viernes, 30 de enero de 2009

Sermon 2 (Verdades en torno a las Pruebas)

Pasaje: Santiago 1:12-18
Tema: Verdades en torno a las Pruebas

Introducción
En esta sección, Santiago se propone mostrarnos algunas verdades en torno a las pruebas. Ellas no son tan negativas como pudiéramos pensarlo. Las pruebas son necesarias para que las impurezas de nuestra vida sean removidas, desechadas y que nuestra fe sea purificada como el oro. Dios permite las pruebas en nuestra vida, pero es para nuestro bienestar, puesto que de él proviene lo bueno. Por eso, quienes la soportan alcanzan la felicidad plena en la salvación de sus vida, por medio de la obra de Cristo, quien nos ha hecho ´primicias’ para su gloria.

I. Quienes la soportan son bienaventurados (v.12)
A. Lo que significa ser bienaventurados. Santiago sólo tiene palabras de elogio y buenas noticias para todos aquellos creyentes que pasan la prueba sin abandonar su fe. Ya antes nos había mencionado que debemos de alegrarnos en medio de las pruebas (v.2), ahora nos asegura que las personas que soportan la tentación, son dichosas, felices. Cuando Santiago lanza ésta afirmación de seguro que está pensando en el premio que reciben los que pasan la prueba.
Pedro menciona que nuestra fe tiene que ser sometida a fuego, como el oro, a fin de que ‘sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo’ (1 Pe.1:7b).
B. La ‘corona de vida’ es un regalo al creyente que se mantiene fiel en la prueba. Aquí Santiago emplea la analogía de la corona que los griegos concedían a los atletas que resultaban invictos en las competencias de la Grecia antigua (MacArthur). Es probable que tenga en mente la versión de la Septuaginta, del profeta Zacarías (6:14), donde se menciona que, ‘la corona será para el que resista’ (Comentario Bíblico Beacon, p.204). En el sermón anterior mencionamos que las pruebas son permitidas por Dios para descubrir la naturaleza verdadera cada persona. La fidelidad sólo puede ser comprobada por medio de las pruebas. La ‘corona de vida’ es un regalo de Dios debido a la fidelidad del creyente. Esta fidelidad no es un asunto temporal sino permanente, es la forma como sellamos nuestra muerte misma (Cf. Ap.2:10)[1].
C. Soportar la prueba es una manifestación de nuestro amor a Dios. Santiago nos aclara que la única razón por la que los creyentes se mantienen fieles en medio de las pruebas, y las dificultades de la vida cristiana, es por el amor que tienen a su gran Dios. ‘Los que le aman [a Dios]’ son los que reciben la corona de vida. Se puede ver entonces que, la fidelidad es una expresión del amor del creyente a su creador.

II. Nadie es tentado de parte de Dios (v.13)
A. Dios no puede ser tentado por el mal. En este punto La Biblia de estudio MacArthur menciona: ‘En su naturaleza santa, Dios no tiene capacidad alguna para hacer el mal y tampoco es vulnerable a el’ (cf. Hab.1:13a)[2]. Además Dios no necesita ser probado, porque él es la plenitud de la santidad. Dios no tiene que dar cuenta a nadie a cerca de su santidad. No hay criatura ni creatura que pueda pretender tomarle un examen a la santidad de Dios, porque nada ni nadie es más santo que el mismo Dios.
B. Tampoco puede tentar con el mal. Si Dios es santo, él no puede empujar a las personas hacia el pecado, por el contrario, demanda en nosotros la santidad que existe en él (ver 1 Pe.1:16)[3]. Dios permite las pruebas, pero nunca deja que nosotros podamos ser probados más allá de lo que podemos soportar, no nos deja sin salida. Eso quiere decir que Dios nunca nos va a llevar hacia el pecado, por el contrario, nos protege de el.

III. Todos son tentados de sus propios malos deseos [concupiscencias] (vv.14-15)
Santiago está muy seguro de que la comisión de pecado no proviene de Dios, sino de adentro de nosotros mismos. Aquí, nuestro autor va a hablar de la concupiscencia (´malos deseos’) como el origen de la tentación. Los seres humanos, si no le echan la culpa a Dios, le echan la culpa al diablo[4], pero nunca ven que el problema está dentro de ellos mismo, en su propia naturaleza afectada por el pecado.
A. Nuestros propios malos deseos nos:
1. Atraen. Aquí Santiago emplea la figura del arte de la caza y de la pesca (LaCueva, p.17), para describir el modus operandi de los malos deseos en nosotros. El ser humano pone primeramente su atención en algo, luego ese algo lo atrapa y lo jala. Ya no hay escapatoria luego de eso.
2. Seducen. Santiago compara la concupiscencia como una mala mujer que trata de seducir a su ocasional víctima, con sus encantos. Esta figura va a continuar en el desarrollo de la concupiscencia
B. El desarrollo de la concupiscencia. MacArthur acierta al escribir: ‘El pecado no es un simple acto espontáneo, sino que es resultado de todo un proceso’. Se puede decir entonces, que la concupiscencia desarrolla el siguiente proceso:
1. Se incuba. Aquí las malas intenciones y los intentos de pecar se instalan en la vida de la persona. Cuando esto pasa, la persona ingresa a una espiral descendente, que lo llevará a la siguiente etapa.
2. Nace. Luego de haberse incubado, el pecado nace. No que no tuviera vida antes, sino que se refiere a que ahora existe como un proyecto mucho más cercano a la comisión del pecado.
3. Se desarrolla. Las intenciones ahora llegan a materializarse. Ya no se trata solamente de una intención imperiosa, sino de la comisión misma del pecado.
4. Mata. El pecado lleva a la muerte espiritual (cf. Ro.6:23a)[5]. A veces también puede conducir a la muerte física. Aunque lo segundo, a veces es dado como una forma de evitar lo primero (cf.1Cor.11:30).

