse ‘a la fe cristiana como un todo, cuyo enfoque principal es Jesucristo’ (MacArthur). La verdadera fe se opone a la discriminación del pobre. En el sermón anterior dijimos que Dios es presentado en el AT como el defensor de los pobres (huérfanos, viudas y extranjeros sin tierra), entonces, afrentar a los pobres, es afrentar al mismo Dios[2]. Si Dios defiende al pobre y no hace acepción de personas, su pueblo está llamado a hacer lo mismo[3].
Entonces, si la fe de los creyentes excluye la discriminación, la practica de nuestra fe, debe ser sin acepción de personas.
C. Ni el oro, ni la ropa lujosa, pueden ser la unidad de medida para que las personas sean aceptadas. Santiago menciona estos dos aspectos externos de la riqueza. En la época, lo ricos llevaban anillos de oro en cada dedo (excepto el dedo medio), para evidenciar su riqueza. Al parecer los hermanos habían caído en las mismas redes y reglas del mundo: valorar a las personas por su apariencia y sus posesiones. Debemos de recordar que, ‘…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee’ (Lc.12.15b).
Aplicación. Estimados hermanos, nuestra sociedad es una de las sociedades más discriminantes. En el mundo uno vale por lo que tiene. Constantemente se hacen diferencias entre los pobres y los ricos. De una manera se les trata a los ricos, por ejemplo, en el poder judicial, y de otra manera a los desposeídos. ¿Podríamos decir que en la iglesia tales prácticas no existen, o hemos sucumbido a las reglas de este sistema?
II. Convierte a los creyentes en jueces mal intencionados (v.4).
A. Discriminar a las personas por tener o no tener dinero, es una forma de juzgarlos. En toda discriminación, o favoritismo, existe un juicio de valor contra la persona. El juicio es un acto que no está permitido a los creyentes, porque ese es un rol reservado solamente para Dios.
B. La Palabra nos insta una y otra vez a no ser jueces de nuestros hermanos[4]. Dios no nos ha llamado a la vida cristiana a ser jueces de nadie. Mucho menos jueces injustos con malas intenciones, como es el caso de los destinatarios de la carta de Santiago. Él les llama la atención fuertemente por actuar de esa manera.
Aplicación. Estimados presentes, les animo a que revisemos nuestras relaciones y veamos dentro de nosotros mismos. ¿La forma como nos relacionamos con algunos, es la de un juez injusto, que se deja llevar por los favoritismos, o somos personas que practicamos la igualdad?
III. No permite ver el rol de los pobres en la historia de la salvación (v.5-7).
A. Los pobres en riquezas materiales han sido elegidos para ser ricos en fe (v.5a). No significa que la fe es un monopolio de los pobres, sino, que, ‘al no tener en este mundo las satisfacciones que los ricos encuentran, se hallan más libres de los muchos peligros que las riquezas ocasionan y más inclinados a depender de la providencia divina’ (Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.27).
B. También para ser herederos del reino (v.5b). Santiago no se propone decir que los ricos, por ser ricos, están excluidos de la fe y del reino. Por lo tanto, no debemos de interpretar ambos versículos en términos económicos solamente. J. Alonso aclara que el término pobre, es una espiritualización del piadoso, por lo tanto debe de tomársele como un sinónimo. Eso lo vemos claramente cuando vemos la última parte del v.5. Note que la promesa está dirigida a ´los que lo aman [a Dios]’.
C. La incomodidad de Santiago aumenta al darse cuenta que los hermanos, a los cuales está dirigida la carta, se han puesto del lado de los opresores y han dado la espalda al piadoso- pobre (v.6). Se han enfilado con los que blasfeman el nombre de Jesucristo (v.7). En buena cuenta están participando, por complicidad, del pecado de los blasfemos. Más adelante Santiago va a sentenciar ‘el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado’ (4:17, RV95).
Es muy probable que estos hermanos piensen que podían obtener favores, debido a su adulación hacia los ricos. Pero parecen no darse cuenta que es un acto de desprecio y maltrato contra los pobres. No se dan cuenta que a los ricos no les interesaba sus lisonjas, pues igual estaban dispuestos a llevarlos a los tribunales.
Amar a los ricos y respetarlos no es el problema, sino hacerlo de manera que se discrimine a los pobres.
Aplicación. En nuestra vida como creyentes, nuestro deber es estar del lado de la verdad, de la justicia y de nuestros hermanos (cuando ellos están en lo correcto). En 2Cor.6:14-15, La Palabra nos insta a no unirnos ‘…en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? 15¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?’.
IV. No permite a los creyentes cumplir los preceptos divinos (vv.8-12).
A. La Ley prohibía la acepción (favoritismo, discriminación) de personas. Por lo tanto, quienes discriminaban, estaban incumpliendo la Ley de Dios. En Levítico 19:15 (cf. Dt.1:17; 16:19,20) dice: ‘No cometerás injusticia en los juicios, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo’. Queda claro entonces que hacer favoritismo no permite cumplir con la Ley de Dios.
B. Jesús resumió la Ley en dos mandamientos. Aquí Santiago cita el amor al prójimo como una forma de cumplir con la Ley suprema. Entonces, hacer acepción de personas, era un incumplimiento de la Ley, los convertía en transgresores de la misma.
C. La Ley tiene un carácter integral. Es decir, se tiene que cumplirla por completo. De igual modo, la vida cristiana es integral, o se es creyente o no se es. No hay lugar para la tibieza, pues si no se es caliente, se es frio. Santiago no distingue pecados grandes o pequeños. El pecado, por más pequeño que nosotros pensemos, es igualmente pecado.
D. La ley de la libertad. Santiago ya nos había hablado de esto en el capítulo anterior (1:25). La ley de la libertad es una alusión al evangelio de Jesucristo. Es en esta ‘ley’ donde se demanda misericordia y se premia al misericordioso. Ese es el evangelio que debemos seguir. Esta ley está en concordancia con la ley mosaica y no se opone a ella.
Aplicación. A veces podemos descansar en el hecho de que no hemos matado a nadie, o que no somos adúlteros, pensando de esta manera que ya hemos cumplido todo en la vida cristiana, sin embargo, hacer acepción de personas, me lleva a la misma categoría de un asesino o un adúltero.
V. No permite apropiarse de la misericordia de Dios (v.13).
A. El favoritismo muchas veces lleva a una misericordia desigual. Debido a la acepción de personas, muchas veces los seres humanos tenemos una regla de medida para unos y otra para el resto. Aplicamos misericordia a unos y se la negamos a otros. Somos menos estrictos con los que más tienen y mucho más duros con los que menos tienen.
B. La inmisericordia nos expone a un juicio sin misericordia. Puesto que de la misma manera como juzgamos, seremos también juzgados. Con la misma medida con que medimos, nos medirán (Mt.7:1-2).
C. Por el contrario, la misericordia triunfa sobre el juicio. Puesto que Dios se muestra misericordioso, en el juicio, con quienes hacen misericordia[5].
Severidad, misericordia y juicio se ven claramente en la parábola de Mt. 18:23-35.
Aplicación. Hermanos, debemos de ser conscientes de que ‘Dios juzgará con severidad al que no tenga misericordia. Pero el que sea misericordioso no tiene porque temer, pues cuando sea juzgado obtendrá victoria. La misericordia, en la lucha entablada con el juicio, logrará el triunfo’ (Salguero, citado en el Comentario Matthew Henry, ‘Santiago’, p.30)
Conclusión
Estimados hermanos, sin duda, necesitamos reflexionar profundamente en cuanto a la forma como nos relacionamos con los demás. No olvidemos nunca que hacer las cosas en desmedro de los pobres, es una afrenta directa contra Dios. No está mal tener consideraciones hacia el rico, lo que está mal es no hacer lo mismo con el pobre.
En una sociedad tan desigual y tan discriminadora, los creyentes estamos llamados a ser luz en medio de las tinieblas. Los favoritismos no deben pasar entre los creyentes. Que el Señor nos ayude y transforme.
Notas Finales:
-----------------------
[1] ‘Hermanos míos…’ (2:1); ‘Hermanos míos amados…’ (2:5); ‘Hermanos míos…’ (2:14).
[2] Cf. Prov.17:5. ‘El que se burla del pobre ofende a su Creador; el que se alegra de su desgracia no quedará sin castigo (DHH).
[3] ‘Porque Jehová, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni recibe sobornos, 18que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero y le da pan y vestido. 19Amaréis, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.’ (Dt. 10:17-19).
[4] Mt.7:1-2; Lc.6:37.
[5] Salmo 18:25; ‘Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y recto con el hombre íntegro’.
Mateo 5:7; ‘Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia’.
sábado, 28 de marzo de 2009
CARTA A MI HEROE

CARTA A MI HEROE
T e fuiste una madrugada de domingo,
Con tu cuerpo cansado,
Pero sin que te falte una sonrisa.
Fuiste mi héroe, mi amigo, mi consejero, mi pastor,
Mi maestro de la doctrina,
Pero mejor aun, mi padre.
No puedo olvidar los momentos que vivimos
Juntos en la vida cristiana.
Fuiste tú quien me presentó a la iglesia,
Quien me bautizó, tú me casaste,
Tú dedicaste a mi pequeña Naomi en el altar.
Fuiste tú quien me comprendió cuando
Decidí dejar todo por el ministerio.
¡Cómo no la harías, si tú habías hecho lo mismo!
Fuiste tú quien me enseñó que una familia sólida
Es la mejor obra de un pastor.
Tú inspiraste siempre mi vida,
Nunca te lo dije, pero tú fuiste mi héroe.
Todavía lo eres.
Te he visto luchar soldado de Cristo,
Te he visto llorar,
Pero también te he visto vencer.
¡Como admiro que hayas sido fiel hasta la muerte!
¡Como deseo pelear como tú, la buena batalla y
Al final ver a Cristo en su Gloria!
¡Como quisiera ser y hacer tan sólo la mitad de lo que
Fuiste e hiciste, mi héroe!
Hoy descansas tranquilo soldado valiente,
En el regazo de nuestro Señor.
Yo también llegaré, y nos uniremos al gran coro celestial
Y tendremos vestiduras blancas, y un nuevo nombre,
Y un cinturón de oro y muchas coronas.
No olvidaré que tú oraste por mí,
Para que mi fe no falte en el momento fatal.
¡Creo que nuestro Señor no ha olvidado tu oración!
Tampoco he olvidado que cuando estuve
Al pie de tu tumba, prometí continuar con la obra.
¡Seguiré adelante, por mi Cristo y por ti mí héroe!
En memoria del pastor del pastor Juan Manuel (Orestes) Ramos Aguirre [29 Enero 1924 – 5 Nov. 2006], mi héroe, mi padre.
T e fuiste una madrugada de domingo,
Con tu cuerpo cansado,
Pero sin que te falte una sonrisa.
Fuiste mi héroe, mi amigo, mi consejero, mi pastor,
Mi maestro de la doctrina,
Pero mejor aun, mi padre.
No puedo olvidar los momentos que vivimos
Juntos en la vida cristiana.
Fuiste tú quien me presentó a la iglesia,
Quien me bautizó, tú me casaste,
Tú dedicaste a mi pequeña Naomi en el altar.
Fuiste tú quien me comprendió cuando
Decidí dejar todo por el ministerio.
¡Cómo no la harías, si tú habías hecho lo mismo!
Fuiste tú quien me enseñó que una familia sólida
Es la mejor obra de un pastor.
Tú inspiraste siempre mi vida,
Nunca te lo dije, pero tú fuiste mi héroe.
Todavía lo eres.
Te he visto luchar soldado de Cristo,
Te he visto llorar,
Pero también te he visto vencer.
¡Como admiro que hayas sido fiel hasta la muerte!
¡Como deseo pelear como tú, la buena batalla y
Al final ver a Cristo en su Gloria!
¡Como quisiera ser y hacer tan sólo la mitad de lo que
Fuiste e hiciste, mi héroe!
Hoy descansas tranquilo soldado valiente,
En el regazo de nuestro Señor.
Yo también llegaré, y nos uniremos al gran coro celestial
Y tendremos vestiduras blancas, y un nuevo nombre,
Y un cinturón de oro y muchas coronas.
No olvidaré que tú oraste por mí,
Para que mi fe no falte en el momento fatal.
¡Creo que nuestro Señor no ha olvidado tu oración!
Tampoco he olvidado que cuando estuve
Al pie de tu tumba, prometí continuar con la obra.
¡Seguiré adelante, por mi Cristo y por ti mí héroe!
En memoria del pastor del pastor Juan Manuel (Orestes) Ramos Aguirre [29 Enero 1924 – 5 Nov. 2006], mi héroe, mi padre.
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In memoriam post mortem (Carta a Papá)
jueves, 26 de marzo de 2009
Historia de la Pastoralia

I. INTRODUCCION GENERAL DEL CURSO
1.1 Origen de la palabra ‘pastor’ en la Biblia
1.2 ¿De qué hablamos cuando hablamos de pastoral?
1.3 Imágenes del pastor en el Antiguo Testamento
1.4 Imágenes del pastor en el Nuevo Testamento
1.5 Imágenes del pastor en el arte cristiano del cristianismo primitivo
II. EL CUIDADO PASTORAL EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO
III. UNA REVISIÓN DE LA PASTORAL DESDE LA PERSPECTIVA CATOLICA
IV. UNA REVISIÓN DE LA PASTORAL DESDE LA PERSPECTIVA PROTESTANTE
V. LA LABOR PASTORAL EN LA IGLESIA ACTUAL
1.1 Origen de la palabra ‘pastor’ en la Biblia
1.2 ¿De qué hablamos cuando hablamos de pastoral?
1.3 Imágenes del pastor en el Antiguo Testamento
1.4 Imágenes del pastor en el Nuevo Testamento
1.5 Imágenes del pastor en el arte cristiano del cristianismo primitivo
II. EL CUIDADO PASTORAL EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO
III. UNA REVISIÓN DE LA PASTORAL DESDE LA PERSPECTIVA CATOLICA
IV. UNA REVISIÓN DE LA PASTORAL DESDE LA PERSPECTIVA PROTESTANTE
V. LA LABOR PASTORAL EN LA IGLESIA ACTUAL
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Estimados amigos, quisiera compartir mis apuntes del curso de 'Historia de la Pastoralia', que estoy dictando en este ciclo 2009-I, en el SEBSUR, donde soy profesor. Lamento no poder compartirles todo el curso, dos razones predominan para esto: (1) lo estoy terminando de elaborar, y (2) quisiera reservarmelo, puesto que podría utilizarlo en el futuro sin que otros ya lo hayan usado. Por favor si lo van a citar, respeten la autoría.
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I. INTRODUCCION GENERAL DEL CURSO
1.1 Origen de la palabra ‘pastor’ en la Biblia
La figura del pastor, como persona que cuida de un rebaño, obviamente está relacionada a la tradición agropecuaria de Palestina, ésta actividad era ‘una parte importante de la economía’ (Kittel, Friedrich y Bromiley, 2003, p.879). De manera que el origen de la figura del pastor debemos de entenderlo desde la perspectiva del Antiguo Testamento y no como una institución neotestamentaria. El cristianismo primitivo entendió la figura del pastor cristiano, desde la perspectiva y la tradición veterotestamentaria. La figura del pastor les resultaba muy familiar, no sólo por la tradición del campo, sino también por las múltiples referencias al pastor y el rebaño –en sentido figurado- del AT.
James Patch (‘Shepherd’ en la International Standard Bible Encyclopedia, disponible en CD-ROM) nota que la labor del pastorado en Israel recaía principalmente en el dueño del rebaño (Gén.4:4; 30:40; compare Eze.34:12), pero eventualmente podía delegar el cuidado a sus hijos (Gén.29:9; 1Sam.16:19; 17:15) o a sus familiares (Gén.31:6). En esos casos, el cuidado del rebaño quedaba casi asegurado, pero a veces sucedía que el rebaño era encargado a ‘un guarda’ (1Sam.17:20), en tales condiciones, el podía ser descuidado o abusado (Isa.56:10,11; Ez.34:8,10; Zac.11:15,17; Jn.10:12). Esa misma figura se aplica al pastorado tanto del AT como del NT.
El nexo que hay entre el pastor y el rebaño, siempre viene a través de una entrañable relación, una relación de cuidado, compasión, alimentación y amor. Por eso el lenguaje utilizado por los escritores bíblicos para describir el cuidado pastoral de Dios hacia su pueblo, siempre incluye estos aspectos, en el AT. En el NT, esa relación entre pastor y rebaño se mantiene.
En el AT se utiliza la palabra roeh. El pastor tenía la función de buscar buenos pastos y agua para el rebaño. Además debía curar las ovejas cuando resultaban heridas y protegerlas de las bestias salvajes. El cuidado espiritual no era del todo diferente, los ‘pastores’ estaban llamados a llevar al pueblo a la Ley.
En el NT, la palabra griega para designar al pastor es poimen. Aquí el pastor adquiere un significado mucho más espiritual que en el AT, dado que ellos son los llamados a cuidar de la iglesia de Cristo. Para eso deben de cumplir ciertos requisitos dados por Dios a través de los escritores bíblicos (cf. 1Tim.3:1-7; Tit.1:6-9, 1Pe.5:1-4). Otras palabras que se utilizan para designar al pastor son: ancianos y obispos. La palabra poimen recurre 9 veces en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y 6 veces en el evangelio de Juan. Otras formas derivadas de poimen aparecen en las epístolas y en Apocalipsis.
1.2 ¿De qué hablamos cuando hablamos de pastoral?
Cuando hablamos de pastoral, inmediatamente se dibuja en nuestra mente el pastor y las cosas que éste realiza a favor de su grey. Esta idea no está del todo lejos del concepto de la labor pastoral, puesto que pastoral tiene que ver con todas las acciones llevadas a cabo por el pastor[1], a favor del necesitado[2] en su diario vivir. La pastoral, entre tantas cosas, busca la consolación, la edificación, la exhortación, la madurez espiritual y el entrenamiento para la nueva vida en Cristo, del individuo. Se nutre y tiene por fuente principal el amor de Dios por su iglesia y el mundo pecador, al cual quiere salvar y sanarle las heridas infringidas por el pecado. En este sentido, la pastoral es la expresión misma del amor de Dios. Es Dios, el Pastor por excelencia, quien deposita de su amor en personas llamadas al ministerio- y en la iglesia, como comunidad- a fin de demostrar su amor incondicional a los necesitados. Jorge A. León (1998, p.237) escribiendo en torno a la relación amor de Dios y labor pastoral, menciona:
El pastor que desee cumplir el ministerio de cuidar pastoralmente a la familia mayor, la iglesia, y también a la familia nuclear, y a la extendida, debe sentir un gran amor hacia Dios en correspondencia con el sublime amor con que Dios le ama en Cristo…
Existe un enfoque erróneo de la pastoral en el sentido de reducirla solamente al plano espiritual. La pastoral trasciende a la simple formula de orar por las personas, pedirle que sigan confiando en Dios y luego despedirlas[3]; o subir al púlpito dos o tres veces por semana para ‘decirle algo’ a la congregación. La pastoral es un universo con muchos planetas, que muchas veces se desatienden o se soslayan, ya sea por desconocimiento o desidia.
La dimensión pastoral tiene que ver mucho con la compasión, es decir, el padecer juntamente con las personas. Compasión no es sinónimo de lástima, es identificación experiencial[4] junto a los que sufren. A este tipo de pastoral nos impele Pablo cuando escribe la Epístola a los Romanos ‘... lloren con los que lloran’ (12:15b). Esta pastoral -de padecer juntamente con los que sufren- nos constriñe a la experiencia profunda de caminar junto al necesitado, en su sendero marcado por las vicisitudes, la exclusión, la injusticia, la postergación e indiferencia. Además tiene que ver con el hecho de pasar tiempo con las personas en sus necesidades verídicas, que no siempre son de tipo espiritual. Esta declaración hace que emerja un aspecto importante en la labor pastoral, la presencia del ministro o la comunidad de creyentes, que a la vez se expresa en relaciones entre quien pastorea y la grey o, en sentido general, la comunidad misma.
Orar por las necesidades en sí mismo no es malo. Pero una pastoral que sólo enseña la oración y que se olvida de la acción, es patéticamente una pastoral cercenada y limitada. ¿Qué se hace cuando un padre de familia extensa pide ayuda porque no puede encontrar un trabajo y consiguientemente no puede alimentar a los suyos? A veces la respuesta única es pedirle que permanezca en oración –lo cual está bien- pero no se le acompaña en la búsqueda de mejores horizontes en un plano meramente práctico, tampoco se le enseña creativamente la habilidad de generar su propio espacio de trabajo y sus propios ingresos. A eso nos referimos cuando hablamos de una pastoral mutilada, que espiritualiza las necesidades humanas.