IV. Los creyentes a veces tenemos deducciones equivocadas en torno al accionar de Dios (vv.16-18)
A. Erramos con respecto al accionar de Dios. A veces podemos llegar a la siguiente conclusión equivocada: ‘Esta tentación es demasiado difícil para mi; Dios tiene la culpa por enviármela’ (Comentario Bíblico Beacon, p.204). En la literatura griega de la época, había muchos personajes quejándose ‘de que sus pruebas eran demasiadas grandes para poder resistirlas’ (Keener, 2006, p.686). Al parecer esta forma tan pesimista de ver las pruebas estaba afectando también la cosmovisión de los creyentes.
Sacar conclusiones equivocadas en cuanto a las tentaciones y al rol de Dios es engañarnos a nosotros mismos. La versión DHH traduce de ésta manera el v.16: ‘Queridos hermanos míos, no se engañen…’. La BLS es mucho más fuerte en su traducción. A la letra dice: ‘Mis queridos hermanos, no sean tontos ni se engañen a ustedes mismos.’
B. No entendemos que lo bueno proviene de Dios.
1. La buena dadiva. Santiago emplea un lenguaje relacionado a la astronomía para calificar a Dios como el ‘padre de las luminarias’ (‘el que creó los astros del cielo’, v.7b, DHH). La luna, las estrellas y el sol; son ya un regalo de un Dios bueno que sabe dar buenos regalos a su creación. El ‘hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos’ (Mt.5:45b), entonces estamos frente a un Dios bueno que nos regala cosas buenas.
2. El don perfecto. Al igual que el caso anterior, un regalo perfecto, sólo puede proceder de parte de Dios. El es inmutable (no cambia) en su determinación de darnos lo mejor.
C. No entendemos que el nuevo nacimiento, es su buena voluntad para nosotros. Santiago nos aclara aquí que la voluntad de Dios no es que nosotros pequemos, sino que seamos salvos. Ya hemos mencionado que de Dios provienen las cosas buenas. Una de esas cosas buenas, tal vez la más grande, es la salvación misma. En esto podemos ver la mano de un Dios bueno. Nos salvó a fin de ser ´primicias´ para él[6].
Si de los malos deseos nace el pecado, de la buena voluntad de nuestro Señor nace nuestra salvación. Nuestra salvación es un acto voluntario y soberano de Dios.

Conclusión
Las pruebas a veces pueden ser vistas como causa de tristeza, sin embargo, Santiago nos demuestra que quienes la soportan son elevados a la categoría de bienaventurados, dichosos o felices. Eso sobre todo si entendemos que el regalo a la fidelidad es la ‘corona de la vida’. La corona de vida está al final del camino, pero en el camino hay pruebas que tenemos que pasar con la ayuda de Dios. A veces nos apresuramos a sacar conclusiones apresuradas en torno al accionar de Dios, culpándole de lo malo que nos pasa, pero, si abrimos bien los ojos, veremos que más bien que la buena dadiva y el don perfecto, provienen de él. Las cosas malas, incluidas las invitaciones a pecar, provienen de nosotros mismo. De Dios, por el contrario, nace nuestra salvación. Él nos hizo primicias para gloria suya. Nuestra salvación es el acto voluntario de un Dios bueno. Agradezcámosle siempre.
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Notas Finales
[1] En la persona de la iglesia de Esmirna, la Palabra nos dice: ‘No temas lo que has de padecer. El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. ¡Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida!’
[2] ‘Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio…’
[3] ‘porque escrito está: «Sed santos, porque yo soy santo»’
[4] Santiago no excluye la participación del diablo, pero tampoco lo señala como el responsable absoluto (cf.4:7). De hecho, para nuestro autor, el hombre tiene una gran cuota de responsabilidad en la comisión del pecado.
[5] ‘porque la paga del pecado es muerte…’
[6] Aquí el Comentario Matthew Henry interpreta la palabra ‘primicias’ como, ‘la parte más noble y digna de toda la creación a causa de su dignidad de hijos de Dios’. Ryrie, por su lado, piensa que se refiere a los primeros cristianos de origen judío. De esta manera preserva mejor el sentido original del texto bíblico. ‘Primicias’ puede entenderse también como ‘el inicio de una nueva creación’ (Keener, p.686)