El Diccionario de Ética Cristiana y Teología Pastoral (2004, p.120) define con precisión la labor pastoral –haciendo énfasis en la iglesia como comunidad pastoral- de la siguiente manera:
1.1 Origen de la palabra ‘pastor’ en la Biblia
La figura del pastor, como persona que cuida de un rebaño, obviamente está relacionada a la tradición agropecuaria de Palestina, ésta actividad era ‘una parte importante de la economía’ (Kittel, Friedrich y Bromiley, 2003, p.879). De manera que el origen de la figura del pastor debemos de entenderlo desde la perspectiva del Antiguo Testamento y no como una institución neotestamentaria. El cristianismo primitivo entendió la figura del pastor cristiano, desde la perspectiva y la tradición veterotestamentaria. La figura del pastor les resultaba muy familiar, no sólo por la tradición del campo, sino también por las múltiples referencias al pastor y el rebaño –en sentido figurado- del AT.
James Patch (‘Shepherd’ en la International Standard Bible Encyclopedia, disponible en CD-ROM) nota que la labor del pastorado en Israel recaía principalmente en el dueño del rebaño (Gén.4:4; 30:40; compare Eze.34:12), pero eventualmente podía delegar el cuidado a sus hijos (Gén.29:9; 1Sam.16:19; 17:15) o a sus familiares (Gén.31:6). En esos casos, el cuidado del rebaño quedaba casi asegurado, pero a veces sucedía que el rebaño era encargado a ‘un guarda’ (1Sam.17:20), en tales condiciones, el podía ser descuidado o abusado (Isa.56:10,11; Ez.34:8,10; Zac.11:15,17; Jn.10:12). Esa misma figura se aplica al pastorado tanto del AT como del NT.
El nexo que hay entre el pastor y el rebaño, siempre viene a través de una entrañable relación, una relación de cuidado, compasión, alimentación y amor. Por eso el lenguaje utilizado por los escritores bíblicos para describir el cuidado pastoral de Dios hacia su pueblo, siempre incluye estos aspectos, en el AT. En el NT, esa relación entre pastor y rebaño se mantiene.
En el AT se utiliza la palabra roeh. El pastor tenía la función de buscar buenos pastos y agua para el rebaño. Además debía curar las ovejas cuando resultaban heridas y protegerlas de las bestias salvajes. El cuidado espiritual no era del todo diferente, los ‘pastores’ estaban llamados a llevar al pueblo a la Ley.
En el NT, la palabra griega para designar al pastor es poimen. Aquí el pastor adquiere un significado mucho más espiritual que en el AT, dado que ellos son los llamados a cuidar de la iglesia de Cristo. Para eso deben de cumplir ciertos requisitos dados por Dios a través de los escritores bíblicos (cf. 1Tim.3:1-7; Tit.1:6-9, 1Pe.5:1-4). Otras palabras que se utilizan para designar al pastor son: ancianos y obispos. La palabra poimen recurre 9 veces en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y 6 veces en el evangelio de Juan. Otras formas derivadas de poimen aparecen en las epístolas y en Apocalipsis.
1.2 ¿De qué hablamos cuando hablamos de pastoral?
Cuando hablamos de pastoral, inmediatamente se dibuja en nuestra mente el pastor y las cosas que éste realiza a favor de su grey. Esta idea no está del todo lejos del concepto de la labor pastoral, puesto que pastoral tiene que ver con todas las acciones llevadas a cabo por el pastor[1], a favor del necesitado[2] en su diario vivir. La pastoral, entre tantas cosas, busca la consolación, la edificación, la exhortación, la madurez espiritual y el entrenamiento para la nueva vida en Cristo, del individuo. Se nutre y tiene por fuente principal el amor de Dios por su iglesia y el mundo pecador, al cual quiere salvar y sanarle las heridas infringidas por el pecado. En este sentido, la pastoral es la expresión misma del amor de Dios. Es Dios, el Pastor por excelencia, quien deposita de su amor en personas llamadas al ministerio- y en la iglesia, como comunidad- a fin de demostrar su amor incondicional a los necesitados. Jorge A. León (1998, p.237) escribiendo en torno a la relación amor de Dios y labor pastoral, menciona:
El pastor que desee cumplir el ministerio de cuidar pastoralmente a la familia mayor, la iglesia, y también a la familia nuclear, y a la extendida, debe sentir un gran amor hacia Dios en correspondencia con el sublime amor con que Dios le ama en Cristo…
Existe un enfoque erróneo de la pastoral en el sentido de reducirla solamente al plano espiritual. La pastoral trasciende a la simple formula de orar por las personas, pedirle que sigan confiando en Dios y luego despedirlas[3]; o subir al púlpito dos o tres veces por semana para ‘decirle algo’ a la congregación. La pastoral es un universo con muchos planetas, que muchas veces se desatienden o se soslayan, ya sea por desconocimiento o desidia.
La dimensión pastoral tiene que ver mucho con la compasión, es decir, el padecer juntamente con las personas. Compasión no es sinónimo de lástima, es identificación experiencial[4] junto a los que sufren. A este tipo de pastoral nos impele Pablo cuando escribe la Epístola a los Romanos ‘... lloren con los que lloran’ (12:15b). Esta pastoral -de padecer juntamente con los que sufren- nos constriñe a la experiencia profunda de caminar junto al necesitado, en su sendero marcado por las vicisitudes, la exclusión, la injusticia, la postergación e indiferencia. Además tiene que ver con el hecho de pasar tiempo con las personas en sus necesidades verídicas, que no siempre son de tipo espiritual. Esta declaración hace que emerja un aspecto importante en la labor pastoral, la presencia del ministro o la comunidad de creyentes, que a la vez se expresa en relaciones entre quien pastorea y la grey o, en sentido general, la comunidad misma.
Orar por las necesidades en sí mismo no es malo. Pero una pastoral que sólo enseña la oración y que se olvida de la acción, es patéticamente una pastoral cercenada y limitada. ¿Qué se hace cuando un padre de familia extensa pide ayuda porque no puede encontrar un trabajo y consiguientemente no puede alimentar a los suyos? A veces la respuesta única es pedirle que permanezca en oración –lo cual está bien- pero no se le acompaña en la búsqueda de mejores horizontes en un plano meramente práctico, tampoco se le enseña creativamente la habilidad de generar su propio espacio de trabajo y sus propios ingresos. A eso nos referimos cuando hablamos de una pastoral mutilada, que espiritualiza las necesidades humanas.
El Diccionario de Ética Cristiana y Teología Pastoral (2004, p.120) define con precisión la labor pastoral –haciendo énfasis en la iglesia como comunidad pastoral- de la siguiente manera:
El cuidado pastoral es la puesta en práctica del interés que siente la iglesia por las necesidades cotidianas y últimas de sus miembros y de la comunidad más amplia en que éstos se insertan.
Orlando Costas (citado por Cuenca[5], 1993, p.11) también tiene una buena definición de lo que representa la labor pastoral. Ella vendría a ser:
Orlando Costas (citado por Cuenca[5], 1993, p.11) también tiene una buena definición de lo que representa la labor pastoral. Ella vendría a ser:
Toda aquella acción que busca correlacionar el Evangelio o la fe cristiana con las situaciones concretas del diario vivir, sirviendo de puente para la experiencia de la fe en la vida cristiana.
1.3 Imágenes del pastor en el Antiguo Testamento
En el AT, a diferencia del NT, el pastor no siempre es un clérigo. La responsabilidad pastoral a veces recae sobre el rey[6] de Israel, como en Ezequiel 34. Otras tantas veces sobre líderes en asuntos temporales como en Génesis 47:17 con el cuidado que brinda José a sus familiares (una representación del cuidado de Dios hacia su pueblo) y en Isaías 44:28, donde Ciro el rey de Persia es llamado ‘mi Pastor’. Este ‘Pastor’ tiene el encargo de parte de Dios de ‘…sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir puertas delante de él, puertas que no se cerrarán’; en el capítulo 63:11, Moisés es mostrado como el pastor que guió al pueblo de Dios desde Egipto hasta la tierra prometida. No obstante la labor de Moisés, Dios es mostrado como el pastor por excelencia (cf. Is.63.14). El Qohelet (el predicador del libro de Eclesiastés), rey de Israel en Jerusalén, también se presenta figurativamente como ‘un pastor’ (Ecl.12:11). A pesar del rol de estos líderes, Yahveh es el verdadero pastor de Israel (Sal.80:1, 2), es el que reunirá a su rebaño nuevamente y lo guardará en el redil (Jer.31:10).
Sin duda el Salmo 23 representa una de las descripciones más hermosas de lo que significa el pastorado del Señor. Yahveh es un pastor que se preocupa de que no le falte nada a su rebaño (v.1), pues los conduce siempre hacia pastos delicados y aguas de reposo (v.2). El rebaño se siente seguro bajo el cuidado de Yahveh, ni el ‘valle de sombra de muerte’ le da temor, pues sabe que el cayado (v.4) del pastor ahuyentará a lobos, osos y leones (Am.3:12, cf.1Sam.17.34-37). Este pastor, a diferencia de los pastores terrenales, que engordan al rebaño para luego entregarlo al matadero, le garantiza vida eterna a su rebaño (v.6).
Las personas y naciones que han abandonado a Yahveh son llamadas ‘ovejas sin pastor’. Eso lo podemos verificar en Números 27:17; 1 Reyes 22:17; 2 Crónicas 18:16; Ezequiel 34:5,8 y Zacarías 10:2 (cf. Mt.9:36; Mrc.6:34 en el NT).
1.4 Imágenes del pastor en el Nuevo Testamento
Jesús como modelo de pastor
En el NT, Jesús se presenta como el pastor por excelencia. El simplemente es el ‘buen pastor’. Su amor llevado al extremo le hace dar la ‘vida por sus ovejas’ (Jn.10). Los pastores terrenales están bajo la influencia de Jesús, quien es el ‘príncipe de los pastores’ (1Pe.5:) y pastorean la iglesia bajo el llamado (Ef.4:12; 1Tim.1:12; 2Tim.1:9) y la supervisión de él (Heb.13:17b). Jesús es el ‘gran pastor’ (Heb.13:20) quien resucitó para dar vida eterna a sus ovejas. Estos son los tres títulos pastorales que recibe Jesús en la literatura del NT.
El modelo pastoral de Jesús sirve como base para la pastoral cristiana, de ahí que todos los pastores terrenales deben de replicar el modelo del pastor por antonomasia. La antítesis de la pastoral de Jesús es la pastoral asalariada. El evangelista Juan nos trasmite la protesta y la indignación del ‘príncipe de los pastores’, con respecto al pastor asalariado, en estos términos (Jn.10:12-13, DHH):
1.3 Imágenes del pastor en el Antiguo Testamento
En el AT, a diferencia del NT, el pastor no siempre es un clérigo. La responsabilidad pastoral a veces recae sobre el rey[6] de Israel, como en Ezequiel 34. Otras tantas veces sobre líderes en asuntos temporales como en Génesis 47:17 con el cuidado que brinda José a sus familiares (una representación del cuidado de Dios hacia su pueblo) y en Isaías 44:28, donde Ciro el rey de Persia es llamado ‘mi Pastor’. Este ‘Pastor’ tiene el encargo de parte de Dios de ‘…sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir puertas delante de él, puertas que no se cerrarán’; en el capítulo 63:11, Moisés es mostrado como el pastor que guió al pueblo de Dios desde Egipto hasta la tierra prometida. No obstante la labor de Moisés, Dios es mostrado como el pastor por excelencia (cf. Is.63.14). El Qohelet (el predicador del libro de Eclesiastés), rey de Israel en Jerusalén, también se presenta figurativamente como ‘un pastor’ (Ecl.12:11). A pesar del rol de estos líderes, Yahveh es el verdadero pastor de Israel (Sal.80:1, 2), es el que reunirá a su rebaño nuevamente y lo guardará en el redil (Jer.31:10).
Sin duda el Salmo 23 representa una de las descripciones más hermosas de lo que significa el pastorado del Señor. Yahveh es un pastor que se preocupa de que no le falte nada a su rebaño (v.1), pues los conduce siempre hacia pastos delicados y aguas de reposo (v.2). El rebaño se siente seguro bajo el cuidado de Yahveh, ni el ‘valle de sombra de muerte’ le da temor, pues sabe que el cayado (v.4) del pastor ahuyentará a lobos, osos y leones (Am.3:12, cf.1Sam.17.34-37). Este pastor, a diferencia de los pastores terrenales, que engordan al rebaño para luego entregarlo al matadero, le garantiza vida eterna a su rebaño (v.6).
Las personas y naciones que han abandonado a Yahveh son llamadas ‘ovejas sin pastor’. Eso lo podemos verificar en Números 27:17; 1 Reyes 22:17; 2 Crónicas 18:16; Ezequiel 34:5,8 y Zacarías 10:2 (cf. Mt.9:36; Mrc.6:34 en el NT).
1.4 Imágenes del pastor en el Nuevo Testamento
Jesús como modelo de pastor
En el NT, Jesús se presenta como el pastor por excelencia. El simplemente es el ‘buen pastor’. Su amor llevado al extremo le hace dar la ‘vida por sus ovejas’ (Jn.10). Los pastores terrenales están bajo la influencia de Jesús, quien es el ‘príncipe de los pastores’ (1Pe.5:) y pastorean la iglesia bajo el llamado (Ef.4:12; 1Tim.1:12; 2Tim.1:9) y la supervisión de él (Heb.13:17b). Jesús es el ‘gran pastor’ (Heb.13:20) quien resucitó para dar vida eterna a sus ovejas. Estos son los tres títulos pastorales que recibe Jesús en la literatura del NT.
El modelo pastoral de Jesús sirve como base para la pastoral cristiana, de ahí que todos los pastores terrenales deben de replicar el modelo del pastor por antonomasia. La antítesis de la pastoral de Jesús es la pastoral asalariada. El evangelista Juan nos trasmite la protesta y la indignación del ‘príncipe de los pastores’, con respecto al pastor asalariado, en estos términos (Jn.10:12-13, DHH):
…pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas. Y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga, y no las ovejas.
Por el contrario Jesús es un pastor que: (1) conoce a sus ovejas y es conocido por ellas, pues han aprendido a escuchar su voz entre mil voces. El conocimiento trasciende a la simple información de algunos datos básicos, esto tiene que ver con un conocimiento profundo de la persona, hecho que ha devenido a la relación estrecha, empática y amorosa de parte del pastor [Jn.10:14, 27]; (2) se compadece de las ovejas, pues muchas veces se encuentran sin pastor y no hay quien las alimente ni las cuide [Mt.9:36]. Esa preocupación genuina lo llevó a pedirle a sus discípulos que oraren para que el ‘Dueño de la cosecha… mande trabajadores a recogerla’ [9:37]; (3) cuida a sus ovejas, por eso las alimenta con pastos (Jn.10:9b) abundantes a fin de que tengan vida en abundancia (Jn.10:10); (4) se preocupa por las ‘otras ovejas’ que son de otro redil (una alusión al mundo gentil) y las reúne en un único rebaño, donde él es el pastor por excelencia (‘habrá un rebaño y un pastor’, Jn.10:16b); (5) es un pastor que no se cansa de buscar a su oveja cuando esta resulta perdida, luego la trae amorosamente sobre su hombro y se regocija con sus amigos y vecinos (Lc.15:4-6; Mt.18:12-14). Sólo cuando el rebaño está completo, su corazón puede descansar tranquilo. El es el pastor que vino a buscar a ´las ovejas perdidas de Israel’ (Mt.15:24). Este pastor congregará a las naciones como en un rebaño y separará a las ovejas de las cabras, en el juicio final (Mt.25:31-33).
El Pastor y los pastores del Nuevo Testamento
La literatura bíblica siempre hace una distinción entre el Pastor (el uno) y los pastores (siempre en plural). La alusión al Pastor -en singular- hace referencia a Yahveh[7] y a también Cristo[8]. En el AT los escritores bíblicos establecen una diferencia sustancial entre los pastores terrenales y Yahveh. Él nunca abandonó a su rebaño y cumplió cabalmente con alimentarlos (p.ej. a través de José, durante la escases de alimentos; en el desierto, camino a la tierra prometida, etc.), guardarlo de los peligros () y curarlos del pecado cuando los devastaba. Por su lado los pastores terrenales no cumplían con fortalecer a las débiles, curar a la ‘enferma’, vendar a la ‘perniquebrada’, ellos abandonaban a la ‘descarriada’ y no la traían de regreso al redil (Ez.34:4a). Por el contrario se beneficiaban (v.3) y abusaban de ellas (v.4b). En el NT, el contraste que se establece es el de Jesús y los pastores asalariados (Jn.10:12-13). Jesús nunca abandona el rebaño y está dispuesto a dar su vida por las ovejas. El asalariado, cuando ve venir el peligro, simplemente huye.
En el NT Cristo constituye pastores para el cuidado del rebaño, sin embargo, el sigue siendo el Pastor por excelencia (ya hemos mencionado sus tres títulos). Los pastores terrenales reciben el encargo del Pastor de la iglesia y apacientan el rebaño en el nombre de Cristo y bajo la autoridad de él. Las ovejas no le pertenecen a los pastores terrenales, pues son de Cristo. Ellos son sólo mayordomos-pastores y nunca deben olvidar de quien es el rebaño. Los pastores terrenales recibirán una corona especial por su labor, el cual les será dada por el ‘príncipe de los pastores’ (1Pe.5:4).
Ha habido pastores buenos y malos en la historia de la iglesia. Tenemos a Diótrefes, pastor ambicioso y sediento de poder (3Jn.1:9-10), algunos ancianos de la iglesia de Éfeso que acabaron por subvertir el rebaño, volviéndose a fabulas de hombres y cuentos de viejas de los falsos maestros (cf.Hch.19:28-30; 1Tim.1:4; 4:7). Pero también tenemos a Timoteo, cuya fidelidad fue sellada con el martirio; a Tito, pastor en Creta; y también a Santiago, pastor de la iglesia de Jerusalén, quien también fue martirizado, tres pastores íntegros cuyas vidas siguen inspirando a miles de pastores en todo el mundo, especialmente en América Latina, donde sobrevive una sociedad anti-evangélica, que está presta al mínimo error de sus lideres-pastores, para intentar derribar la reputación de la iglesia.
1.5 Imágenes del pastor en el arte cristiano del cristianismo primitivo
Uno de los símbolos que caracterizó la iconografía del cristianismo primitivo sin duda fue la del buen pastor, una representación de Jesús con una oveja sobre su hombro o entre sus brazos. Se han encontrado representaciones del buen pastor en las catacumbas[9] romanas, en los frescos, en los relieves de los sarcófagos y en estatuas. Su representación fue muy difundida entre los cristianos perseguidos de los primeros siglos y expresa la esperanza de un pueblo frente al pastor que viene para salvar a su rebaño de los peligros y de la amenaza de la muerte.
Kittel, Friedrich y Bromiley (2003, p.881) dan cuenta que:
A partir del siglo III, los cuadros del Buen Pastor retratan a Cristo como un personaje radiante y lleno de juventud, que no es simplemente un guía de almas, sino el maestro y redentor que trae la salvación.
Carmen Hernández y Aracelys Rojas[10] nos amplían algunos detalles de dicha representación:
El Buen Pastor generalmente va a estar representado con los rasgos de un joven pastor adolescente, aunque en algunos ejemplos aparece barbado, vestido con una túnica (exomis), generalmente sin mangas que acaba por encima de las rodillas. Lleva las piernas vendadas (fascias crurales) y en las manos tiene un cayado (pedum), un recipiente para ordeñar (mulcra) o una flauta de pan (syrinx).
El símbolo del buen pastor en el arte cristiano fue una representación simbólica que remitía a una realidad espiritual: Cristo salvando a su rebaño. El buen pastor además es una representación del amor de Cristo por sus ovejas. Su origen puede datarse desde mediados del siglo II. Es a partir del siglo V que la representación va siendo dejada de lado, pues a partir de ese momento se representa a Jesús de manera más directa: es decir, con rostro definido y no como una alegoría. El símbolo reaparece nuevamente el siglo XVI y se localiza en Francia y Portugal.
El símbolo del buen pastor en el arte cristiano fue una representación simbólica que remitía a una realidad espiritual: Cristo salvando a su rebaño. El buen pastor además es una representación del amor de Cristo por sus ovejas. Su origen puede datarse desde mediados del siglo II. Es a partir del siglo V que la representación va siendo dejada de lado, pues a partir de ese momento se representa a Jesús de manera más directa: es decir, con rostro definido y no como una alegoría. El símbolo reaparece nuevamente el siglo XVI y se localiza en Francia y Portugal.
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Notas Finales
[1] Un enfoque moderno sostiene que no siempre la labor pastoral es realizado por el pastor de manera exclusiva. La iglesia, como una comunidad, también desarrolla un rol pastoral, hacia la comunidad de creyentes y los necesitados en general. Hoy en día es posible ver ministerios específicos que desarrollan dicho rol en áreas específicas: alcoholismo, enfermos de SIDA, homosexuales, cuidado de huérfanos y viudas, presos, etc.
[2] Cuando hablamos de necesidad, no estamos tomando la acepción materialista de la palabra, ésta de hecho puede ser de tipo emocional y espiritual.
Por otro lado, el necesitado no siempre es exclusivamente un creyente. Muchas veces la labor pastoral se proyecta a personas no creyentes, que buscan refugio en el evangelio.
[3] Cf. Santiago 2:15-16.
[4] En esto trasciende largamente a la empatía. La pastoral tiene que ver con el hecho de acompañar a las personas en su dolor y fortalecerlos espiritual y anímicamente, para superar sus tiempos de crisis.
[5] ‘Sociología y Pastoral’ en Biblioteca de Teología y Psicología Pastoral, Vol. 1, Editorial CLIE, Barcelona.
[6] Este tipo de analogía se puede ver también en la literatura no cristiana. Por ejemplo, Homero (La Iliada) llama ‘pastores’ a los reyes y gobernantes, puesto que ellos estaban dedicados al cuidado político de su pueblo (‘Pastor’ en el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza).
Los dioses paganos también eran vistos como pastores, ‘así, Amón es un fuerte vaquero que resguarda su ganado’ (‘poimen’, Kittel, Friedrich y Bromiley, 2003, p.879).
[7] Esto sucede mayormente en el AT, aunque en Ezequiel 34 hay una doble referencia tanto a Yahveh (vv.11-12) como a Cristo (David, vv.23-24). En el NT no hay referencias a Yahveh como pastor, salvo en la parábola de la oveja perdida (Lc.15:4; Mt.18:12).
[8] Al igual que el caso anterior, esto sucede mayormente en el NT.
[9] Por ejemplo, en la famosa catacumba de San Calixto, denominada así en honor a Calixto, diácono y administrador del cementerio. La catacumba de San Calixto ocupa un área de 15 hectáreas y tiene una red de galerías subterráneas de más o menos 20 kilómetros, distribuidas en varios niveles, de una altura de casi 20 metros. Su existencia data de mediados del siglo II. En la catacumba de Priscila (siglo III) también se puede encontrar esta representación del arte del cristianismo primitivo.
[10] ‘El buen Pastor’, disponible en http://vereda.saber.ula.ve/mirabilia/pastor.htm, accedido el 26/03/09.
[1] Un enfoque moderno sostiene que no siempre la labor pastoral es realizado por el pastor de manera exclusiva. La iglesia, como una comunidad, también desarrolla un rol pastoral, hacia la comunidad de creyentes y los necesitados en general. Hoy en día es posible ver ministerios específicos que desarrollan dicho rol en áreas específicas: alcoholismo, enfermos de SIDA, homosexuales, cuidado de huérfanos y viudas, presos, etc.
[2] Cuando hablamos de necesidad, no estamos tomando la acepción materialista de la palabra, ésta de hecho puede ser de tipo emocional y espiritual.
Por otro lado, el necesitado no siempre es exclusivamente un creyente. Muchas veces la labor pastoral se proyecta a personas no creyentes, que buscan refugio en el evangelio.
[3] Cf. Santiago 2:15-16.
[4] En esto trasciende largamente a la empatía. La pastoral tiene que ver con el hecho de acompañar a las personas en su dolor y fortalecerlos espiritual y anímicamente, para superar sus tiempos de crisis.
[5] ‘Sociología y Pastoral’ en Biblioteca de Teología y Psicología Pastoral, Vol. 1, Editorial CLIE, Barcelona.
[6] Este tipo de analogía se puede ver también en la literatura no cristiana. Por ejemplo, Homero (La Iliada) llama ‘pastores’ a los reyes y gobernantes, puesto que ellos estaban dedicados al cuidado político de su pueblo (‘Pastor’ en el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza).
Los dioses paganos también eran vistos como pastores, ‘así, Amón es un fuerte vaquero que resguarda su ganado’ (‘poimen’, Kittel, Friedrich y Bromiley, 2003, p.879).
[7] Esto sucede mayormente en el AT, aunque en Ezequiel 34 hay una doble referencia tanto a Yahveh (vv.11-12) como a Cristo (David, vv.23-24). En el NT no hay referencias a Yahveh como pastor, salvo en la parábola de la oveja perdida (Lc.15:4; Mt.18:12).
[8] Al igual que el caso anterior, esto sucede mayormente en el NT.
[9] Por ejemplo, en la famosa catacumba de San Calixto, denominada así en honor a Calixto, diácono y administrador del cementerio. La catacumba de San Calixto ocupa un área de 15 hectáreas y tiene una red de galerías subterráneas de más o menos 20 kilómetros, distribuidas en varios niveles, de una altura de casi 20 metros. Su existencia data de mediados del siglo II. En la catacumba de Priscila (siglo III) también se puede encontrar esta representación del arte del cristianismo primitivo.
[10] ‘El buen Pastor’, disponible en http://vereda.saber.ula.ve/mirabilia/pastor.htm, accedido el 26/03/09.
viernes, 30 de enero de 2009
Sermon 3 (Los requerimientos en la vida cristiana [la religión pura y sin mancha])
Pasaje: Santiago 1:19-27.
Tema: Los requerimientos en la vida cristiana (la religión pura y sin mancha)
Introducción
La verdadera vida cristiana es el resultado de la sabiduría que proviene de Dios, mediante la ‘palabra implantada’. En esta sección, Santiago va a hablar acerca de la vida cristiana, en términos de la ‘religión pura y sin mancha’. Una falsificación de la verdadera vida cristiana, es la religiosidad. Nuestro autor quiere que cada uno de nosotros sepamos a que estamos convocados, cuando decidimos vivir la vida cristiana. Para tal efecto, nos va a mostrar cuatro requerimientos básicos.
I. Requiere de saber comunicarnos adecuadamente (v.19a, 26).
La comunicación en la vida cristiana tiene que ver con tres aspectos importantes:
A. Prontitud para escuchar. Un buen conversador es aquel que está preocupado en lo que su interlocutor tiene para decir. Esta actitud es un acto que revela la preocupación genuina por la situación otras personas y nos libra del egoísmo, individualismo, egocentrismo y el narcicismo; que algunas veces puede habernos atrapado
B. Lentitud para hablar. Es decir, lentitud para emitir un juicio negativo, o palabras que resulten dañinas a las personas[1]. La forma como hablamos de las personas, influirá en su estado de ánimo. Lamentablemente muchos suicidios se suceden por la violencia verbal que son objeto las personas, a lo largo de su triste existencia.
C. Control de nuestra lengua (v.26). Una exigencia básica en la vida cristiana es saber controlar nuestras palabras. Hacerlo es una señal de madurez, no hacerlo nos convierte en simples religiosos, en mentirosos y participantes de una vana religiosidad.
Alguien ha dicho acertadamente que ‘Dios nos ha dado una sola boca para hablar menos y dos oídos para escuchar más’. El libro de Proverbios 17:27-28, menciona: ‘El que ahorra palabras tiene sabiduría…. 28 Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio; el que cierra sus labios es inteligente’.
Aplicación. ¿Te has dado cuenta en tus relaciones, cuanto tiempo te dedicas a escuchar a los demás?, ¿te importa realmente lo que otros tienen para decir, o solamente estas preocupado en lo que tu tienes para hablar?
II. Requiere de saber controlar nuestras reacciones (vv.19b-21).
A. La ira (gr. ovrgh,). Si ponemos atención al texto bíblico, veremos que la ira es el resultado de una deficiente comunicación (hablar mucho y escuchar poco). Si no dedicamos tiempo para escuchar a una persona, es inevitable que tengamos una valoración equivocada de ella. Eso muchas veces nos empujará al enojo, y ‘…el hombre enojado no hace lo que es justo ante Dios’ (v.20, DHH).
Santiago señala una secuencia en el v.19: escuchar, hablar y airarse. La ira aparece como la posibilidad más remota en las relaciones interpersonales. Lamentablemente, muchas veces hacemos la ruta inversa. Esto es, airarnos, querer hablar (para reparar lo que destruimos con nuestra ira) y escuchar.
(*) Ilustración del padre chileno que quebró las manos de su hijo, por haberle rayado el auto nuevo.
Muchas personas intentan solucionar sus diferencias estando enojados, lo cual es un error. En el ejército alemán, existe una exigencia: ¡nunca tomes una decisión estando enojado!
B. El control de nuestras reacciones demanda desechar algunas cosas (v.21a). Aquí Santiago va a mencionar dos cosas: (1) la inmundicia, y; (2) la maldad, que abunda en grandes cantidades en el mundo.
C. Por otro lado, demanda el recibir una cosa (v.21b): la ‘palabra implantada’ (‘el mensaje que ha sido sembrado’ [DHH] en nuestros corazones). Santiago nos pide esto, porque sólo este mensaje, ‘tiene poder para salvarnos’ [DHH].
Aplicación: ¿Cómo vamos en cuanto al control de nuestras reacciones? Lo que Dios espera de nosotros es: ‘amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gálatas 5:22-23). Mi deseo es que juntos crezcamos en el fruto del Espíritu cada día.
III. Requiere de consistencia entre lo que sabemos y hacemos (vv.22-25)
A. En la vida cristiana conocer y hacer están perfectamente alineados. No se trata de caminos paralelos que siguen su propia ruta. Ortodoxia y ortopraxis, son dos componentes irremplazables de la sana doctrina y por consiguiente, de la vida cristiana.
Santiago tiene una critica muy fuerte para los ‘oidores olvidadizos’, es decir aquellos que oyendo la palabra de Dios, pronto la olvidan[2] y nunca llegan a un estado de madurez en la vida cristiana.
B. El simple conocimiento es algo inútil, si tan solamente somos oidores y no hacedores de la palabra. Santiago compara a la persona que es así con alguien que se mira en un espejo imperfecto[3] que devuelve una imagen imprecisa, engañando de esta manera a la persona. La persona que es un mero oidor, es así, sus actos no están controlados por la palabra sino por su conciencia, que es imperfecta.
C. Solamente quien es practicante (esto es, una persona que persevera en la palabra de Dios) de lo que oye, es llamado bienaventurado. Si por una lado Santiago critica a los ‘oidores olvidadizos’, ahora, se dirige en buenos términos a quienes oyen y practican la palabra. Él los llama ‘bienaventurados’. Este mismo adjetivo lo había utilizado para referirse a los que soportan las pruebas.
Aplicación. Quisiera en este punto hacerles dos preguntas: ¿Cuánto de lo que oyes de la palabra de Dios, retienes en tu corazón, practicándolo?, ¿te consideras un ‘oyente olvidadizo’ o una persona que persevera en la palabra y la correcta práctica de ella?
IV. Requiere de una piedad práctica (v.27).
A. La piedad (gr. eusebeia) no es el resultado de la religiosidad. Nadie puede llegar a ser piadoso por ser un mero religioso. A veces se puede confundir el hecho de ser religioso con ser piadoso. La religiosidad es simple apariencia, la piedad es acción. Esto último es lo que Dios espera de nosotros en la vida cristiana.
B. La piedad, en la vida cristiana, se expresa por el hacer. A las personas piadosas se les debe de reconocer por el estilo de vida que llevan y por las cosas que hacen. Santiago, en este punto, quiere mostrarnos dos características de la verdadera piedad (esta es la religión pura y sin mancha): (1) se preocupa por el cuidado de los pobres[4], y; (2) procura no ‘mancharse con la maldad del mundo [DHH]’. La religiosidad, por su parte, se preocupa por la apariencia, por lo estético, no por lo ético. El parecer le resulta más conveniente que el ser.
C. La piedad se puede medir a partir del amor compasivo. De la misma manera, la verdadera fe se puede deducir por las obras del creyente, ese es un tema que más adelante desarrollará Santiago (2:14-26). El amor compasivo es una evidencia de una piedad práctica. Una piedad práctica, es el sello inconfundible de la religión limpia y sin mancha.
Aplicación. La religiosidad es una falsificación torpe de la verdadera vida cristiana, lo que Dios espera de nosotros es piedad y no religiosidad.
Conclusión
Estimados hermanos, luego de haber visto la palabra de Dios, y haber entendido estas cuatro verdades, dispongamos nuestros corazones para vivir la verdadera vida cristiana (la religión pura y sin mancha), no seamos meros religiosos, centrándonos sólo en palabras o en apariencias. El Señor demanda de nosotros fidelidad, obediencia, madurez espiritual. Eso tiene que verse reflejado en (1) la forma como nos comunicamos, (2) la forma como reaccionamos, (3) afinidad entre lo que decimos creer y lo que hacemos, y (4) una piedad práctica; no de palabras ni de apariencias. Dejemos que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros.
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Notas Finales
[1] Cf. Prov. 12:18. ‘Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada, pero la lengua de los sabios es medicina’
[2] En este punto el Comentario Matthew Henry (‘Santiago’, p.22) comenta acertadamente, ‘el olvido es efecto… de la falta de atención; y la falta de atención es producto de la falta de interés’.
[3] Los espejos de la época no eran vidrio, como los de hoy en día. Estos se construían a partir del bronce, plata u oro (en el caso de los ricos). Estos metales eran martillados hasta quedar laminados, el resultado era un espejo, pero, a comparación de hoy en día, estos entregaban una imagen imperfecta.
[4] Santiago se refiere específicamente a los huérfanos y a las viudas. En el AT, ambos grupos, junto a los extranjeros sin tierra, son objeto de una protección especial de parte de Dios.
Tema: Los requerimientos en la vida cristiana (la religión pura y sin mancha)
Introducción
La verdadera vida cristiana es el resultado de la sabiduría que proviene de Dios, mediante la ‘palabra implantada’. En esta sección, Santiago va a hablar acerca de la vida cristiana, en términos de la ‘religión pura y sin mancha’. Una falsificación de la verdadera vida cristiana, es la religiosidad. Nuestro autor quiere que cada uno de nosotros sepamos a que estamos convocados, cuando decidimos vivir la vida cristiana. Para tal efecto, nos va a mostrar cuatro requerimientos básicos.
I. Requiere de saber comunicarnos adecuadamente (v.19a, 26).
La comunicación en la vida cristiana tiene que ver con tres aspectos importantes:
A. Prontitud para escuchar. Un buen conversador es aquel que está preocupado en lo que su interlocutor tiene para decir. Esta actitud es un acto que revela la preocupación genuina por la situación otras personas y nos libra del egoísmo, individualismo, egocentrismo y el narcicismo; que algunas veces puede habernos atrapado
B. Lentitud para hablar. Es decir, lentitud para emitir un juicio negativo, o palabras que resulten dañinas a las personas[1]. La forma como hablamos de las personas, influirá en su estado de ánimo. Lamentablemente muchos suicidios se suceden por la violencia verbal que son objeto las personas, a lo largo de su triste existencia.
C. Control de nuestra lengua (v.26). Una exigencia básica en la vida cristiana es saber controlar nuestras palabras. Hacerlo es una señal de madurez, no hacerlo nos convierte en simples religiosos, en mentirosos y participantes de una vana religiosidad.
Alguien ha dicho acertadamente que ‘Dios nos ha dado una sola boca para hablar menos y dos oídos para escuchar más’. El libro de Proverbios 17:27-28, menciona: ‘El que ahorra palabras tiene sabiduría…. 28 Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio; el que cierra sus labios es inteligente’.
Aplicación. ¿Te has dado cuenta en tus relaciones, cuanto tiempo te dedicas a escuchar a los demás?, ¿te importa realmente lo que otros tienen para decir, o solamente estas preocupado en lo que tu tienes para hablar?
II. Requiere de saber controlar nuestras reacciones (vv.19b-21).
A. La ira (gr. ovrgh,). Si ponemos atención al texto bíblico, veremos que la ira es el resultado de una deficiente comunicación (hablar mucho y escuchar poco). Si no dedicamos tiempo para escuchar a una persona, es inevitable que tengamos una valoración equivocada de ella. Eso muchas veces nos empujará al enojo, y ‘…el hombre enojado no hace lo que es justo ante Dios’ (v.20, DHH).
Santiago señala una secuencia en el v.19: escuchar, hablar y airarse. La ira aparece como la posibilidad más remota en las relaciones interpersonales. Lamentablemente, muchas veces hacemos la ruta inversa. Esto es, airarnos, querer hablar (para reparar lo que destruimos con nuestra ira) y escuchar.
(*) Ilustración del padre chileno que quebró las manos de su hijo, por haberle rayado el auto nuevo.
Muchas personas intentan solucionar sus diferencias estando enojados, lo cual es un error. En el ejército alemán, existe una exigencia: ¡nunca tomes una decisión estando enojado!
B. El control de nuestras reacciones demanda desechar algunas cosas (v.21a). Aquí Santiago va a mencionar dos cosas: (1) la inmundicia, y; (2) la maldad, que abunda en grandes cantidades en el mundo.
C. Por otro lado, demanda el recibir una cosa (v.21b): la ‘palabra implantada’ (‘el mensaje que ha sido sembrado’ [DHH] en nuestros corazones). Santiago nos pide esto, porque sólo este mensaje, ‘tiene poder para salvarnos’ [DHH].
Aplicación: ¿Cómo vamos en cuanto al control de nuestras reacciones? Lo que Dios espera de nosotros es: ‘amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gálatas 5:22-23). Mi deseo es que juntos crezcamos en el fruto del Espíritu cada día.
III. Requiere de consistencia entre lo que sabemos y hacemos (vv.22-25)
A. En la vida cristiana conocer y hacer están perfectamente alineados. No se trata de caminos paralelos que siguen su propia ruta. Ortodoxia y ortopraxis, son dos componentes irremplazables de la sana doctrina y por consiguiente, de la vida cristiana.
Santiago tiene una critica muy fuerte para los ‘oidores olvidadizos’, es decir aquellos que oyendo la palabra de Dios, pronto la olvidan[2] y nunca llegan a un estado de madurez en la vida cristiana.
B. El simple conocimiento es algo inútil, si tan solamente somos oidores y no hacedores de la palabra. Santiago compara a la persona que es así con alguien que se mira en un espejo imperfecto[3] que devuelve una imagen imprecisa, engañando de esta manera a la persona. La persona que es un mero oidor, es así, sus actos no están controlados por la palabra sino por su conciencia, que es imperfecta.
C. Solamente quien es practicante (esto es, una persona que persevera en la palabra de Dios) de lo que oye, es llamado bienaventurado. Si por una lado Santiago critica a los ‘oidores olvidadizos’, ahora, se dirige en buenos términos a quienes oyen y practican la palabra. Él los llama ‘bienaventurados’. Este mismo adjetivo lo había utilizado para referirse a los que soportan las pruebas.
Aplicación. Quisiera en este punto hacerles dos preguntas: ¿Cuánto de lo que oyes de la palabra de Dios, retienes en tu corazón, practicándolo?, ¿te consideras un ‘oyente olvidadizo’ o una persona que persevera en la palabra y la correcta práctica de ella?
IV. Requiere de una piedad práctica (v.27).
A. La piedad (gr. eusebeia) no es el resultado de la religiosidad. Nadie puede llegar a ser piadoso por ser un mero religioso. A veces se puede confundir el hecho de ser religioso con ser piadoso. La religiosidad es simple apariencia, la piedad es acción. Esto último es lo que Dios espera de nosotros en la vida cristiana.
B. La piedad, en la vida cristiana, se expresa por el hacer. A las personas piadosas se les debe de reconocer por el estilo de vida que llevan y por las cosas que hacen. Santiago, en este punto, quiere mostrarnos dos características de la verdadera piedad (esta es la religión pura y sin mancha): (1) se preocupa por el cuidado de los pobres[4], y; (2) procura no ‘mancharse con la maldad del mundo [DHH]’. La religiosidad, por su parte, se preocupa por la apariencia, por lo estético, no por lo ético. El parecer le resulta más conveniente que el ser.
C. La piedad se puede medir a partir del amor compasivo. De la misma manera, la verdadera fe se puede deducir por las obras del creyente, ese es un tema que más adelante desarrollará Santiago (2:14-26). El amor compasivo es una evidencia de una piedad práctica. Una piedad práctica, es el sello inconfundible de la religión limpia y sin mancha.
Aplicación. La religiosidad es una falsificación torpe de la verdadera vida cristiana, lo que Dios espera de nosotros es piedad y no religiosidad.
Conclusión
Estimados hermanos, luego de haber visto la palabra de Dios, y haber entendido estas cuatro verdades, dispongamos nuestros corazones para vivir la verdadera vida cristiana (la religión pura y sin mancha), no seamos meros religiosos, centrándonos sólo en palabras o en apariencias. El Señor demanda de nosotros fidelidad, obediencia, madurez espiritual. Eso tiene que verse reflejado en (1) la forma como nos comunicamos, (2) la forma como reaccionamos, (3) afinidad entre lo que decimos creer y lo que hacemos, y (4) una piedad práctica; no de palabras ni de apariencias. Dejemos que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros.
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Notas Finales
[1] Cf. Prov. 12:18. ‘Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada, pero la lengua de los sabios es medicina’
[2] En este punto el Comentario Matthew Henry (‘Santiago’, p.22) comenta acertadamente, ‘el olvido es efecto… de la falta de atención; y la falta de atención es producto de la falta de interés’.
[3] Los espejos de la época no eran vidrio, como los de hoy en día. Estos se construían a partir del bronce, plata u oro (en el caso de los ricos). Estos metales eran martillados hasta quedar laminados, el resultado era un espejo, pero, a comparación de hoy en día, estos entregaban una imagen imperfecta.
[4] Santiago se refiere específicamente a los huérfanos y a las viudas. En el AT, ambos grupos, junto a los extranjeros sin tierra, son objeto de una protección especial de parte de Dios.
Sermon 2 (Verdades en torno a las Pruebas)
Pasaje: Santiago 1:12-18
Tema: Verdades en torno a las Pruebas
Introducción
En esta sección, Santiago se propone mostrarnos algunas verdades en torno a las pruebas. Ellas no son tan negativas como pudiéramos pensarlo. Las pruebas son necesarias para que las impurezas de nuestra vida sean removidas, desechadas y que nuestra fe sea purificada como el oro. Dios permite las pruebas en nuestra vida, pero es para nuestro bienestar, puesto que de él proviene lo bueno. Por eso, quienes la soportan alcanzan la felicidad plena en la salvación de sus vida, por medio de la obra de Cristo, quien nos ha hecho ´primicias’ para su gloria.
I. Quienes la soportan son bienaventurados (v.12)
A. Lo que significa ser bienaventurados. Santiago sólo tiene palabras de elogio y buenas noticias para todos aquellos creyentes que pasan la prueba sin abandonar su fe. Ya antes nos había mencionado que debemos de alegrarnos en medio de las pruebas (v.2), ahora nos asegura que las personas que soportan la tentación, son dichosas, felices. Cuando Santiago lanza ésta afirmación de seguro que está pensando en el premio que reciben los que pasan la prueba.
Pedro menciona que nuestra fe tiene que ser sometida a fuego, como el oro, a fin de que ‘sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo’ (1 Pe.1:7b).
B. La ‘corona de vida’ es un regalo al creyente que se mantiene fiel en la prueba. Aquí Santiago emplea la analogía de la corona que los griegos concedían a los atletas que resultaban invictos en las competencias de la Grecia antigua (MacArthur). Es probable que tenga en mente la versión de la Septuaginta, del profeta Zacarías (6:14), donde se menciona que, ‘la corona será para el que resista’ (Comentario Bíblico Beacon, p.204). En el sermón anterior mencionamos que las pruebas son permitidas por Dios para descubrir la naturaleza verdadera cada persona. La fidelidad sólo puede ser comprobada por medio de las pruebas. La ‘corona de vida’ es un regalo de Dios debido a la fidelidad del creyente. Esta fidelidad no es un asunto temporal sino permanente, es la forma como sellamos nuestra muerte misma (Cf. Ap.2:10)[1].
C. Soportar la prueba es una manifestación de nuestro amor a Dios. Santiago nos aclara que la única razón por la que los creyentes se mantienen fieles en medio de las pruebas, y las dificultades de la vida cristiana, es por el amor que tienen a su gran Dios. ‘Los que le aman [a Dios]’ son los que reciben la corona de vida. Se puede ver entonces que, la fidelidad es una expresión del amor del creyente a su creador.
II. Nadie es tentado de parte de Dios (v.13)
A. Dios no puede ser tentado por el mal. En este punto La Biblia de estudio MacArthur menciona: ‘En su naturaleza santa, Dios no tiene capacidad alguna para hacer el mal y tampoco es vulnerable a el’ (cf. Hab.1:13a)[2]. Además Dios no necesita ser probado, porque él es la plenitud de la santidad. Dios no tiene que dar cuenta a nadie a cerca de su santidad. No hay criatura ni creatura que pueda pretender tomarle un examen a la santidad de Dios, porque nada ni nadie es más santo que el mismo Dios.
B. Tampoco puede tentar con el mal. Si Dios es santo, él no puede empujar a las personas hacia el pecado, por el contrario, demanda en nosotros la santidad que existe en él (ver 1 Pe.1:16)[3]. Dios permite las pruebas, pero nunca deja que nosotros podamos ser probados más allá de lo que podemos soportar, no nos deja sin salida. Eso quiere decir que Dios nunca nos va a llevar hacia el pecado, por el contrario, nos protege de el.
III. Todos son tentados de sus propios malos deseos [concupiscencias] (vv.14-15)
Santiago está muy seguro de que la comisión de pecado no proviene de Dios, sino de adentro de nosotros mismos. Aquí, nuestro autor va a hablar de la concupiscencia (´malos deseos’) como el origen de la tentación. Los seres humanos, si no le echan la culpa a Dios, le echan la culpa al diablo[4], pero nunca ven que el problema está dentro de ellos mismo, en su propia naturaleza afectada por el pecado.
A. Nuestros propios malos deseos nos:
1. Atraen. Aquí Santiago emplea la figura del arte de la caza y de la pesca (LaCueva, p.17), para describir el modus operandi de los malos deseos en nosotros. El ser humano pone primeramente su atención en algo, luego ese algo lo atrapa y lo jala. Ya no hay escapatoria luego de eso.
2. Seducen. Santiago compara la concupiscencia como una mala mujer que trata de seducir a su ocasional víctima, con sus encantos. Esta figura va a continuar en el desarrollo de la concupiscencia
B. El desarrollo de la concupiscencia. MacArthur acierta al escribir: ‘El pecado no es un simple acto espontáneo, sino que es resultado de todo un proceso’. Se puede decir entonces, que la concupiscencia desarrolla el siguiente proceso:
1. Se incuba. Aquí las malas intenciones y los intentos de pecar se instalan en la vida de la persona. Cuando esto pasa, la persona ingresa a una espiral descendente, que lo llevará a la siguiente etapa.
2. Nace. Luego de haberse incubado, el pecado nace. No que no tuviera vida antes, sino que se refiere a que ahora existe como un proyecto mucho más cercano a la comisión del pecado.
3. Se desarrolla. Las intenciones ahora llegan a materializarse. Ya no se trata solamente de una intención imperiosa, sino de la comisión misma del pecado.
4. Mata. El pecado lleva a la muerte espiritual (cf. Ro.6:23a)[5]. A veces también puede conducir a la muerte física. Aunque lo segundo, a veces es dado como una forma de evitar lo primero (cf.1Cor.11:30).
IV. Los creyentes a veces tenemos deducciones equivocadas en torno al accionar de Dios (vv.16-18)
A. Erramos con respecto al accionar de Dios. A veces podemos llegar a la siguiente conclusión equivocada: ‘Esta tentación es demasiado difícil para mi; Dios tiene la culpa por enviármela’ (Comentario Bíblico Beacon, p.204). En la literatura griega de la época, había muchos personajes quejándose ‘de que sus pruebas eran demasiadas grandes para poder resistirlas’ (Keener, 2006, p.686). Al parecer esta forma tan pesimista de ver las pruebas estaba afectando también la cosmovisión de los creyentes.
Sacar conclusiones equivocadas en cuanto a las tentaciones y al rol de Dios es engañarnos a nosotros mismos. La versión DHH traduce de ésta manera el v.16: ‘Queridos hermanos míos, no se engañen…’. La BLS es mucho más fuerte en su traducción. A la letra dice: ‘Mis queridos hermanos, no sean tontos ni se engañen a ustedes mismos.’
B. No entendemos que lo bueno proviene de Dios.
1. La buena dadiva. Santiago emplea un lenguaje relacionado a la astronomía para calificar a Dios como el ‘padre de las luminarias’ (‘el que creó los astros del cielo’, v.7b, DHH). La luna, las estrellas y el sol; son ya un regalo de un Dios bueno que sabe dar buenos regalos a su creación. El ‘hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos’ (Mt.5:45b), entonces estamos frente a un Dios bueno que nos regala cosas buenas.
2. El don perfecto. Al igual que el caso anterior, un regalo perfecto, sólo puede proceder de parte de Dios. El es inmutable (no cambia) en su determinación de darnos lo mejor.
C. No entendemos que el nuevo nacimiento, es su buena voluntad para nosotros. Santiago nos aclara aquí que la voluntad de Dios no es que nosotros pequemos, sino que seamos salvos. Ya hemos mencionado que de Dios provienen las cosas buenas. Una de esas cosas buenas, tal vez la más grande, es la salvación misma. En esto podemos ver la mano de un Dios bueno. Nos salvó a fin de ser ´primicias´ para él[6].
Si de los malos deseos nace el pecado, de la buena voluntad de nuestro Señor nace nuestra salvación. Nuestra salvación es un acto voluntario y soberano de Dios.
Conclusión
Las pruebas a veces pueden ser vistas como causa de tristeza, sin embargo, Santiago nos demuestra que quienes la soportan son elevados a la categoría de bienaventurados, dichosos o felices. Eso sobre todo si entendemos que el regalo a la fidelidad es la ‘corona de la vida’. La corona de vida está al final del camino, pero en el camino hay pruebas que tenemos que pasar con la ayuda de Dios. A veces nos apresuramos a sacar conclusiones apresuradas en torno al accionar de Dios, culpándole de lo malo que nos pasa, pero, si abrimos bien los ojos, veremos que más bien que la buena dadiva y el don perfecto, provienen de él. Las cosas malas, incluidas las invitaciones a pecar, provienen de nosotros mismo. De Dios, por el contrario, nace nuestra salvación. Él nos hizo primicias para gloria suya. Nuestra salvación es el acto voluntario de un Dios bueno. Agradezcámosle siempre.
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Notas Finales
[1] En la persona de la iglesia de Esmirna, la Palabra nos dice: ‘No temas lo que has de padecer. El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. ¡Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida!’
[2] ‘Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio…’
[3] ‘porque escrito está: «Sed santos, porque yo soy santo»’
[4] Santiago no excluye la participación del diablo, pero tampoco lo señala como el responsable absoluto (cf.4:7). De hecho, para nuestro autor, el hombre tiene una gran cuota de responsabilidad en la comisión del pecado.
[5] ‘porque la paga del pecado es muerte…’
[6] Aquí el Comentario Matthew Henry interpreta la palabra ‘primicias’ como, ‘la parte más noble y digna de toda la creación a causa de su dignidad de hijos de Dios’. Ryrie, por su lado, piensa que se refiere a los primeros cristianos de origen judío. De esta manera preserva mejor el sentido original del texto bíblico. ‘Primicias’ puede entenderse también como ‘el inicio de una nueva creación’ (Keener, p.686)
Tema: Verdades en torno a las Pruebas
Introducción
En esta sección, Santiago se propone mostrarnos algunas verdades en torno a las pruebas. Ellas no son tan negativas como pudiéramos pensarlo. Las pruebas son necesarias para que las impurezas de nuestra vida sean removidas, desechadas y que nuestra fe sea purificada como el oro. Dios permite las pruebas en nuestra vida, pero es para nuestro bienestar, puesto que de él proviene lo bueno. Por eso, quienes la soportan alcanzan la felicidad plena en la salvación de sus vida, por medio de la obra de Cristo, quien nos ha hecho ´primicias’ para su gloria.
I. Quienes la soportan son bienaventurados (v.12)
A. Lo que significa ser bienaventurados. Santiago sólo tiene palabras de elogio y buenas noticias para todos aquellos creyentes que pasan la prueba sin abandonar su fe. Ya antes nos había mencionado que debemos de alegrarnos en medio de las pruebas (v.2), ahora nos asegura que las personas que soportan la tentación, son dichosas, felices. Cuando Santiago lanza ésta afirmación de seguro que está pensando en el premio que reciben los que pasan la prueba.
Pedro menciona que nuestra fe tiene que ser sometida a fuego, como el oro, a fin de que ‘sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo’ (1 Pe.1:7b).
B. La ‘corona de vida’ es un regalo al creyente que se mantiene fiel en la prueba. Aquí Santiago emplea la analogía de la corona que los griegos concedían a los atletas que resultaban invictos en las competencias de la Grecia antigua (MacArthur). Es probable que tenga en mente la versión de la Septuaginta, del profeta Zacarías (6:14), donde se menciona que, ‘la corona será para el que resista’ (Comentario Bíblico Beacon, p.204). En el sermón anterior mencionamos que las pruebas son permitidas por Dios para descubrir la naturaleza verdadera cada persona. La fidelidad sólo puede ser comprobada por medio de las pruebas. La ‘corona de vida’ es un regalo de Dios debido a la fidelidad del creyente. Esta fidelidad no es un asunto temporal sino permanente, es la forma como sellamos nuestra muerte misma (Cf. Ap.2:10)[1].
C. Soportar la prueba es una manifestación de nuestro amor a Dios. Santiago nos aclara que la única razón por la que los creyentes se mantienen fieles en medio de las pruebas, y las dificultades de la vida cristiana, es por el amor que tienen a su gran Dios. ‘Los que le aman [a Dios]’ son los que reciben la corona de vida. Se puede ver entonces que, la fidelidad es una expresión del amor del creyente a su creador.
II. Nadie es tentado de parte de Dios (v.13)
A. Dios no puede ser tentado por el mal. En este punto La Biblia de estudio MacArthur menciona: ‘En su naturaleza santa, Dios no tiene capacidad alguna para hacer el mal y tampoco es vulnerable a el’ (cf. Hab.1:13a)[2]. Además Dios no necesita ser probado, porque él es la plenitud de la santidad. Dios no tiene que dar cuenta a nadie a cerca de su santidad. No hay criatura ni creatura que pueda pretender tomarle un examen a la santidad de Dios, porque nada ni nadie es más santo que el mismo Dios.
B. Tampoco puede tentar con el mal. Si Dios es santo, él no puede empujar a las personas hacia el pecado, por el contrario, demanda en nosotros la santidad que existe en él (ver 1 Pe.1:16)[3]. Dios permite las pruebas, pero nunca deja que nosotros podamos ser probados más allá de lo que podemos soportar, no nos deja sin salida. Eso quiere decir que Dios nunca nos va a llevar hacia el pecado, por el contrario, nos protege de el.
III. Todos son tentados de sus propios malos deseos [concupiscencias] (vv.14-15)
Santiago está muy seguro de que la comisión de pecado no proviene de Dios, sino de adentro de nosotros mismos. Aquí, nuestro autor va a hablar de la concupiscencia (´malos deseos’) como el origen de la tentación. Los seres humanos, si no le echan la culpa a Dios, le echan la culpa al diablo[4], pero nunca ven que el problema está dentro de ellos mismo, en su propia naturaleza afectada por el pecado.
A. Nuestros propios malos deseos nos:
1. Atraen. Aquí Santiago emplea la figura del arte de la caza y de la pesca (LaCueva, p.17), para describir el modus operandi de los malos deseos en nosotros. El ser humano pone primeramente su atención en algo, luego ese algo lo atrapa y lo jala. Ya no hay escapatoria luego de eso.
2. Seducen. Santiago compara la concupiscencia como una mala mujer que trata de seducir a su ocasional víctima, con sus encantos. Esta figura va a continuar en el desarrollo de la concupiscencia
B. El desarrollo de la concupiscencia. MacArthur acierta al escribir: ‘El pecado no es un simple acto espontáneo, sino que es resultado de todo un proceso’. Se puede decir entonces, que la concupiscencia desarrolla el siguiente proceso:
1. Se incuba. Aquí las malas intenciones y los intentos de pecar se instalan en la vida de la persona. Cuando esto pasa, la persona ingresa a una espiral descendente, que lo llevará a la siguiente etapa.
2. Nace. Luego de haberse incubado, el pecado nace. No que no tuviera vida antes, sino que se refiere a que ahora existe como un proyecto mucho más cercano a la comisión del pecado.
3. Se desarrolla. Las intenciones ahora llegan a materializarse. Ya no se trata solamente de una intención imperiosa, sino de la comisión misma del pecado.
4. Mata. El pecado lleva a la muerte espiritual (cf. Ro.6:23a)[5]. A veces también puede conducir a la muerte física. Aunque lo segundo, a veces es dado como una forma de evitar lo primero (cf.1Cor.11:30).
IV. Los creyentes a veces tenemos deducciones equivocadas en torno al accionar de Dios (vv.16-18)
A. Erramos con respecto al accionar de Dios. A veces podemos llegar a la siguiente conclusión equivocada: ‘Esta tentación es demasiado difícil para mi; Dios tiene la culpa por enviármela’ (Comentario Bíblico Beacon, p.204). En la literatura griega de la época, había muchos personajes quejándose ‘de que sus pruebas eran demasiadas grandes para poder resistirlas’ (Keener, 2006, p.686). Al parecer esta forma tan pesimista de ver las pruebas estaba afectando también la cosmovisión de los creyentes.
Sacar conclusiones equivocadas en cuanto a las tentaciones y al rol de Dios es engañarnos a nosotros mismos. La versión DHH traduce de ésta manera el v.16: ‘Queridos hermanos míos, no se engañen…’. La BLS es mucho más fuerte en su traducción. A la letra dice: ‘Mis queridos hermanos, no sean tontos ni se engañen a ustedes mismos.’
B. No entendemos que lo bueno proviene de Dios.
1. La buena dadiva. Santiago emplea un lenguaje relacionado a la astronomía para calificar a Dios como el ‘padre de las luminarias’ (‘el que creó los astros del cielo’, v.7b, DHH). La luna, las estrellas y el sol; son ya un regalo de un Dios bueno que sabe dar buenos regalos a su creación. El ‘hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos’ (Mt.5:45b), entonces estamos frente a un Dios bueno que nos regala cosas buenas.
2. El don perfecto. Al igual que el caso anterior, un regalo perfecto, sólo puede proceder de parte de Dios. El es inmutable (no cambia) en su determinación de darnos lo mejor.
C. No entendemos que el nuevo nacimiento, es su buena voluntad para nosotros. Santiago nos aclara aquí que la voluntad de Dios no es que nosotros pequemos, sino que seamos salvos. Ya hemos mencionado que de Dios provienen las cosas buenas. Una de esas cosas buenas, tal vez la más grande, es la salvación misma. En esto podemos ver la mano de un Dios bueno. Nos salvó a fin de ser ´primicias´ para él[6].
Si de los malos deseos nace el pecado, de la buena voluntad de nuestro Señor nace nuestra salvación. Nuestra salvación es un acto voluntario y soberano de Dios.
Conclusión
Las pruebas a veces pueden ser vistas como causa de tristeza, sin embargo, Santiago nos demuestra que quienes la soportan son elevados a la categoría de bienaventurados, dichosos o felices. Eso sobre todo si entendemos que el regalo a la fidelidad es la ‘corona de la vida’. La corona de vida está al final del camino, pero en el camino hay pruebas que tenemos que pasar con la ayuda de Dios. A veces nos apresuramos a sacar conclusiones apresuradas en torno al accionar de Dios, culpándole de lo malo que nos pasa, pero, si abrimos bien los ojos, veremos que más bien que la buena dadiva y el don perfecto, provienen de él. Las cosas malas, incluidas las invitaciones a pecar, provienen de nosotros mismo. De Dios, por el contrario, nace nuestra salvación. Él nos hizo primicias para gloria suya. Nuestra salvación es el acto voluntario de un Dios bueno. Agradezcámosle siempre.
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Notas Finales
[1] En la persona de la iglesia de Esmirna, la Palabra nos dice: ‘No temas lo que has de padecer. El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. ¡Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida!’
[2] ‘Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio…’
[3] ‘porque escrito está: «Sed santos, porque yo soy santo»’
[4] Santiago no excluye la participación del diablo, pero tampoco lo señala como el responsable absoluto (cf.4:7). De hecho, para nuestro autor, el hombre tiene una gran cuota de responsabilidad en la comisión del pecado.
[5] ‘porque la paga del pecado es muerte…’
[6] Aquí el Comentario Matthew Henry interpreta la palabra ‘primicias’ como, ‘la parte más noble y digna de toda la creación a causa de su dignidad de hijos de Dios’. Ryrie, por su lado, piensa que se refiere a los primeros cristianos de origen judío. De esta manera preserva mejor el sentido original del texto bíblico. ‘Primicias’ puede entenderse también como ‘el inicio de una nueva creación’ (Keener, p.686)
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